Nacional

Los indicadores no sugieren que las jóvenes y adultas jóvenes mexicanas hayan renunciado al futuro financiero de manera masiva como menciona el relato del nihilismo financiero, pero tampoco concuerdan con la tendencia de sus pares estadounidenses con su acelerado avance en inversión para el futuro financiero. ¿Cuál es la explicación?

Nihilismo financiero y la fractura entre planear y sobrevivir de las millennials y centennials mexicanas

Futuro financiero de mexicanas

En el radar de las redes sociales y las columnas de opinión se repite una idea que intenta explicar la relación de las nuevas generaciones de adultos con el dinero. En estos medios se argumenta que millennials y centennials* ya no ahorran como lo hicieron sus padres porque sienten que las metas financieras clásicas, como comprar una casa o construir un patrimonio sólido, se han vuelto inalcanzables. En este ecosistema de analistas y finanzas digitales (o finfluencers) se ha popularizado la expresión “nihilismo financiero”, adaptado de la idea filosófica del sinsentido, para describir una lógica simple pero brutal de pérdida de fe en el futuro. En esta lógica, si el sistema ya no garantiza recompensas al esfuerzo sostenido, el ahorro disciplinado y las inversiones de largo plazo pierden su sentido y el presente se come todo a través del gasto, una tendencia que el debate público vincula cada vez más con las mujeres. Mientras que la narrativa generalizada asocia a los hombres con la especulación en criptoactivos o inversiones de mayor riesgo (cryptobros), las crónicas digitales señalan que las mujeres son más vulnerables al gasto impulsivo.

Esta narrativa resulta interesante de analizar porque choca de frente con otra tendencia casi opuesta en un país vecino. Estudios recientes para Estados Unidos muestran señales de un avance histórico en ahorro e inversión entre las mujeres jóvenes. Por ejemplo, una publicación reciente de Stanford Center on Longevity señala que el 71 por ciento de las mujeres reportó tener inversiones, una cifra que llega hasta el 74 por ciento entre mujeres millennials y 77 por ciento entre centennials. Este relato optimista sugiere que la mayor educación financiera y el acceso a plataformas digitales están logrando cerrar una brecha de género en estos medidores de inclusión financiera.

Cuando se aterriza el análisis en los datos oficiales de México y se sale de las redes sociales, la historia deja de contrastar tanto con el relato de las estadounidenses, pero también, deja de ser lineal y se vuelve mucho más compleja. Los indicadores no sugieren que las jóvenes y adultas jóvenes mexicanas hayan renunciado al futuro financiero de manera masiva como menciona el relato del nihilismo financiero. Sin embargo, tampoco condicen con la tendencia de sus pares estadounidenses con su acelerado avance en inversión para el futuro financiero.

Brechas por sexo entre millennials y centennials (internet)

En México, la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024 sugiere que la juventud femenina no puede leerse, sin más, como una generación derrotada financieramente. Entre las mujeres de 18 a 29 años, 77 por ciento ahorró en al menos un mecanismo formal o informal durante los últimos doce meses. De hecho, dentro de la propia población femenina, este es el grupo de edad con mayor incidencia de ahorro y es el grupo donde es menos frecuente la sensación de quedarse sin fondos al cerrar el mes. Esto apunta a que la juventud, por sí sola, no es sinónimo de desesperanza económica. Pero sería un error confundir estas señales con una historia de avance uniforme. Cuando se observa a millennials y centennials en conjunto, las mujeres siguen moviéndose en un margen financiero más estrecho que sus pares masculinos. Entre las personas de 18 a 43 años el 74 por ciento de las mujeres ahorró frente al 76 por ciento de los hombres. La brecha es más visible en la formalización ya que solo el 61 por ciento de las mujeres de estas generaciones tiene una cuenta formal para guardar dinero contra el 68 por ciento de los hombres. En ahorro para el retiro la distancia es todavía mayor con apenas un 36 por ciento de cobertura femenina en Afore frente al 48 por ciento de la masculina.

Más que una sola experiencia generacional del dinero, lo que aparece aquí es una división por la que algunas adultas jóvenes logran convertir el ingreso en ahorro y proyecto de futuro, mientras otras siguen atrapadas en una relación con el dinero marcada por la falta de margen y la urgencia cotidiana. Esto se vuelve aún más claro al ordenar a las centennials por nivel de ingreso. Entre las mujeres de 18 a 27 años con ingreso laboral reportado en la ENIF, el hábito del ahorro total se mantiene alto tanto en la base como en la cima de la distribución, con 85 por ciento en el cuartil más bajo y 86 por ciento en el más alto. Sin embargo, la diferencia se dispara cuando se observa el ahorro formal ya que mientras en el cuartil inferior apenas alcanza a 28 por ciento, en el superior llega a 51 por ciento. La brecha es todavía más grande en la protección para el retiro, donde la cobertura de Afore salta de 12 a 52 por ciento conforme se asciende desde la base hasta la cima de la distribución de ingresos.

Ahorro de mujeres centennials por nivel de ingreso (internet)

En el segmento de las millennials la desigualdad es todavía más visible porque la fractura no solo afecta la formalidad sino la capacidad misma de generar excedentes. El ahorro total sube del 71 por ciento en el cuartil inferior al 88 por ciento en el superior, pero la verdadera brecha estalla en la seguridad financiera de largo plazo. El acceso a cuentas bancarias pasa del 24 al 60 por ciento y la tenencia de Afore escala del 27 al 73 por ciento cuando se comparan los ingresos bajos con los altos.

Estas cifras confirman que para las mexicanas el salario no solo mejora la capacidad de ahorro sino que determina si ese capital tiene una posibilidad real de convertirse en patrimonio. Es en este punto donde la idea del nihilismo financiero cobra un nuevo significado. No se trata necesariamente de una apatía generacional o de una falta de responsabilidad, sino de un debilitamiento de la expectativa de que el esfuerzo financiero de hoy pueda traducirse en un futuro mejor. No es que a las mujeres no les interese ahorrar, sino que, para muchas, su presente es tan estrecho que el largo plazo ha dejado de ser una categoría real en su toma de decisiones. El problema de fondo no es la falta de aspiración, sino la falta de margen de maniobra.

Ahorro de mujeres millennials por nivel de ingreso (internet)

Visto así, la pregunta relevante para la política pública ya no es si las nuevas generaciones están superando a sus madres o si se han rendido al consumo impulsivo por puro desinterés. Los datos obligan a desconfiar de esos relatos simplistas porque cuando la ENIF pregunta por las razones para no realizar aportaciones voluntarias al retiro la respuesta más común es que el dinero simplemente no alcanza. Esta realidad evidencia una fractura profunda donde la desigualdad material sigue dictando las reglas por debajo de los discursos de empoderamiento. Mientras un grupo de mujeres logra construir una relación estratégica con sus ingresos para convertirlos en un proyecto de vida otro sector mayoritario sigue atrapado en una economía de pura supervivencia. Para este segundo grupo el dilema no es una falta de conciencia financiera ni un nihilismo generacional sino una urgencia cotidiana donde no se elige entre ahorrar o invertir sino entre pagar lo básico hoy o postergar una vez más el futuro.

*Nota: En este texto, millennials se refiere a personas nacidas entre 1981 y 1996, y centennials o generación Z a personas nacidas entre 1997 y 2012.

Análisis de especialistas de la Universidad Iberoamericana son presentados a nuestros lectores cada 15 días en un espacio que coordina el Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana

Comentarios: pablo.cotler@ibero.mx

La autora es profesora-investigadora del Departamento de Economía.

Economista y doctora en Estudios Críticos de Género

Tendencias