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Comerciantes, restauranteros y trabajadores del Centro Histórico comentan que tienen fuertes pérdidas económicas tras la instalación de las casas de campaña en calles del corazón de la Ciudad de México

La vida alrededor del plantón de la CNTE

Plantón de la CNTE (Giovanna Morales)

Las avenidas de Madero y 5 de Mayo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, cambiaron de paisaje. Con lonas, casas de campaña y mantas colocadas por integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), el tránsito de turistas, trabajadores y comerciantes disminuyó drásticamente.

El olor a comida preparada en anafres improvisados se mezcla con la humedad de las lluvias. Mientras algunos maestros descansan sobre cobijas o dialogan bajo las lonas, comerciantes y trabajadores intentan mantener sus actividades entre calles parcialmente bloqueadas y pasos reducidos.

Ventas vacías y calles desviadas

Janet Sánchez, comerciante ambulante, asegura que las ventas cayeron desde la instalación del campamento.

“Sí afecta porque ya no transita tanto la gente y ya casi no hay venta”, aseguró Sánchez.

Janet obtenía hasta 800 pesos diarios; ahora apenas reúne cerca de 300. La vendedora cuenta que muchas personas prefieren rodear la zona para evitar atravesar el plantón.

A unas calles de ahí, José Ángel Cortés, vendedor de paletas y helados, también resiente el impacto. Antes vendía hasta 2 mil pesos diarios; ahora apenas alcanza los 450 pesos.

“Las ventas van para abajo”, resume Cortés mientras acomoda congeladas y sándwiches, productos más económicos que comenzó a vender para compensar las pérdidas.

El comerciante recuerda que no es la primera vez que vive una situación similar. “Cuando uno se da cuenta que vienen y se van a plantar aquí, luego luego piensa que las ventas van a bajar”, comentó.

Comer entre bloqueos

Plantón de la CNTE (Giovanna Morales)

Dentro de un restaurante de comida china, Rodrigo Trujillo observa mesas vacías. Calcula que la afluencia cayó hasta un 70 por ciento desde la llegada de la CNTE.

“Ahorita estamos como al 30 por ciento de nuestro nivel diario”, explica.

Además de la baja en clientes, la logística cambió. Los proveedores deben dejar vehículos lejos y transportar mercancía entre las casas de campaña.

En una óptica cercana, Marcela Torres asegura que apenas han atendido a dos o tres personas en el día, cuando normalmente reciben más de diez clientes.

“El problema es el paso. Literalmente tienes que rodear o brincar campamentos para entrar”, relató Torres.

El otro lado del plantón

Dentro del campamento también hay maestros que defienden su protesta. Leticia Rodríguez Hernández, docente de telesecundaria originaria de Huajuapan de León, Oaxaca, explica que la CNTE exige la abrogación de la reforma a la Ley del ISSSTE de 2007 y la eliminación del sistema de Afores.

Los docentes también demandan mejores condiciones para las escuelas, apoyos para estudiantes y jubilaciones basadas en años de servicio.

“Ganamos el sueldo mínimo”, afirmó Rodríguez Hernández.

Mientras cae la tarde, turistas toman fotografías del campamento y comerciantes esperan que las ventas regresen pronto. En medio de lonas mojadas y calles cerradas, el plantón mantiene en pausa la rutina cotidiana del corazón de la ciudad.

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