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El Banco de México anunció que mantendrá su tasa de interés en 6.50% y permanecerá en ese nivel por tiempo indefinido, síntoma de algo profundo: una economía con baja inversión privada, alta informalidad, alta inseguridad, debilidad institucional y escasa productividad, propensa a crecer poco y a ser vulnerable a cualquier choque externo

México en la trampa: la economía no crece y Banxico ya no puede bajar las tasas

México en la trampa: la economía no crece y Banxico ya no puede bajar las tasas

Este jueves, mientras México continuaba la celebración de la victoria en el partido del Mundial, el Banco de México anunció por unanimidad que mantendrá su tasa de interés en 6.50%, señalando que permanecerá en ese nivel por tiempo indefinido. La noticia pasó casi desapercibida entre el ruido mundialista. No debería haberlo hecho: esa decisión, aparentemente técnica, revela con claridad el dilema económico más importante que enfrenta México en este momento y que no se está discutiendo con suficiente profundidad.

El país está atrapado. No es una metáfora. Es una descripción técnica de la situación.

El diagnóstico: tres señales que no mienten

La economía mexicana se contrajo 0.6% en el primer trimestre de 2026, con caídas generalizadas en agricultura, manufactura y servicios. Analistas del sector privado revisaron a la baja su estimación de crecimiento para todo 2026 ante la debilidad de la demanda interna y un entorno de prolongada incertidumbre. El propio Banxico recortó su pronóstico a 1.1%, con un intervalo que en el escenario pesimista llega apenas a 0.5%.

Al mismo tiempo, la inflación subyacente (la que mide la tendencia real de los precios, excluyendo los componentes más volátiles) se ubica aún en 4.12%, significativamente por encima de la meta del 3%. Y Banxico advirtió que los riesgos inflacionarios no han desaparecido: presiones geopolíticas, políticas comerciales, costos de producción, depreciación del peso.

Eso es la trampa: economía que no crece, inflación que no termina de ceder, y un banco central que no puede hacer gran cosa en ninguna dirección.

¿Por qué es una trampa y no solo un mal trimestre?

Porque las dos palancas clásicas de política económica están bloqueadas simultáneamente.

La política monetaria, bajar tasas para estimular la economía, no está disponible. Con inflación subyacente en 4.12% y una meta de 3%, Banxico no puede recortar sin arriesgar su credibilidad. El ciclo de recortes que inició en marzo de 2024 y que llevó la tasa de 11% hasta 6.50% ha llegado a su fin. El banco central agotó ese margen. Bajar más sería apostar a que la inflación cede sola, en un entorno geopolítico que no garantiza nada.

La política fiscal, mayor gasto e inversión para impulsar la economía, tampoco está disponible con holgura. Las finanzas públicas mexicanas enfrentan presiones estructurales conocidas: ingresos dependientes del petróleo en declive, gasto en pensiones creciente, y un déficit que se redujo a costa de recortar inversión pública precisamente cuando más se necesitaba.

El resultado es una economía que no tiene acelerador disponible, justo cuando necesita acelerar.

El rebote de abril no es suficiente para celebrar

Es verdad que el IGAE de abril mostró un crecimiento de 2.3% anual, impulsado por la construcción y el comercio, y que en cifras desestacionalizadas el avance mensual fue de 1.2%, lo que aleja el riesgo de recesión técnica. Es una buena noticia. Pero hay que leerla con cuidado.

Primero, ese rebote viene después de una caída. Recuperar terreno perdido no es lo mismo que crecer. Segundo, parte del impulso de abril proviene de proyectos de infraestructura previos al Mundial y del auge temporal de exportaciones manufactureras, factores que los analistas anticipan se desacelerarán en el segundo semestre. Tercero, y más importante: el rebote de un mes no resuelve la pregunta de fondo, que no es si México entra o no en recesión técnica, sino por qué crece tan poco durante tanto tiempo.

