Desde los últimos días de mayo, llegó a la Ciudad de México una ola de maestros provenientes de Oaxaca, enfurecidos y con el ánimo de lucha que, para los citadinos, equivalía a que se avecinaba el caos vial.
Una de las mejores estrategias de los maestros para hacer más ruido fue la llamada “liberación de casetas” en las autopistas que conducen a la capital del país. La caseta México-Cuernavaca fue tomada por el magisterio disidente en dos ocasiones, una al inicio de la huelga y otra este lunes 15, resultando radicalmente diferentes.
El pasado 4 de junio, cinco días antes de la inauguración del Mundial, las secciones 9, 11, 4 y 60 de la Coordinadora tomaron la caseta de acceso ubicada en Tlalpan, creando un ambiente lleno de energía¿; la algarabía no daba la impresión de que luchaban por conseguir algo, sino que festejaban haberlo conseguido. Ese día, a lo largo de la caseta de cobro ya tomada por los profes, se entonaban consignas amplificadas dos juegos de bocinas, mismos que se veían complementados por megáfonos con los que, además, se daban instrucciones a los vehículos para que circularan sin pagar la cuota carretera.
“El paso es libre, pero con calma”, señalaban los maestros a los conductores; uno tras otro, los manifestantes se alineaban sobre los bloques de concreto que marcan la separación de carriles de las casetas e, incansables, hacían señas con los brazos a los automovilistas para que pasaran sin pagar.

Ese día era palpable la emoción y euforia cuando algún conductor respondía apoyando sus consignas tocando el claxon, haciendo rugir el motor de su vehículo o simplemente saludando y dando palabras de ánimo; aunque, evidentemente, tampoco faltaron quienes les mentaron la madre. El mayor furor se presentaba cuando se aproximaba un tráiler; los maestros comenzaban a gritar y a hacer señales para pedir que sonara claxon de la unidad, “¡toquele, compa!”. Y, cuando los choferes accedían, el estruendo de la trompeta era acompañado por más gritos y vítores. Se buscaba lo mismo con los motociclistas a quienes les pedían que hicieran ronronear con fuerza sus motores.
El día de protesta feliz tenía un protocolo de organización claro destinado a que, aprovechando el gran número de maestros presentes, se cubrieran turnos al pie de la caseta, dejando a otros grupos para que pudieran descansar y cobijarse de los rayos del sol.

Aquel 4 de junio quedó atrás y la segunda toma de la caseta en la autopista México-Cuernavaca fue radicalmente distinta.
Este 15 de junio, cuatro días después de las inauguración del Mundial, y cinco días después de la última reunión con la SEGOB, SEP e ISSSTE, en la misma caseta y también con la toma para dejar paso libre a los automovilistas, el ambiente que se respiró fue de derrota e incertidumbre. Incluso el amplio despliegue policiaco para prevenir cualquier acción violenta fue exagerado, pues eran más los policías que los maestros.
Y aunque el pronunciamiento de sus líderes en conferencia de prensa fue contundente, los maestros presentes mostraban semblantes cansados y poca energía: solo unos pocos tomaron lonas o banderas para intentar poner ánimo de lucha y protesta en el lugar. Eran los únicos que evitaban que la presencia magisterial pasara desapercibida para quien transitaba por la zona.
Recargados en las separaciones entre casetas, sentados a las orillas de la carretera, o simplemente bajo sentados en la acera de las banquetas cercanas para refugiarse en una sombra, los asistentes aprovechaban sus turnos de descanso para dormir un momento. De hecho, llevaban para entonces días y días reposando y durmiendo sobre el asfalto en su plantón del Centro Histórico de la Ciudad de México. Apoyados en mochilas, chamarras o lonas, luchaban ahora para conseguir estar lo menos incómodos posible.

Lejos quedaron los gritos de júbilo o la espera de un bocinazo de apoyo; en sus lugares, semi inmóviles, hablaban con hartazgo sobre las dudas que rodean hoy su movimiento: si vale la pena seguir, si es mejor una pausa como muchos han propuesta, si es justo que no haya la misma presencia de sus compañeros que hubo en días pasados...
Aún en la históricamente combativa sección 22 de la CNTE, la moral baja se ha hecho presente y fue llevada a cuestas hasta a caseta de la México-Cuernavaca.
