Nacional

Uno de los análisis más relevantes y preocupantes de la economía mexicana contemporánea, es la divergencia que nuestra economía observó a partir de 2001 respecto del crecimiento promedio mundial

México pudo ser 78% más grande, pero no supimos crecer

Peso Mexicano

¿Qué habría ocurrido si, desde del año 2000, México hubiera crecido tan solo como el promedio mundial? El PIB por Persona Empleada es una métrica esencial: indica qué tanto aumenta la producción por encima del crecimiento de la fuerza laboral empleada.

De este ejercicio se desprenden dos conclusiones críticas:

1. Si México hubiera crecido tan sólo como el promedio mundial desde el año 2000, hoy su economía sería 78% más grande.

2. La divergencia del crecimiento en México frente al promedio mundial se agudizó drásticamente a partir de 2001.

En el periodo 2000-2024 (último año con datos comparables a nivel global), el crecimiento promedio anual de México fue de -0.41%. Es decir, de manera acumulada en lo que va del siglo, no solo no crecimos: nuestra economía de hecho se contrajo. Comparado con los 169 países con información completa, México ocupa el lugar 153 en crecimiento promedio anual durante este periodo. Parece increíble, pero es nuestra realidad.

Esto no es accidental: es resultado de una combinación de factores estructurales internos y choques externos que se retroalimentaron negativamente.

El Punto de Quiebre: ¿Por qué 2001?

El año 2001 marca un punto de inflexión por varias razones. México había iniciado el TLCAN en 1994 y experimentado una recuperación post-crisis del 95, pero hacia 2001 quedaron expuestas sus vulnerabilidades estructurales de fondo. No ocurrió un evento único disruptivo, sino que varios factores convergieron para revelar la fragilidad y dependencia de nuestro modelo de crecimiento.

Factores Externos

1. La entrada de China a la OMC en 2001: el factor subestimado. Este es, en mi opinión, el factor externo más determinante y subestimado. La adhesión de China a la OMC en 2001 transformó radicalmente la competencia global en manufacturas: México y China competían por el mercado estadounidense en manufacturas intensivas en mano de obra. México perdió competitividad en textiles, calzado, electrónica y ensamble de bajo costo. Entre 2001 y 2005, China desplazó a México como segundo socio comercial de EE.UU. Lo devastador, sin embargo, fue que México nunca migró hacia producción de mayor valor agregado, como sí lo hicieron Corea del Sur o Taiwan. Fábricas cerraron, pero los recursos no se reasignaron hacia sectores de mayor valor, sino que se desplazaron hacia el sector informal.

2. La recesión estadounidense de 2001 y la trampa de la dependencia. La recesión estadounidense en 2001, agravada por los atentados del 11 de septiembre, impactó en México por su alta integración comercial. Pero, más importante aún, evidenció una dependencia que nunca se transformó en una palanca de diversificación: México quedó atrapado en una relación asimétrica donde exportaba manufacturas de bajo valor agregado y expuesto a los ciclos económicos norteamericanos.

3. La crisis financiera global de 2008-2009. México registró en 2009 una de las caídas del PIB más pronunciadas de Latinoamérica (-5.3%). La alta dependencia de las exportaciones manufactureras y remesas amplificó el impacto. La recuperación posterior fue débil en términos de productividad.

Factores Internos

1. El fracaso del modelo maquilador como estrategia de desarrollo. El TLCAN impulsó exportaciones, pero no encadenamientos productivos internos. México construyó una plataforma de ensamble, no una economía industrial integrada. Sin cadenas de valor locales, el componente tecnológico de los factores (motor real del PIB por persona empleada) creció muy poco e incluso retrocedió en amplios sectores.

2. La informalidad estructural. Más del 29% de la fuerza laboral trabaja en el sector informal, lo que es causa y consecuencia del bajo crecimiento. Las empresas informales no invierten, no adoptan tecnología, no acceden a crédito formal y no generan el tipo de empleo que eleva el PIB por trabajador. Ningún gobierno resolvió este problema estructural.

3. Estancamiento de la inversión en capital humano. La calidad educativa en México, medida por métricas internacionales, ha sido consistentemente mediocre. Sin educación de calidad, no hay salto de productividad posible. Países que sí divergieron positivamente (Corea, China, India) invirtieron masiva y estratégicamente en educación técnica y superior orientada a la producción. México no.

