
Cada 10 de junio, México vuelve a conmemorar uno de los eventos más lamentables y más oscuros de su historia contemporánea. Han pasado 55 años desde la matanza estudiantil conocida como el Halconazo o la Matanza del Jueves de Corpus, pero para sobrevivientes, familiares y organizaciones de derechos humanos, el caso sigue siendo una herida abierta que el tiempo no ha logrado cerrar.
Esta efeméride nos recuerda la violencia y represión ejercida en el pasado por parte de gobiernos conservadores y también un símbolo de la lucha por la verdad, la memoria y la justicia en un país donde muchos de los responsables jamás enfrentaron consecuencias legales.

Qué ocurrió el 10 de junio de 1971?
Aquella tarde del 10 de junio de 1971, miles de estudiantes universitarios salieron a las calles de la Ciudad de México para expresar su apoyo al movimiento estudiantil de la Universidad Autónoma de Nuevo León y exigir mayores libertades democráticas. Cabe señalar que era la primera gran movilización estudiantil después de la masacre de Tlatelolco de 1968.
A pesar de la violencia registrada en aquellos acontecimientos, los movimientos estudiantiles lograron importantes avances, entre ellos el reconocimiento de la autonomía universitaria en estados como Sinaloa, Puebla, Oaxaca, Chihuahua, Jalisco y Nuevo León. Sin embargo, en este último caso, las autoridades revocaron la autonomía de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y redujeron el presupuesto asignado a la institución.
Ante esta situación, estudiantes de la UANL conformaron un comité para defender la autonomía universitaria y solicitaron el respaldo de otras instituciones de educación superior del país. La convocatoria encontró el apoyo en gran parte de las escuelas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN), lo que derivó en la organización de una movilización estudiantil el 10 de junio de 1971.

La marcha tuvo lugar en las inmediaciones del Casco de Santo Tomás, lugar del que partió el contigente de estudiantes de manera pacífica. Repentinamente, apareció un grupo paramilitar conocido como “Los Halcones”, el cual fue creado para contener movilizaciones sociales.
Y es que, durante la década de los años setenta, el gobierno mexicano encabezado por Luis Echeverria Álvarez (1970-1976), se configuró como un sexenio que buscó reprimir las protestas sociales a toda costa. Por lo que se comentieron graves violaciones a los derechos humanos a todo aquel que representara una amenza política. Y el llamado “Halconazo” fue uno de los más claros ejemplos.
El enfrentamiento estuvo marcado por la brutalidad, ya que, de acuerdo con testimonios, documentación oficial y informes posteriores, se supo que “Los Halcones” atacaron a los estudiantes con palos, pistolas y rifles de alto poder.
Incluso, los paramilitares abrieron fuego contra la multitud y golpearon a los manifestantes y transeúntes. Asimismo, persiguieron a los heridos dentro de los hospitales cercanos y agredieron a los periodistas que documentaban los hechos.

Y, a pesar de que el gobierno en turno trató de minimizar los hechos y deducir los números de fallecidos, históricamente, las estimaciones independientes y de la época señalan que murieron alrededor de 120 personas, además de decenas de desaparecidos y más de un centenar de heridos.
En un informe publicado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), la institución señala que los medios de comunicación trataron de disfrazar la masacre a través de un lenguaje simplista:
“En los medios de comunicación la represión fue disfrazada como una lucha entre grupos universitarios; sin embargo, una testigo declaró en un programa de televisión: “Acaban de matar estudiantes en San Cosme”, tras lo cual la llamada fue cortada. Bajo esa misma “línea editorial” se encontraban las notas del periódico La Prensa, que al día siguiente exhibía el siguiente encabezado: “Fracaso de Agitadores. No lograron romper el clima de cordialidad del país”“, citó.

A 55 años, la justicia sigue pendiente
En el marco del aniversario número 55, integrantes del Comité 68 reiteraron que el Estado mexicano mantiene una deuda histórica con las víctimas y sus familias.
Durante una conferencia de prensa, los activistas denunciaron que, más de cinco décadas después de los hechos, la mayoría de los responsables (entre ellos el coronel Manuel Díaz Escobar y el teniente coronel Edilberto Gil Cárdenas, quienes coordinaron las acciones junto con la policía del Distrito Federal en quel entonces), nunca fue castigada y que la impunidad continúa siendo uno de los principales obstáculos para cerrar este capítulo de la historia nacional.
“Resulta inadmisible que quienes participaron en estos crímenes continúen gozando de libertad sin haber rendido cuentas ante la justicia”, señalaron integrantes de la organización.
La agrupación anunció además una movilización conmemorativa desde el Casco de Santo Tomás hacia el Excine Cosmos para recordar a las víctimas y mantener viva la exigencia de verdad y justicia.