
En el marco del día internacional de la Juventud, México le está fallando a este sector de la población toda vez que la mitad de las personas pertenecientes a este segmento, enfrenta barreras estructurales para construir una vida digna pues 14. 9 millones de jóvenes mexicanos de entre 15 y 29 años que están fuera de la escuela y sin trabajo.
Asimismo laboran en condiciones precarias o viven en pobreza, y cuentan con 12 años o menos de escolaridad.
Para dimensionar lo enorme de esta cifra, podríamos llenar por completo el Estadio Banorte (antes Estadio Azteca) cada semana durante más de tres años y todavía faltarían jóvenes por ocupar un lugar.
Pero eso no es todo pues de los 15.4 millones de personas jóvenes con trabajo, el 60% labora en la informalidad, es decir, alrededor de 9.2 millones de jóvenes, casi tantas personas como toda la población que vive en la Ciudad de México.
Un análisis de la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno con motivo del Dia internacional de la Juventud, cuyo objetivo es recordar la importancia de los jóvenes en la sociedad, explica que las condiciones que enfrentan los jóvenes en México como r no estudiar, no encontrar empleo o trabajar en condiciones precarias no es por falta de esfuerzo ni de aspiraciones.
Sus trayectorias están condicionadas por barreras estructurales que no eligieron, como el ingreso de sus hogares, el territorio donde viven, las responsabilidades de cuidado que llevan a cabo, la discriminación y el acceso desigual a educación, protección social y empleos de calidad.
Aunque la cifra ha disminuido, el avance sigue siendo demasiado lento.
En los últimos cuatro años, el número de jóvenes en estas condiciones se redujo apenas en 1.5 millones de personas. Si México mantuviera este ritmo, tomaría cerca de 40 años (prácticamente dos generaciones completas) cerrar esta brecha. Una persona joven que hoy tiene 20 años estaría cerca de cumplir 60 antes de que el país lograra revertir esta situación.
En México, el origen socioeconómico sigue marcando quién puede continuar estudiando. Mientras el 95% de las personas jóvenes de 15 a 17 años que viven en hogares de mayores ingresos sigue estudiando, la proporción cae a 59% entre quienes pertenecen a hogares con menores ingresos.
Para dimensionar esta brecha, si reuniéramos a 20 jóvenes de cada grupo, aproximadamente 8 de quienes provienen de hogares con menores ingresos ya habrían dejado la escuela, frente a solo 1 entre quienes viven en hogares de mayores ingresos.
Entre los 18 y 20 años, la desigualdad se amplía, continúa estudiando el 69% de las personas jóvenes de mayores ingresos, frente a solo el 24% de quienes viven en hogares de menores ingresos.
Además, el 51% de las personas jóvenes no ha concluido la Educación Media Superior, lo que limita sus oportunidades de acceder a empleos dignos y de calidad.
“Es urgente fortalecer las trayectorias educativas, prevenir la salida prematura de la escuela, mejorar la transición entre la educación y el trabajo y ampliar la protección social, que debe funcionar como puente hacia la formalización y construcción de trayectorias laborales dignas, no como un derecho al que solo se accede después de lograr empleo formal”, estableció