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Ante una hipotética no renovación del tratado de Norteamérica, el Gobierno Federal echaría mano de una estrategia que implicaría negociación directa con empresarios de Estados Unidos y alianzas con el bloque Transpacífico y la Eurozona

México tiene sobre la mesa un Plan B para mitigar posible fractura del T-MEC

T-MEC

Ante una hipotética no renovación o cancelación automática del Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), éste no expiraría de inmediato, pero entraría en un periodo de revisiones anuales con el objetivo de rescatarlo, pero frente a un escenario adverso, el Gobierno de México, para mantener el flujo de Inversión Extranjera Directa (IED) y constantes sus exportaciones, tendría que activar su red de 14 Tratados de Libre Comercio (TLCs) con otros países y bloques y buscar pactos sectoriales independientes con inversionistas de EU para no perder el ciclo de producción, exportación e importación para mantener vivo con EU el intercambio comercial.

El pasado 17 de junio durante la cumbre del G7 en Francia, el presidente estadounidense Donald Trump, fiel a sacar declaraciones explosivas para ser foco de atención y dejar algún asunto caliente en el aire, dijo que a su país le “va mejor” sin el T-MEC y preferiría “no tenerlo”, por lo que dejó abierto el camino para no renovarlo, sin embargo, también dijo “estar dispuesto” a llegar a un acuerdo, ya sea bilateral o extender el acuerdo comercial de Norteamérica.

Frente a un panorama en el que las declaraciones arrebatadas del republicano decidieran que el T-MEC se disuelva, han surgido varias interrogantes sobre el destino del tratado comercial, sobre quién de los otros dos socios, México y Canadá resultaría más afectado y si el Gobierno Federal está preparado ante una contingencia de esta magnitud, cuando es sabido que más del 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino el vecino país del norte.

Reportes de Coparmex y del banco estadounidense JP Morgan destacan que el T-MEC no terminará y los amagos de Trump son ajenos a todo asunto comercial y tiene que ver con asuntos políticos como seguridad y migración, por lo que el acuerdo comercial es el instrumento del republicano para lograr sus propósitos electorales usando a México y Canadá.

Incentivos

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La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) considera que las amenazas del republicano son estrategias de presión política orientadas a temas ajenos a lo comercial y utiliza este factor para sus fines de imagen, con miras a las elecciones intermedias de noviembre y frenar injerencia de China.

La cúpula empresarial resaltó el 14 de enero pasado, que la industria y las empresas estadounidenses dependen en gran medida de la integración productiva con México, por lo que una ruptura total del T-MEC sería perjudicial para la propia economía de Estados Unidos.

En la misma línea se expresó en un comunicado el banco estadounidense JP Morgan, al advertir que los tres socios de Norteamérica tienen demasiados incentivos económicos, como un flujo comercial de 1.5 billones de dólares anuales, por lo quería una locura echar por tierra lo que se ha logrado por décadas.

El banco de EU destaca que el mercado cambiario entre los tres países ha mostrado estabilidad, reflejando que los inversionistas confían en que la integración regional de Norteamérica prevalecerá. A pesar de este optimista panorama de una continuidad del T-MEC, queda la posibilidad, aunque mínima, de que por berrinche de Trump se decidiera no renovar el tratado comercial, por lo que la administración de Claudia Sheinbaum ya tiene varios planes para mitigar esta fractura con su principal socio comercial vía el acuerdo de América del Norte, además de que México sería el país más afectado de los tres.

Sin beneficios

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El Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) refirió que si durante la revisión del T-MEC el próximo 1 de julio EU decide retirarse del acuerdo, México perdería varios beneficios esenciales, entre ellos el acceso libre de aranceles, toda vez que exportaciones mexicanas hacia EU perderían la exención de impuestos, encareciéndose por los aranceles que se establezcan con las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), o tarifas especiales aplicadas por Washington.

También se perdería competitividad en manufactura, y es que rubros integrados como el automotriz, la electrónica y el sector aeroespacial verían interrumpidas sus cadenas de suministro y aumentarían drásticamente sus costos de producción. Asimismo, se frenaría la entrada de Inversión Extranjera, así como nearshoring, ya que la falta de un marco legal ahuyentaría el capital extranjero por la incertidumbre jurídica que prevalezca.

En lo que respecta al sector agrícola, un ramo clave al haber productos de exportación como el aguacate, tomate y berries, perderían las facilidades logísticas y de acceso directo al mercado estadounidense.

La presión económica provocaría una depreciación del peso y pondría en riesgo miles de empleos directos vinculados con empresas estadounidenses y canadienses que exportan a otras naciones.