4. Baja inversión pública y privada. México invierte entre 20-22% del PIB, cuando países de alto crecimiento invierten 30-40%. Las razones son múltiples: inseguridad jurídica y Estado de Derecho débil, que elevan el riesgo para el inversionista; un sistema financiero ineficiente y poco profundo, que no canaliza ahorro hacia inversión productiva e innovación de manera eficiente, ni ofrece financiamiento competitivo a MiPyMEs; y una política fiscal que recorta inversión pública en desaceleraciones.

5. Captura regulatoria. Sectores clave como telecomunicaciones, energía, transporte y servicios financieros operan con estructuras oligopólicas, elevando costos para toda la economía. Estos precios actúan como un impuesto implícito a la competitividad. Las reformas han sido tardías, parciales, y en ocasiones revertidas.

6. Estado de Derecho e Inseguridad. Desde 2007-2008, la escalada de violencia y la corrupción generaron costos económicos crecientes: desvío de recursos hacia seguridad privada, desinversión regional, afectación al turismo y extorsión a empresas. Hoy es uno de los principales frenos a la inversión y la productividad.

7. Ausencia de una política industrial estratégica. Mientras China, Corea, India o Vietnam desarrollaron políticas industriales activas para escalar en cadenas de valor globales, México apostó por el libre comercio sin instrumentos de desarrollo productivo coherente. La política industrial fue sustituida por la política comercial, instrumentos distintos con objetivos distintos. Sin política industrial, el empleo creció principalmente en servicios no comerciables (comercio al por menor), donde aumentar la productividad requiere saltos tecnológicos que México no realizó. Mientras el mundo invertía en economía digital y automatización, México no lo hizo.

La Interacción Fatal: todo se retroalimentó

Lo más preocupante no es solo la divergencia, sino su persistencia y profundización. Los factores se reforzaron mutuamente:

• La dependencia de EE.UU. desincentivó diversificar mercados.

• La competencia china desincentivó invertir en manufactura, mientras la informalidad y la baja calidad educativa impidieron transitar a sectores de mayor valor.

• La inseguridad elevó el costo de hacer negocios y deprimió la inversión, perpetuando la informalidad.

• Se generó una brecha donde pocas empresas exportadoras incrementaron su productividad, mientras más del 90% de las unidades económicas permanecía sin acceso a financiamiento formal ni tecnología.

¿Por qué el Nearshoring no ha cambiado aún la trayectoria?

La oportunidad del nearshoring, impulsado por la pandemia y la tensión comercial EE.UU.-China es real, pero aprovecharla requiere exactamente las capacidades que México no ha construido: infraestructura, agua, educación de calidad, sistema financiero competitivo, y un entorno institucional sólido. El riesgo de que México desaproveche esta coyuntura, como ocurrió parcialmente con el TLCAN, es igualmente real si no se atienden las deficiencias estructurales.

Conclusión

La posición 153 de 169 países en crecimiento del PIB por persona empleada no es mala suerte ni fatalidad geográfica. Es el resultado acumulado de decisiones de política económica que privilegiaron la estabilidad macroeconómica nominal sobre el crecimiento de la productividad, combinadas con factores externos mal anticipados y gestionados.

México enfrenta un estancamiento secular. El problema no es que los mexicanos no trabajen (somos de los países que más horas labora al año en la OCDE), sino que lo hacen en un entorno con poco capital, tecnología obsoleta y debilidad institucional.

La brecha entre el crecimiento observado y potencial representa el bienestar perdido por no evolucionar el modelo económico después de que el mundo cambió en 2001. Aquel punto de divergencia expuso nuestras limitaciones estructurales. Pero expuso algo más profundo: no sabemos crecer. Revertirlo exige, finalmente, cambios de fondo que ningún gobierno ha querido implementar con éxito.

Análisis de especialistas de la Universidad Iberoamericana son presentados a nuestros lectores cada 15 días en un espacio que coordina el Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, CDMXComentarios: pablo.cotler@ibero.mx

El autor es profesor-investigador del Departamento de Economía.

Tendencias