CDMX — El Valle de México enfrenta uno de los procesos de hundimiento diferencial más severos del mundo, y esto ante la extracción excesiva de agua subterránea y crecimiento urbano, advirtieron investigadores de la UNAM, quienes recordaron que el satélite ‘NISAR’ de la NASA confirmó hundimientos superiores a 2 centímetros por mes en diversas zonas de la capital del país.
Gabriel Yves Armand Auvinet Guichard y Efraín Ovando Shelley, investigadores del Instituto de Ingeniería de la UNAM, expusieron este tema durante la conferencia “Geotecnia y arqueología en la conservación de edificios patrimoniales”, que se llevó a cabo en las instalaciones del Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM).
Jesús Campos López, presidente del XLI Consejo Directivo del CICM, señaló que el subsuelo de la Ciudad de México une a la geotecnia y a la arqueología, disciplinas que no solo se complementan, sino que se necesitan, pues “el Valle de México enfrenta uno de los procesos de hundimiento diferencial más severos del mundo”.
Destacó que la ingeniería civil desempeña un papel fundamental en el descubrimiento y conservación de la herencia arqueológica de México, frecuentemente a través de la coincidencia de proyectos urbanos, evaluación de sitios, estudios geotécnicos y estructurales, así como en la implementación de medidas de mitigación, coincidieron
Campos López recordó que hace unos días el satélite ‘NISAR’ de la NASA confirmó hundimientos superiores a 2 centímetros por mes en diversas zonas de la capital del país, lo cual reafirma lo que ya ha señalado el CICM a través de sus distintos comités; “no es un fenómeno nuevo, se tiene documentado desde 1925 y se ha intensificado con el crecimiento urbano y la extracción excesiva del agua subterránea, pues en algunas zonas de la Ciudad el terreno ha descendido hasta 35 centímetros por año”.
“Conservar nuestros edificios patrimoniales y la infraestructura en general implica entender el suelo que lo sostiene, lo que demanda de grandes esfuerzos de nuestros profesionistas”.
“México cuenta con el conocimiento técnico y la capacidad institucional para diseñar una política hídrica que detenga la sobreexplotación de los acuíferos y proteja nuestra infraestructura y nuestro patrimonio”, dijo Campos López, por lo que avances tecnológicos, como el satelital, deben traducirse en decisiones de política pública para resolver este problema.
Gabriel Yves Armand Auvinet Guichard explicó cómo, mediante obras de ingeniería, los mexicas construyeron México Tenochtitlan, y posteriormente fue cubierta y construida la nueva ciudad, pasando la original a ser subterránea y borrada por lo menos dos siglos, “y es ahí donde coincidimos los geotecnistas con los arqueólogos, en el interés por el suelo”, por sus mecánicas en el caso de los primeros, mientras los segundos por los vestigios valiosos que pueden encontrarse dentro de este suelo.
El pasado se reconstruyó a través de obras de ingeniería civil, aseguró Auvinet. El experto dio varios ejemplos desde el siglo XVIII a la fecha, donde diversos edificios y piezas arqueológicas han sido localizados en excavaciones realizadas en la ciudad, entre ellos, la repavimentación de la plaza mayor en 1790, cuando se localizó la ‘Coatlicue’, la cual se volvió a enterrar; en trabajos de cimentación del Palacio Nacional en 1926; las obras de Comisión Federal de Electricidad de 1978 en las que se encontró la ‘Coyolxauhqui’, o los hallazgos en la construcción del Metro.
Asimismo, Auvinet refirió estudios como los asentamientos del Templo Mayor de 1989 calculados mediante la mecánica de suelos que se han continuado y han permitido identificar la alta compresibilidad de los suelos arcillosos del Valle de México, el efecto de la sumersión en la evolución y magnitud de los hundimientos, el efecto de la excentricidad de carga, apareciendo asentamientos diferenciales importantes, así como la aparente emersión de los vestigios del Templo Mayor.
Al exponer un estudio estratográfico en el que se aprecian los suelos arcillosos, Efraín Ovando Shelley presentó muestras de estos suelos que se reducían hasta tres veces su tamaño al secarlos y extraerles el agua, lo que explica por qué se presentan hundimientos de magnitudes tan grandes, de hasta más de 15 metros, en los últimos 100 años.
Ovando Shelley explicó cimentaciones de la época del Virreinato mediante estacas de madera y otras soluciones de cimentación, así como el de los miles de pilotes de madera del monumento del Ángel de la Independencia. A
Detalló trabajos realizados en la Catedral metropolitana para su corrección geométrica (1993-1998), identificándose que la parte que más se hunde es donde no hay restos arqueológicos debajo, aplicándose técnicas de subexcavación y fracturación hidráulica, entre otras, que permitieron una corrección de 83 centímetros, reduciéndose los hundimientos significativamente.
En sus comentarios a las ponencias, Miguel Ángel Mánica, presidente de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Geotécnica, destacó que el conocimiento geotécnico del Valle de México ha sido clave tanto para comprender su historia como para entender sus desafíos actuales: un suelo altamente compresible, el hundimiento regional causado por la sobreexplotación de acuíferos y la compleja respuesta sísmica.
Enrique Santoyo Reyes, primer secretario propietario del Consejo Directivo CICM, enfatizó que las limitaciones del suelo han condicionado históricamente la construcción y el crecimiento urbano, y advirtió que hoy el reto es mejorar la medición —combinando tecnología satelital y monitoreo local— para proteger tanto el patrimonio como la infraestructura, especialmente la subterránea, agregando que los costos de mantenimiento seguirán aumentando, por lo que urge prepararse con mejor gestión del agua, nuevas técnicas constructivas y planeación de largo plazo.
