
El escritor y periodista Fabrizio Mejía Madrid publicó un artículo de opinión en el que reflexiona sobre la toma de las instalaciones de Canal Once por parte de un grupo de estudiantes paristas vinculados al Instituto Politécnico Nacional, así como sobre las consecuencias que, en su opinión, esta acción ha tenido para el funcionamiento de la televisora pública y la preservación de su acervo histórico que alberga y que está en grave peligro.
En su texto, Mejía Madrid sostiene que, a diferencia de otros movimientos sociales en México que recurrieron a medios de comunicación para difundir sus demandas, la ocupación de Canal Once derivó en la interrupción de sus transmisiones y en afectaciones a la infraestructura técnica y administrativa de la institución. El autor expresa preocupación por el estado de las instalaciones y por el resguardo del archivo audiovisual de la televisora, que reúne más de 300 mil horas de material histórico desde 1967.
Asimismo, el articulista cuestiona la relación entre las demandas del movimiento estudiantil y la ocupación de la emisora pública, al considerar que las acciones emprendidas no contribuyen a resolver los planteamientos dirigidos al Instituto Politécnico Nacional. En ese contexto, también hace referencia a diversos señalamientos públicos relacionados con integrantes y presuntos simpatizantes del movimiento, presentándolos como parte del debate público sobre el conflicto.
En su análisis, Mejía Madrid sitúa estos acontecimientos en un contexto político más amplio, marcado por las movilizaciones registradas durante la inauguración del Mundial de Futbol y por las expresiones de distintos actores de oposición. Desde su perspectiva, la toma de Canal Once forma parte de un escenario de confrontación política que, afirma, incluyó acciones de presión y afectaciones a instituciones públicas.
El autor dedica una parte central de su reflexión a destacar el valor histórico y cultural del archivo de Canal Once. Retomando las ideas del filósofo Paul Ricoeur, sostiene que los archivos constituyen una herramienta fundamental para preservar la memoria colectiva, documentar los acontecimientos históricos y fortalecer el acceso de las nuevas generaciones a testimonios audiovisuales que permiten comprender la historia contemporánea del país.
Finalmente, Mejía Madrid advierte que la conservación del patrimonio documental y audiovisual representa un componente esencial para la vida democrática, al permitir preservar evidencia histórica frente a intentos de reinterpretación o negación de hechos del pasado. En ese sentido, concluye que la protección del acervo de Canal Once trasciende el conflicto coyuntural y constituye una responsabilidad de interés público.