
“No podemos convertirnos en una incidencia más”, la frase que lleva tatuada el Escuadrón Aéreo 107, acantonado en la 9/a Zona Aérea Militar, en Sinaloa. Próxima al Aeropuerto Internacional de Culiacán, esta unidad de armas domina el cielo sobre el estado norteño y representa el paroxismo de la integración entre las fuerzas de tierra y aire que actúan en este territorio.
SIEMPRE LISTOS

Sinaloa, tierra árida, agreste y cuna de múltiples comunidades alejadas de los principales centros hospitalarios, exige a las tripulaciones aéreas de la Secretaría de la Defensa Nacional mantenerse en constante estado de alerta ante probables situaciones de emergencia que precisen de una evacuación rápida y certera del personal militar o civil que así lo requiera. Provisto de nueve helicópteros UH-60, los míticos Blackhawk, el Escuadrón Aéreo 107 aglutina las virtudes necesarias para operar con maestría y eficacia en condiciones que muchas veces son complejas, ya sea en la serranía, sobre los caminos y las carreteras, bajo la influencia de potentes fenómenos meteorológicos que catalizan desastres o debiendo surcar las agresivas entrañas de incendios forestales; ante una situación que amenaza la vida, la ayuda de los profesionales médicos y especialistas de abordo debe llegar a quienes lo requieren con mayor urgencia. Aquí, el tiempo de respuesta hace toda la diferencia.

LA COORDINACIÓN ES REINA

Como es ley entre los cuerpos y unidades que suscriben las fuerzas armadas, la preparación y la comunicación son principios ineludibles cuando se trabaja sobre el terreno. Y el dominio del aire no escapa de este axioma, cada misión que ejecuta el escuadrón debe ser el resultado de un trabajo coordinado de pilotos, técnicos de mantenimiento, controladores aéreos, personal de apoyo en tierra, especialistas y personal de sanidad.
En este sentido, la coordinación comienza, cada día a primera hora, con una “reunión prevuelo”, en la que todo el personal que hará parte de las operaciones aéreas recibe actualizaciones sobre elementos puntuales y cruciales para efectuar las misiones con total seguridad y control; informes meteorológicos, asignaciones de frecuencias de radio, avisos sobre limitantes a la actividad aérea, unidades terrestres involucradas, posibles puntos de abastecimiento y partes médicos de los tripulantes, toda esta información se descarga en los itinerarios de cada comandante de vuelo en el escuadrón, quienes, además, dan cuenta de las acciones que ejecutarán. “El objetivo de esta sesión es detallar las operaciones y garantizar la seguridad del personal y los recursos. Romper cualquier cadena de eventos que pueda ocasionar un accidente”, amplía el Capitán Segundo de Fuerza Aérea, piloto aviador, Ulises Aragón Oviedo.

UNA EMERGENCIA NO SE ANUNCIA

“Siempre tenemos tripulación completa”, sentencia el Mayor Salas, jefe al mando del escuadrón. La célula aeromédica de la novena se halla siempre en situación de alerta vía relevos puntuales, de modo que cuando la chicharra grita y una emergencia asoma, pilotos, especialistas y personal médico debe emerger y abordar el Blackhawk sin demora.
Las aeronaves están configuradas en todo momento para sostener vuelos seguros; el UH-60, nave de ala rotativa, ofrece cualidades que le transforman en un vehículo utilitario multiprósito, lo mismo permite trasladar toneladas de equipo, pertrechos, suministros y personal, efectuar rescates verticales con un gran margen de movilidad, velocidad y versatilidad, que transformarse en una sala de atención médica primaria.

AUXILIO A TODA COSTA

El equipo aeromédico que se embarca en una evacuación debe aprender a trabajar en espacios reducidos, a veces con poca luz, en condiciones nada óptimas en una urgencia médica, “...por eso cada persona que forma parte de la célula (médico y personal de enfermería), tiene una función bien definida, todos sabemos exactamente qué hacer y trabajamos en sinergia con el resto de la tripulación”, explica el Subteniente médico cirujano de abordo.
Cuando el Blackhawk alcanza el punto marcado por las unidades en tierra que solicitaron auxilio, lo cual debe suceder en el menor tiempo posible, el equipo de evacuación desciende de la aeronave y enfila hacia el efectivo que precisa la extracción, en ese momento nada y todo está escrito, al mismo tiempo. El personal de sanidad comienza a trabajar para canalizarle y preparar el traslado, al tiempo, los especialistas y artilleros de la aeronave mantiene en sintonía a los mandos del helicóptero, piloto y copiloto deben saber exactamente qué sucede en tierra mientras mantienen el vehículo estabilizado y sortean todo tipo de obstáculos, desde fuertes ráfagas de vientos cruzados, hasta fuego enemigo. Es en la comunicación de todo el personal involucrado, su rápido y correcto accionar, donde radica el fracaso o el éxito de la misión.

El ruido ensordecedor de los rotores no interfiere en el entendimiento mutuo que cunde entre el personal médico, gestos y señas se añaden a los protocolos previamente estudiados y aprendidos, cientos de horas de adiestramiento, en múltiples escenarios, respaldan las decisiones que se toman en momentos así.
El objetivo, recuerda el Subteniente médico, no es únicamente trasladar al paciente, sino mantenerlo estable durante todo el trayecto hasta un hospital donde pueda recibir atención definitiva; “La valoración del paciente, estabilización, acceso seguro a la aeronave, atención durante el vuelo y recepción en una instalación médica forman parte del procedimiento (...) se encuentre o no en estado crítico efectuar con rapidez el traslado es determinante”.

Más allá de la tecnología de las aeronaves y sus componentes, la actividad del escuadrón pone el acento en el recurso más importante de la Defensa Nacional, el factor humano. La vocación de servicio del personal militar y su compromiso con la sociedad les conmina a apostar toda su experiencia y entrenamiento al servicio de México: Los helicópteros de la Fuerza Aérea Mexicana representan una capacidad estratégica de capital importancia para la salvaguarda no solo de los soldados, también lo son para la población, su despliegue permite al Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional llegar a lugares donde el acceso terrestre resulta difícil o tomaría demasiado tiempo. Contribuyen a fortalecer la respuesta institucional y mejoran el servicio que se brinda a la sociedad.









