Doña Lourdes llamó a sus hermanos, una mañana de domingo: “Vénganse, tengo frijoles”. Entre todos se cooperaron para el chicharrón; un sobrino compró tortillas; otro, refresco. Se reunían por vez primera después de la denuncia presentada el 8 de julio pasado ante la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. Lo pensaron por semanas: tenían miedo; también vergüenza de haber pagado… por una plaza en el DIF.
Entre hermanos, primos, tíos y sobrinos, 15 integrantes de la familia González cayeron en la trampa: perdieron cerca de medio millón de pesos. Hoy están endeudados hasta el límite, derrumbados y sin rumbo. Algunos incluso enfermaron.
Tras iniciar la batalla legal, aceptaron recibir a este reportero en casa de Lourdes, en Iztapalapa.
“Siendo una familia que vive al día, ahora la penuria es doble. Mi mamá, sin trabajo, y uno sin poder ayudarla, endeudado; mis tíos, por igual. Sientes impotencia, chale, llevo tres años sin cobrar nada, todo se me va en pagar deudas. De por sí estábamos jodidos, ahora peor”, dijo Carlos entre sollozos. Él es hijo de Silvia, quien traspasó su tiendita para juntar el dinero; se quedó sin nada…
“Pensamos que era una oportunidad de salir adelante, de tener algo seguro en el gobierno -contó ella-. Primero caí yo, después fue saliendo que había otros lugares, le dije a mis tres hijos, había que dar 50 mil pesos por persona, me deshice de mi tienda y me endrogué pidiendo aquí y allá; luego mis hermanos, lo perdimos todo”…
MAQUINARIA. Una historia llevó a otra, a otras, a decenas, cientos. Quedó así al descubierto la más grande estafa en la historia del DIF, relacionada con la venta de plazas.
Un fraude añejo y sistemático, difícil de comprender sin complicidad institucional: durante la investigación reporteril se encontraron a personas cuya espera rondó tres, cuatro, cinco años… Cinco años de “mordidas”, de engaños, de una maquinaria interna concentrada en ofrecer “puestos fantasma” en la dependencia a cambio de 40 o 50 mil pesos.
Y algo peor: no es la primera vez… El Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia aceptó ante Crónica tener antecedentes de casos similares aún más antiguos.
La mayoría de los burlados son de baja escolaridad, de carencias económicas y evidente inestabilidad laboral: muchos debieron vender un pedazo de terreno, traspasar sus negocios o endeudarse con un familiar, el banco o un prestamista para juntar el monto requerido. Hay familias enteras engatusadas, en todas las alcaldías de la CDMX y algunos municipios del Estado de México como Nezahualcóyotl y Chimalhuacán. Sobresalen los casos de adultos mayores.

Los menos son profesionistas o estudiantes de carreras afines como enfermería o trabajo social.
Sobre todos pesa la enorme cruz de haber buscado un espacio en el gobierno de forma tramposa: por eso el silencio de algunos, el sonrojo, la lucha anónima… Hasta ahora son pocas las denuncias ante el Ministerio Público: Crónica pudo constatar alrededor de tres, una en la Fiscalía General y las otras en fiscalías de las alcaldías Cuauhtémoc y Xochimilco.
Por testimonios documentados por este reportero, grupos conformados en busca de justicia y reuniones previas al timo, el número de “afectados” es por lo menos de 200, con un desfalco calculado entre 7 y 8 millones de pesos.
No sólo fue la entrega de dinero, en la mayoría de los casos en efectivo -para borrar cualquier rastro-. Fue también el uso continuo de instalaciones gubernamentales, tanto del DIF como de otras dependencias; la participación de personal del sistema, la conformación de equipos internos para dar seguimiento al proceso e impartir cursos, y el uso de logos y documentación oficial.
El rostro visible de la red, encargado de entregar papeles, realizar citas y recibir el dinero fue identificado como José Manuel Valdez González, con largo historial en el DIF: ha sido director de diversos Centros de Fomento (CF) y Centros de Desarrollo Comunitario (CDC) en Iztapalapa, Xochimilco, Tlalpan e Iztacalco. Este diario confirmó su estatus como miembro activo del Sindicato hasta el pasado mes de abril, cuando una de las “aspirantes a plaza” descubrió anomalías en la documentación y se destapó el engaño. Desde entonces, el funcionario huyó de su domicilio junto con su familia y dejó de presentarse en sus oficinas.

