Nacional

Son estadounidenses, hijos de padres indocumentados. Viajaron a nuestro país por el frenesí futbolero y aquí recibieron la noticia del Tribunal Supremo. Cuentan sus historias: “ni de aquí ni de allá”…

Los de corazón partido: celebran en México respaldo de la Corte de EU a nacionalidad por nacimiento

corazón partido

Jonathan Ayala, de 29 años, vivió horas de doble alegría: por la decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos de mantener la ciudadanía a cualquier persona nacida en la Unión Americana, y por el triunfo mundialista de la selección mexicana frente a Ecuador.

“Mis padres y abuelos son mexicanos, casi toda mi familia, pero a mí me tocó ser estadounidense por nacimiento y la resolución de la Corte me da tranquilidad y confianza en la justicia. También soy feliz por tener raíces en México. Volveré a Estados Unidos con la playera mexicana bien puesta, la llevaré a la oficina y la portaré con orgullo, que todos me vean, incluso quienes se burlan de mi origen y de mi español”, aseguró el joven, quien es ingeniero en computación.

Crónica salió a las calles de la capital en busca de estadounidenses de primera generación, hijos de padres indocumentados, para contar sus historias. Son días propicios para encontrarlos: muchos han viajado a la Ciudad de México para asistir a los partidos de la selección tricolor y participar en los festejos.

Apenas este martes, la Corte Suprema de EU consideró ilegal la orden ejecutiva del presidente Donald Trump de anular la ciudadanía automática a hijos de migrantes irregulares, después de varios meses de batallas legales. “Los redactores de la Decimocuarta Enmienda de la Constitución extendieron esa promesa a toda persona nacida libre en esta tierra. Hoy mantenemos esa promesa”, resolvió el Tribunal.

Jonathan recibió la noticia en México. Viajó desde Estados Unidos el domingo, con la esperanza de comprar un boleto para el partido de 16avos de final. Lo consiguió…

Su padre nació en CDMX y su madre en Guerrero. Llevan más de 40 años en territorio estadounidense.

“Me han contado que al principio era más fácil cruzar, por el río o con una visa chueca. Ellos se conocieron allá, pero se vinieron a casar en Guerrero. Se han dedicado toda su vida a trabajar en restaurantes. Tengo una hermana de 24 y ambos somos estadounidenses por nacimiento, pero nuestros padres no tienen papeles y es triste, porque no pueden visitar a su familia”.

-¿Cómo tomaste el intento de Trump de limitar la ciudadanía a hijos de migrantes?

-Me dolió, porque tener la nacionalidad estadounidense me ha dado muchas oportunidades y me siento bendecido, pero también ha sido por el esfuerzo y sufrimiento de mis padres. Tengo muchos amigos que sufren y no pueden estar en paz porque carecen de papeles. Qué bueno que la Corte puso un freno y defendió los derechos humanos. Quizá no parará aquí, pero al menos por ahora, respiramos.

En redes sociales, Trump volvió a la carga, y pidió al Congreso reponer la orden de restricción por medio de una nueva ley.

“Estaba tramitando mi ciudadanía mexicana cuando Trump anunció esto, y la verdad me espanté; como son las leyes de allá, es más fácil quitar la ciudadanía a un estadounidense que también tiene ciudadanía de otro país y entonces paré el trámite. Pero mis sentimientos no dependen de un papel, me siento mexicano y estadounidense. Todos tenemos los mismos derechos. Somos iguales. No queremos un país dividido”.

Mitad de la vida

Los padres de Odalis Solorio son originarios del Estado de México. “Se conocieron en el rancho, pero se reencontraron en Estados Unidos, allá se enamoraron y nacimos mi hermano y yo. Se fueron a buscar una vida mejor, lo que se llama el sueño americano. Han tenido varios trabajos, hoy mi padre labora en una fábrica que construye estructuras de barcos militares, y mi mamá en una empresa que hace partes de aviones”, relata.

Ella estudió servicios humanos; trabaja en una escuela, ayudando a niños con capacidades diferentes.

“Cuando escuché lo que quería hacer Trump se me partió el alma, porque mis papás han trabajado muy duro para ser parte de los Estados Unidos, siempre han respetado las leyes. Sentí como si quisieran borrar la mitad de mi vida”.

-¿Qué te pareció lo decidido por la Corte?

-Fue una gran noticia. Tengo varios amigos que igual son estadounidenses, hijos de padres migrantes, y todos lo celebramos. Fueron meses de mucho nerviosismo. Somos de Estados Unidos y nadie nos puede quitar ese derecho ni lo que somos.

-¿También tienes la ciudadanía mexicana?

-No, sólo el pasaporte americano. Quienes estamos en la misma situación, vivimos con el corazón partido. Siempre lo he dicho: no soy de aquí ni de allá. Por toda la persecución a los migrantes y las redadas, mi amor por México ha crecido más, pero en realidad las personas de acá dicen que soy gringa, y las de allá dicen que soy mexicana. Ni modo, así es nuestra vida: dos países, dos amores. Ni de uno ni de otro.

Discriminación

Sandra Bustamante, de 33 años, viajó por primera vez a la tierra de sus padres, contagiada por la efervescencia futbolística. Juan, su papá, y Caro, su mamá, son chilangos, pero apenas cumplieron la mayoría de edad se fueron para el otro lado.

“Mi papá por el desierto y a mi mamá la pasaron por carro, desde Tijuana. Eran conocidos de la colonia, allá se volvieron a ver y decidieron hacer familia. Dicen que la vida en México es más difícil, por la pobreza y la falta de oportunidades. Allá también la han pasado mal, por la discriminación y porque sus trabajos han sido duros, nos han sacado adelante lavando platos o ayudando en la cocina”.

Son cuatro hermanos, todos estadounidenses hijos de inmigrantes mexicanos. Sandra se ha dedicado al hogar, porque uno de sus dos hijos es autista y ha requerido terapias y mayor atención. Su esposo, Ricardo, trabaja en una refresquera. Su hermano Juan es pintor, Brayan labora en un video-bar y Vanesa, la más pequeña, logró ingresar a Disneyland, en Anaheim, California.

“Consideré muy injusta la orden de Trump y me dio coraje: ¿por qué nos querían quitar ese derecho que está en la Constitución? También me dio miedo, pensé que nos iban a mandar para México”.

-¿Te desagradaría?

-México es muy bonito. Ahora que lo estoy conociendo por primera vez, no es lo que nosotros imaginamos o vemos en las películas o noticias de allá. Nos muestran un país con gente sufriendo y pidiendo dinero en las calles, con mucha violencia, pero estos días han sido muy tranquilos, los he disfrutado. Sí tendría un poco de temor de vivir aquí por las costumbres y porque mi español es muy malo.

-¿Cuál es el sentimiento, ahora que la Corte votó en sentido contrario a Trump?

-De esperanza, de que las cosas para los migrantes y quienes somos sus hijos, puedan mejorar. No han sido tiempos fáciles: hay familias migrantes separadas, la gente ya no camina tan tranquila en parques o en plazas, ha habido niños que dejaron la escuela. Ha sido muy triste, pero lo de la Corte es como un empujón, una motivación para defender lo que somos: una parte mexicana y una parte estadounidense. Tenemos dos cariños, dos tierras, dos familias, pero al final somos seres humanos con derechos y sueños…

Tendencias