Vale la pena detenerse en ese tercer punto. La obsesión mediática con la recesión técnica, definida como dos trimestres consecutivos de caída, es comprensible pero distorsionante. Un país puede evitar la recesión técnica y seguir siendo pobre. Un crecimiento de 1.1% anual en una economía con población joven, necesidades de infraestructura enormes y una clase media que pierde poder adquisitivo no es un logro: es una insuficiencia. El umbral relevante no es cero. Es el crecimiento que se necesita para generar empleos de calidad, reducir la informalidad y mejorar el nivel de vida de la mayoría. Ese umbral está, según la mayoría de los economistas, entre 3% y 4% anual sostenido. México lleva años sin alcanzarlo.

El problema detrás del problema

La trampa de Banxico no es la causa del bajo crecimiento de México. Es el síntoma de algo más profundo. Una economía con baja inversión privada, alta informalidad, alta inseguridad, debilidad institucional y escasa productividad, es una economía estructuralmente propensa a crecer poco y a ser vulnerable a cualquier choque externo.

El PIB per cápita de México se mantiene estancado con una variación de -1.38% respecto a 2018. No es un dato de este trimestre. Es el resultado acumulado de años de crecimiento insuficiente. En ese contexto, cada choque (la pandemia, la guerra comercial, la incertidumbre del T-MEC) golpea más fuerte porque la economía no tiene colchón. Y cada recuperación es más lenta porque no hay motores de productividad que la impulsen.

La política monetaria puede mantener la inflación bajo control. No puede crear ingenieros, construir plantas eléctricas ni fortalecer el Estado de derecho. El Banxico hace lo que puede con las herramientas que tiene. El problema es que las herramientas que México más necesita no están en la Avenida 5 de Mayo número 2.

Lo que la trampa revela:el costo de no crecer

Hay una narrativa cómoda que dice que México está bien posicionado, que el nearshoring llegará, que el T-MEC se renovará, que el segundo semestre será mejor. Puede que todo eso sea cierto. Pero ninguna de esas cosas resuelve el dilema estructural que la decisión de Banxico de este jueves pone sobre la mesa.

Conviene ser brutalmente concreto sobre lo que significa crecer al 1.1%. Con ese ritmo, el ingreso por persona en México tardará más de 60 años en duplicarse. Con un crecimiento del 4% sostenido, ese mismo proceso toma menos de 18 años. No son cifras abstractas: son la diferencia entre una generación que vive mejor que sus padres y una que no. Son la diferencia entre un sistema de pensiones que puede sostenerse y uno que colapsa. Son la diferencia entre una clase media que se amplía y una que se erosiona silenciosamente.

El costo del estancamiento no se siente en un solo trimestre. Se acumula. Se naturaliza. Y cuando finalmente se hace visible, ya son décadas perdidas. México tiene experiencia con eso: en artículos anteriores hemos documentado que, si el país hubiera crecido al ritmo promedio mundial desde el año 2000, la economía sería hoy 78% más grande. Esa brecha no la cerró ningún banco central. La generó la ausencia de reformas estructurales que ningún gobierno quiso asumir.

Una economía sana no debería estar atrapada entre inflación y estancamiento. Ese es un escenario propio de países que no han construido los fundamentos productivos que permiten crecer sin generar presiones de precios: capital humano de calidad, infraestructura competitiva, innovación tecnológica, instituciones confiables y un Estado de derecho que efectivamente reduzca el costo de hacer negocios.

México puede salir de esta trampa. Pero no con política monetaria, y no en un trimestre. La salida requiere exactamente lo que llevamos décadas postergando: las reformas estructurales que ningún gobierno quiere pagar políticamente, pero que todos los mexicanos pagamos económicamente cada año que pasa sin hacerlas.

Mientras tanto, Banxico seguirá haciendo lo único que puede: cuidar la inflación y esperar que alguien más haga su tarea.

El Mundial terminará el 19 de julio. Los problemas de México seguirán ahí el 20.

Análisis de especialistas de la Universidad Iberoamericana son presentados a nuestros lectores cada 15 días en un espacio que coordina el Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

Comentarios: pablo.cotler@ibero.mx

El autor es profesor-investigador del Departamento de Economía.

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