Plan B

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En este contexto, la Federación a través de la Secretaría de Economía y especialistas de la Industria Privada, aseguran que se tiene contemplado para casos de contingencia como este, un Plan B, que de entrada comprendería operar bajo las reglas de la OMC, y es que al no existir las garantías que ofrece el T-MEC, los productos mexicanos que ingresan a EU estarían sujetos al arancel de la Nación Más Favorecido (NMF), y que promedia un 3.5 por ciento o menos para la mayoría de los productos industriales, pero evitaría un cierre completo de la frontera.

Otro punto estratégico es que se reactivarían de manera más agresiva la red de más de 12 tratados comerciales internacionales que hay con más de 50 países, lo que comprendería optimizar el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT) para abrir ruta hacia Asia-Pacífico y acelerar la modernización del acuerdo comercial con la Unión Europea (TLCUEM).

También se fortalecería el Mercado Interno a través del programa Plan México, para consumir lo hecho en el país y se buscaría aprovechar el Nearshoring Global.

Sobre este punto, la Secretaría de Economía ha sido muy insistente en que se buscará por cualquier medio atraer inversiones mediante incentivos fiscales, mejoras en la infraestructura energética y logística y la facilitación comercial, independientemente del acceso directo a EU.

Se buscaría sustituir importaciones clave y fortalecer las cadenas de proveeduría dentro del país para depender menos de insumos externos.

En lo que involucra directamente a sectores críticos altamente integrados como el automotriz y el aeroespacial, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) ve como elementos claves que México busque negociar acuerdos bilaterales o sectoriales específicos con Estados Unidos y Canadá para atenuar los impactos arancelarios bajo la premisa de que las propias industrias de EU dependen de los componentes manufacturados en territorio mexicano.

En el caso de su relación bilateral con Canadá, el tercer socio comercial del T-MEC, se buscaría mantener un acuerdo bilateral fuerte y respaldarse en el TIPAT, donde ambos participan, para rescatar parte de la integración norteamericana en la que son muy activos.

Afectación

Analistas económicos de JP Morgan y el IMEF, advierten que en términos macroeconómicos, México sería el más afectado debido a la asimetría de la relación comercial con Estados Unidos, toda vez que más del 80% de sus exportaciones tienen ese destino, además que el comercio exterior representa una parte clave del Producto Interno Bruto (PIB).

México sufriría un impacto directo en la Inversión Extranjera y en el nearshoring, enfrentaría la pérdida de empleos en la industria manufacturera y habría una fuerte presión sobre el valor del peso mexicano.

En el caso de Canadá, el impacto no sería tan grave, ya que las afectaciones las tendría en sectores energético, automotriz y agrícola, aunque su economía depende menos de Estados Unidos que la de México. Sobre EU, aunque a decir de Trump no necesita de México ni de Canadá, macroeconómicamente sería el menos afectado por el tamaño de su mercado interno, sin embargo, al no contar con los productos mexicanos ni canadienses, sus cadenas de suministro se romperían drásticamente, lo que provocaría una alta inflación para sus consumidores y golpearía con dureza a los estados agrícolas y a su industria automotriz, mismas que dependen por completo de los componentes y mercados de sus socios de Norteamérica.

Déficit con China

Aunque especialistas refieren que muchos medios verían una buena oportunidad de China para integrarse como socio comercial de México, en caso de una fractura del T-MEC, difícilmente una hipotética alianza mitigaría el impacto de beneficios económicos de México en el corto y mediano plazo.

Aunque el gigante asiático posee un enorme mercado y capacidad de inversión, existen limitaciones estructurales, geopolíticas y logísticas insalvables para sustituir a Estados Unidos, y entre ellas destaca el factor geográfico, toda vez que EU absorbe más del 80% de las exportaciones mexicanas por la frontera compartida y bajos costos de transporte.

Otro punto más que esencial, es que México exporta al vecino país más de 450,000 millones de dólares anuales, mientras que las exportaciones hacia China apenas rondan los 10,000 millones, por lo que para alcanzar el potencial económico por las exportaciones hacia Estados Unidos, China requeriría décadas de infraestructura logística para igualar el intercambio comercial de Estados Unidos con México.

Además, México queda en desventaja frente al gigante asiático, ya que su relación es profundamente deficitaria, toda vez que empresas mexicanas le compran casi 11 veces más de lo que venden.

En lo que respecta al ramo industrial y a diferencia de la relación con Washington, donde las industrias están integradas, China es un competidor directo en manufactura avanzada, electrónica y automotriz, lo que limita la capacidad de México para colocar sus productos con valor agregado en el mercado asiático.

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