En principio, los afectados fueron familiares, conocidos y ex compañeros en el DIF de José Valdez (los González, por ejemplo, son parte de su familia). Después, la invitación se propagó de boca en boca, sin control, hasta llegar a cientos de ilusos.
Muchos enganchados recibieron nombramientos ficticios membretados con las siglas del DIF y del gobierno de la Ciudad de México, sellados con la frase “ciudad innovadora y de derechos” y firmados por Sergio Sánchez Muñoz, actual director de Administración de Capital Humano de la institución y Miguel Ángel Rivera Almaraz, quien fungió como Subdirector de Administración y Desarrollo de Capital Humano.
Este reportero acudió a la oficina de Sánchez Muñoz y lo buscó después en múltiples ocasiones, pero jamás hubo respuesta. Lo mudez se replicó con Julia Solorio Téllez, directora de Desarrollo Comunitario y quien tiene a cargo el funcionamiento de los centros DIF en la ciudad.
En algunos escritos se especifica puesto, tipo de contratación y hasta sueldo mensual. En otros, se le informa a los timados su área y lugar de inscripción: “estará adscrito al CDIF Ricardo Flores Magón a partir del 5 de marzo del año en curso, realizará las funciones propias de su nombramiento en jornada laboral de 7 horas diarias”, se lee en uno de los oficios compartidos a Crónica. En otros, dirigidos a Carlos
Flores Hernández, líder nacional del Sindicato, se declara a las personas aptas para desempeñar diversas funciones y se solicita su ingreso al sistema.

EN VENTA. “El señor José nos envolvió: ¿tus hijas no necesitan un buen trabajo? Yo lo conocía porque de siempre le vendí pastura para sus caballos. Le ofreció a mis dos hijas y a mi yerno plazas en el DIF, y dijo que todo era derecho, porque se entraría por medio del Sindicato”, narró don Aurelio Amaya.
-¿Cuánto se les pidió por las supuestas plazas?
-Entre 45 y 60 mil pesos. Fueron 120 mil pesos entre los tres. Cuando en abril nos enteramos que era estafa, se nos vino el mundo encima. Ese dinero se lo habíamos dado desde hace 3 o 4 años.
-¿Y por qué esperar tanto tiempo?
-Nos confiamos. Al principio se nos dijo que las plazas en venta eran las de los caídos durante la pandemia, y así pasó el tiempo, “ya merito, ya merito”, y nos tragamos la mentira.
-¿Y sí estaba metido el Sindicato?
-Se sabía. Las instalaciones del DIF se manejaban al antojo, mis hijas fueron a cursos y había personas del DIF que los daban. Se habló hasta de pagos de sueldos caídos.
-¿Ya denunciaron?
-No, no tenemos dinero como para estar pagando un abogado. ¿Y qué tal si luego nos acusan a nosotros también por andar pagando por una plaza? Muchos dicen que es delito.
-Se abusó hasta de quienes éramos familia -contó José Luis, primo de Valdez González.
“Yo sólo tengo la secundaria. ¿Cómo iba a estar dentro del DIF, qué chingaos podía hacer en una oficina?, pero como trabajé durante muchos años de foráneo, el choro era que participaría en los viajes organizados por el DIF para los de la tercera edad o los discapacitados”.
-No sólo fueron los 50 mil pesos por la plaza -relató Ixchel Carrillo, otra de las enroladas.
-¿Hubo aún más dinero de por medio?
-Sí, dimos un extra para unos dichosos folios, una especie de bonos de la institución, supuestamente se cobrarían 20 mil pesos por cada folio. Mi esposo y yo dimos 3 mil pesos por 32 folios. Eso fue apenas en diciembre de 2025, supuestamente los íbamos a cobrar en las cajas de la institución. Se abusó de nuestra necesidad. Estamos seguros que hay mucha gente del DIF detrás de esto, que hay una gran cola por descubrir…