
El fenómeno de El Niño previsto para el periodo 2026-2027 podría representar un reto importante para México, debido a sus posibles efectos en la disponibilidad de agua, la agricultura, la industria, la energía, las ciudades y los ecosistemas. Especialistas señalaron que el país debe prepararse desde ahora y no esperar a que los impactos se conviertan en una emergencia.
El tema fue analizado durante el seminario “El Niño 2026: La liga con la emergencia climática global, qué esperar y cómo prepararnos”, realizado este martes 18 de agosto en el Hotel Marriott Reforma de la Ciudad de México. El encuentro reunió a especialistas de instituciones académicas y gubernamentales para hablar sobre las características del fenómeno y sus posibles consecuencias.
Durante las mesas de trabajo se explicó que El Niño es un fenómeno natural que forma parte de la variabilidad climática, pero que sus efectos pueden ser mayores cuando se presentan sobre un planeta que ya registra un aumento importante de temperatura.
Los especialistas señalaron que El Niño no significa que todas las regiones de México tendrán las mismas condiciones. Por el contrario, sus efectos pueden cambiar dependiendo de la zona del país. Entre los escenarios mencionados se encuentran periodos de sequía, temperaturas elevadas, cambios en las lluvias y una mayor posibilidad de eventos meteorológicos extremos.
En el norte y noreste del país se plantearon posibles condiciones de sequías prolongadas, estrés hídrico, riesgo de incendios y temperaturas superiores a los 45 grados. Para el Pacífico mexicano se señaló la posibilidad de una temporada ciclónica activa, mientras que para el centro y sur podrían presentarse periodos de lluvia por debajo del promedio durante algunos meses y precipitaciones superiores al promedio posteriormente.
Uno de los principales temas abordados fue el agua. Los expertos explicaron que El Niño puede modificar diferentes partes del ciclo del agua, no solamente las lluvias, sino también la evaporación, la evapotranspiración, el escurrimiento superficial y la recarga de los acuíferos.
Por esta razón, señalaron que recurrir únicamente a la extracción de agua subterránea para enfrentar una reducción en los niveles de presas, ríos y lagos no representa una solución de largo plazo. Recordaron que durante el periodo 2023-2024 se llegó a una situación complicada, cuando muchas presas del país se encontraban por debajo de 30 por ciento de su capacidad.
La preocupación aumenta debido a que más de la mitad del territorio mexicano se encuentra en una región considerada semidesértica. Además, algunas ciudades y actividades económicas con un alto consumo de agua se han establecido en zonas que ya enfrentan problemas de disponibilidad del recurso.
Los especialistas advirtieron que mantener este modelo de crecimiento puede incrementar los riesgos. Una menor disponibilidad de agua podría generar presión sobre las ciudades y comunidades, además de provocar conflictos entre los diferentes sectores que necesitan el recurso.
También se destacó que los efectos no serían iguales para toda la población. Los grupos con menos recursos podrían tener mayores dificultades para enfrentar la falta de agua y otros impactos derivados del fenómeno. En este punto, se habló también de la carga que representa para muchas mujeres garantizar el acceso al agua en sus hogares.
El sector agrícola sería otro de los más expuestos. Entre los posibles impactos se mencionaron una reducción en los rendimientos, mayores costos de bombeo, pérdidas de cosechas y un incremento en los precios de los alimentos.
Esta situación podría tener consecuencias para la seguridad alimentaria, principalmente en las regiones donde los productores dependen de la disponibilidad de agua y de condiciones climáticas adecuadas para sus cultivos.

Durante las mesas también se señaló que una parte importante de la producción agrícola se encuentra en municipios que han registrado algún nivel de sequía. De acuerdo con lo expuesto por los especialistas, alrededor de 80 por ciento de la producción agrícola se localizaba en municipios con alguna incidencia de sequía, lo que muestra la vulnerabilidad del sector ante estos fenómenos.
La industria tampoco estaría fuera de los posibles efectos. Las actividades que utilizan grandes cantidades de agua, como la industria de alimentos, bebidas y papel, podrían enfrentar restricciones productivas si se encuentran en cuencas con problemas de sobreexplotación.
