
En menos de un mes Sinaloa ha recibido a poco más de mil efectivos del Ejército mexicano y Guardia Nacional para abonar a la estrategia de seguridad en la zona. Apenas el pasado domingo 7 de junio, 500 operadores, entre ellos fuerzas especiales, llegaron a Culiacán tan solo diez días después de la visita del general secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, y del comandante de la Guardia Nacional, Guillermo Briseño. Hoy día el número de militares destacados en la entidad ronda los 13 mil elementos.
En el marco este descomunal despliegue de fuerza, presencia y operatividad han surgido una serie de denuncias entre la tropa, algunas de las cuales hablan de una “pesadilla logística”, donde la mala planificación, los privilegios y la alta exigencia son leitmotiv.
VEN, PERO NO SIENTEN
“La visita de los altos mandos no representa ninguna solución para el personal en terreno”, relata Cabo, un operador del Ejército mexicano que ostenta ya varios meses de despliegues pendulares en ángulos y aristas del Triángulo Dorado, ese polígono territorial sumamente problemático y violento que se extiende entre Chihuahua, Durango y Sinaloa. El comentario del soldado hace referencia a la reciente aparición del general secretario de Defensa y el titular de la GN en Culiacán, el 4 de junio, para supervisar el desdoble operativo en la entidad y evaluar las acciones que mantienen las fuerzas armadas en la zona, no obstante, de acuerdo con Cabo, el recorrido de ambos mandos no sólo provocó estrés adicional a la tropa sino que atizó las inconformidades y los malestares que se extienden cada vez más entre quienes llevan meses sosteniendo operaciones en todo el estado, a saber: “falta de descanso, exceso de despliegues, escasas franquicias, alimentación deficiente y condiciones de alojamiento indignas”. “Somos soldados” explica Cabo, una condición que naturalmente exige sacrificio y servicio, pero cuando la supervisión se traduce en fotos y recorridos para los medios, y no en atender las necesidades del personal, el término parece más un sinónimo de abandono, desgaste físico y desinterés por el bienestar de la tropa: “Pareciera que no ven o simplemente no quieren ver la realidad que enfrentan diariamente los elementos del Ejército mexicano”.
ACUSAN HACINAMIENTO

A finales del año pasado el entonces gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, informó que las tropas del Ejército mexicano que habían levantado un campamento provisional en la Unión Ganadera Regional de Sinaloa, complejo de aproximadamente 26 hectáreas, habían aceptado trasladarse al Parque 87, también en Culiacán, para permitir al gremio utilizar las instalaciones para la Feria Ganadera de 2025.
A decir de Cabo el episodio acarreó un problema mayúsculo para los cientos de militares apostados en Sinaloa, pues el desplazamiento y la continua y desordenada llegada de más refuerzos complicó el acomodo del personal. Pronto, relata el soldado, el Parque 87 se convirtió en un ejemplo de la improvisación y la mala logística del Ejército, una y otra vez las tropas han sido reubicadas dado que al tratarse de un espacio público diseñado para la convivencia familiar el sitio es continuamente requerido para sostener eventos, ferias y todo tipo de celebraciones.
Con cada desalojo, explica Cabo, los soldados, cuyo volumen sigue creciendo, se ven obligados a pernoctar en campamentos hechizos en parques y plazas bajo el sol sinaloense o en emplazamientos poco aptos y hasta peligrosos como terrenos baldíos, sin acceso garantizado a agua potable, bañándose en arroyos o con mangueras y debiendo compartir un solo baño, o máximo dos, entre más de cien personas. Los afortunados, dice, pasarán la noche a bordo de sus vehículos y algunos oficiales serán hospedados en hoteles como el TWO Select, hotel de tres estrellas ubicado a 6 kilómetros del aeropuerto internacional de Culiacán y en donde, en contraste, suelen alojarse la mayoría de los efectivos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana desplegados en la capital del estado.
PRIVILEGIAN LA RESPUESTA

En mayo de 2026 la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo designó al general de Brigada Diplomado de Estado Mayor, Julio César Islas Sánchez, comandante de la Novena Zona Militar, con sede en Culiacán, en relevo del general Santos Gerardo Soto, quien permaneció en el cargo desde agosto de 2025. Con este nombramiento, Islas es ahora el responsable de la supervisión directa de todas las unidades desplegadas en la ciudad capital y en todo el estado, lo que incluye Batallones de Infantería, Fuerzas Especiales y bases aéreas y de Operaciones Mixtas.
De acuerdo con Cabo, el general Islas acompañó al secretario de la Defensa y al comandante de la Guardia Nacional en su más reciente visita a Sinaloa y refrendó sus obligaciones frente a la tropa y el Alto Mando: garantizar el adiestramiento constante de los soldados, mantener la disciplina y asegurar el cumplimiento de las misiones de apoyo a la seguridad, como los patrullajes y la pesca de inteligencia, pero también encargarse de la logística.
Preguntado por la prensa sobre por qué es tan regular ver campamentos hechizos de soldados en sitios públicos de Culiacán y otras ciudades al interior de Sinaloa, el Ejército admitió que el fenómeno responde a la saturación de las instalaciones como la Novena Zona Militar, la sede de la Tercera Brigada de Policía Militar, la Base Aérea Militar no. 10 o el 89 Batallón de Infantería, ubicado en Los Mochis.
Y aunque la presidencia de la Asociación de propietarios de Hoteles y Moteles, ocupada por José Manuel De las Rivas, manifestó que “la hotelería cerrada es apta para que la habiten los militares”, el mando militar considera de forma tajante que hoteles y moteles no son una opción.
En ocasiones anteriores oficiales de la Novena han explicado que aun si los dueños de los alojamientos accedieran a hospedar a los militares, algo que de De las Rivas también deja en el aire, tales espacios no son adecuados para albergar soldados dado que convierte a las unidades y a sus transportes en un blanco fácil para el enemigo, un sólo acceso que funge muchas veces también como la única salida no facilitaría a los militares combatir o responder adecuadamente a un ataque, lo mismo que evacuar el inmueble. El Ejército mexicano, a diferencia de los ‘Harfuch’ (de la SSPC) y otras corporaciones de seguridad, privilegian la capacidad de respuesta en la elección de su habitación, los campamentos permiten despliegues rápidos en casos de emergencia, aunque este criterio lastime el adecuado descanso de la tropa y les exponga a los rigores de la intemperie, la suciedad y la carencia de agua potable.
BONUS TRACK
A
Entre los soldados, acusa Cabo, existe otro malestar: el deber de suscribirse a la Revista del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos y Guardia Nacional. De acuerdo con las denuncias, es común que en algunas compañías se giren instrucciones, desde la “superioridad” para que los soldados se suscriban a las versiones digital e impresa de la revista, a la que solo tienen acceso los miembros de la Defensa vía la app REFAyGN.
Los mandos incluso solicitan a los sargentos y capitanes entregar relaciones por escrito del personal suscrito y aunque no se anuncian sanciones en el caso de que los elementos presenten negativas, sí se hacen llamados “enérgicos” y “decisivos” a mantener un sentido de reciprocidad con la institución que “respalda” y “atiende” las necesidades del personal y vela por su “bienestar” participando activamente en las “disposiciones que fortalecen a nuestro Ejército y Fuerza Aérea”. También se ofrecen días de franquicia adicionales como incentivo. “¡Participa, fortalece tu formación y demuestra tu compromiso con la institución!” .