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Esta iniciativa ha reunido en lo que va de 2026 a más de 82 mil asistentes y cerca de mil artesanas, artesanos, cocineras tradicionales, artistas y productores locales, fortaleciendo la difusión de las culturas vivas de México

Oaxaca llena de color, música y tradición el Complejo Cultural Los Pinos

Oaxaca en Los Pinos (Eidalid López)

Antes de que iniciaran los discursos, el ambiente ya anunciaba que Oaxaca había llegado a Los Pinos. Los primeros acordes de la música tradicional comenzaron a sonar mientras decenas de bailarinas avanzaban con una sonrisa, sosteniendo sobre sus cabezas enormes canastas adornadas con flores de colores, figuras de pavos reales, cruces y arreglos monumentales. Sus vestidos, en tonos rojo, verde, azul, amarillo, morado y rosa, contrastaban con el paisaje del Complejo Cultural y atraían la mirada de las familias que poco a poco ocupaban los pasillos del recinto.

El desfile fue recibido con aplausos y decenas de teléfonos celulares levantados. Padres, madres, jóvenes y adultos mayores buscaban el mejor ángulo para grabar la entrada de la delegación oaxaqueña. Mientras las danzantes giraban al ritmo de la música, algunos participantes comenzaron a lanzar dulces al aire. Los caramelos se elevaron por encima de las cabezas de los asistentes, quienes entre risas estiraban las manos para atraparlos, mientras otros preferían no bajar la cámara de su celular para no perder ningún instante del recorrido.

Al frente del contingente destacaban enormes globos blancos decorados con papel picado y la palabra “Oaxaca”, que guiaban el recorrido de músicos, artesanos y representantes de distintas comunidades. Detrás avanzaban las tradicionales mujeres del Istmo de Tehuantepec, quienes demostraban su destreza al bailar sin dejar caer las pesadas canastas que cargaban sobre la cabeza, algunas adornadas con flores naturales y otras con figuras de pavos reales y arreglos florales que arrancaban expresiones de asombro entre el público.

Cada paso del desfile era acompañado por aplausos. Las faldas ondeaban al ritmo de la música y los collares, bordados y listones daban muestra de la riqueza de los trajes tradicionales. Las sonrisas de las bailarinas se mezclaban con el entusiasmo de las familias, que seguían el recorrido caminando detrás del contingente para no perder detalle.

Así comenzó la participación de Oaxaca en el programa “Los Estados en Los Pinos”, una estrategia que acerca al público la diversidad cultural, gastronómica y artesanal de las entidades del país. Durante los días 4 y 5 de julio, el estado presentó una amplia muestra de su patrimonio cultural mediante espectáculos de danza, música, gastronomía y artesanías.

Durante la ceremonia inaugural, autoridades del Complejo Cultural Los Pinos señalaron que esta iniciativa ha reunido en lo que va de 2026 a más de 82 mil asistentes y cerca de mil artesanas, artesanos, cocineras tradicionales, artistas y productores locales, fortaleciendo la difusión de las culturas vivas de México y promoviendo el reconocimiento del patrimonio cultural de las distintas entidades.

Asimismo, destacaron que durante los dos días del festival participan más de un centenar de portadoras y portadores de la cultura oaxaqueña, quienes comparten con el público expresiones artísticas, gastronomía, música, poesía y talleres dirigidos a personas de todas las edades.

Oaxaca en Los Pinos (Eidalid López)

El secretario de las Culturas y Artes de Oaxaca, Flavio Sosa Villavicencio, agradeció el respaldo del Complejo Cultural Los Pinos para hacer posible esta edición del programa y destacó que la presencia de Oaxaca en la Ciudad de México representa una oportunidad para mostrar la riqueza de sus pueblos originarios y de sus comunidades artesanales.

El funcionario explicó que artesanas, artesanos, cocineras tradicionales, músicos y danzantes provenientes de distintas regiones del estado viajaron a la capital para compartir una muestra de la identidad oaxaqueña. Añadió que los visitantes pueden conocer textiles, huaraches, barro negro, barro rojo y otras expresiones artesanales elaboradas con técnicas transmitidas de generación en generación.

También informó que la oferta gastronómica está integrada por cocineras tradicionales de municipios como Santa Ana del Valle, San José Camotinchán, San Sebastián Ixcapa, San Juan Bautista Cuicatlán y Ciudad Ixtepec, quienes preparan algunos de los platillos más representativos del estado.

Mientras el sonido de la banda se iba apagando, el recorrido apenas comenzaba. Tras la inauguración, cientos de visitantes ingresaron a los distintos espacios del Complejo Cultural Los Pinos para descubrir otra cara de Oaxaca, una que se apreciaba en cada pieza artesanal y en cada aroma que salía de las cocinas tradicionales.

En una de las galerías, los asistentes recorrían con calma una exposición donde se reunían algunas de las expresiones más representativas del estado. Los estantes exhibían huipiles bordados a mano, camisas de manta, rebozos, bolsas tejidas, sombreros, cestería, prendas confeccionadas en telar y artículos elaborados con fibras naturales. Un mural en blanco y negro inspirado en la flora y fauna oaxaqueña servía de fondo para un traje típico colocado sobre un maniquí, convirtiéndose en uno de los espacios más fotografiados por los visitantes.

Cada prenda y cada artesanía parecían contar una historia. Algunos artesanos explicaban con paciencia el proceso de elaboración de los textiles y el significado de los bordados, mientras visitantes nacionales y extranjeros observaban los detalles de cada pieza antes de decidir cuál llevarse como recuerdo.

En el exterior, el ambiente cambiaba por completo. Los puestos de café, chocolate, mole, mezcal y otros productos típicos se convirtieron en uno de los principales puntos de reunión. El aroma del café recién preparado y del chocolate tradicional guiaba a los asistentes hacia los espacios gastronómicos, donde era posible degustar bebidas y platillos elaborados con recetas heredadas por generaciones.

Los sabores de Oaxaca conquistaron tanto a turistas extranjeros como a visitantes mexicanos, quienes hacían filas para probar los productos o adquirir café, chocolate, mole, mezcal y artesanías elaboradas por productores locales. Entre degustaciones, conversaciones y fotografías, el festival permitió que la riqueza gastronómica del estado despertara la curiosidad de quienes visitaban Los Pinos por primera vez.

Además de la exposición artesanal y gastronómica, el programa incluyó presentaciones de poesía, música tradicional, danza y talleres infantiles, así como once espectáculos musicales y cinco presentaciones dancísticas que mostraron la diversidad cultural de las distintas regiones de Oaxaca.

Durante su mensaje, Flavio Sosa Villavicencio también recordó la importancia de proteger las expresiones culturales de Oaxaca frente a los casos de apropiación cultural registrados en años recientes y reiteró que preservar las tradiciones significa defender el trabajo de las comunidades indígenas y el patrimonio de las y los artesanos del estado.

Para muchas familias, la visita representó mucho más que asistir a un festival. Fue la oportunidad de conocer de cerca las tradiciones de Oaxaca sin salir de la Ciudad de México, convivir con artesanos, escuchar sones tradicionales, probar su gastronomía y apreciar el trabajo de quienes mantienen vivas las costumbres de sus comunidades.

Así, entre música, canastas monumentales, vestidos multicolores, dulces que volaban sobre las cabezas del público, galerías repletas de arte, el aroma del café y el chocolate, y la calidez de sus artesanos, Oaxaca convirtió durante dos días al Complejo Cultural Los Pinos en un pequeño rincón del sur del país, demostrando que su riqueza cultural sigue siendo una de las expresiones más vivas, coloridas y representativas de México.

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