También se habló de la energía, no solamente por las dificultades que podrían presentarse para la generación, sino por un posible aumento en la demanda de electricidad debido a las altas temperaturas.
En las ciudades, el problema estaría relacionado principalmente con la presión para garantizar el suministro de agua y mantener los servicios necesarios para la población. Por ello, los participantes consideraron que la adaptación debe incluir a todos los sectores y no solamente a las instituciones ambientales.
En materia económica, se reconoció que todavía existe poca información para calcular con precisión los efectos de El Niño en cada sector. Sin embargo, se recordó que el Banco de México estimó que el fenómeno registrado entre 2023 y 2024 tuvo un impacto en el Producto Interno Bruto de entre 164 mil y 188 mil millones de pesos.
También se mencionaron estimaciones de pérdidas en la industria manufacturera de entre 107 mil y 120 mil millones de pesos, lo que refleja que los fenómenos climáticos pueden tener consecuencias que van más allá del medio ambiente y afectar directamente la actividad económica.
Los ecosistemas también podrían resultar afectados. En el panel ambiental se explicó que las condiciones de El Niño pueden modificar los patrones de precipitación en las diferentes regiones del país y afectar ecosistemas áridos, semiáridos, marinos y costeros.
Uno de los ejemplos mencionados fue el de los bosques de macroalgas en el Pacífico mexicano. Según lo expuesto, alrededor de 80 por ciento de este ecosistema desapareció como consecuencia del fuerte fenómeno de El Niño de 2015, además de otros factores como el aumento de erizos que se alimentan de las macroalgas.
Ante un nuevo episodio de condiciones adversas, los especialistas consideraron que no sería suficiente simplemente replantar los organismos. Primero sería necesario reducir las presiones que existen sobre el ecosistema, controlar especies que generan daños y preparar las condiciones para una restauración posterior.
Los manglares también fueron señalados como ecosistemas vulnerables debido a los cambios en temperatura y salinidad. En estos espacios se planteó la importancia de mantener vigilancia sobre organismos que funcionan como indicadores de las condiciones ambientales y trabajar en el control de especies invasoras y en la recuperación de los flujos de agua.
Ante este escenario, los especialistas insistieron en que la adaptación debe comenzar antes de que se presenten los impactos más fuertes. Entre las medidas propuestas estuvieron la captación de agua de lluvia, la recuperación de vasos reguladores, el uso de soluciones basadas en la naturaleza y una mayor eficiencia en el sector agrícola.
Sin embargo, también se aclaró que ninguna estrategia debe aplicarse de manera automática. Por ejemplo, la captación de agua de lluvia requiere procesos adicionales de tratamiento cuando se pretende utilizar para consumo humano, debido a la presencia de diferentes sustancias que pueden encontrarse en el agua recolectada.

También se planteó la necesidad de combinar infraestructura tradicional con soluciones basadas en la naturaleza en zonas donde existe contaminación. Además, los proyectos deben considerar la participación de las comunidades, ya que las intervenciones en el territorio requieren tomar en cuenta a las personas que viven en esas zonas.
Otro punto señalado fue la necesidad de revisar las concesiones de agua para incorporar la variabilidad climática. Los especialistas consideraron que no puede garantizarse el mismo volumen de agua todos los años si las condiciones climáticas pueden cambiar de manera importante.
Finalmente, durante el seminario se destacó que México cuenta con una Contribución Nacionalmente Determinada actualizada y trabaja en la construcción de una Política Nacional de Adaptación al Cambio Climático. Sin embargo, también se reconoció que todavía existen dudas y pendientes para lograr una preparación suficiente.
La respuesta, señalaron los participantes, debe ser colectiva e involucrar a los diferentes niveles de gobierno, la academia, el sector privado, las organizaciones sociales y las comunidades. La intención es utilizar la información científica disponible para tomar decisiones antes de que los riesgos se conviertan en pérdidas.
De esta manera, El Niño 2026 fue presentado no solamente como una amenaza climática, sino como una prueba para la capacidad de México de anticiparse a los problemas. La disponibilidad de agua, la producción de alimentos, la actividad económica, la protección de los ecosistemas y la salud de la población dependerán, en buena medida, de las decisiones que se tomen desde ahora.