
“Si pudiera, le daría un beso y un último abrazo, ese que no le pude dar, que se quedó guardado en los brazos y el alma”, confiesa la señora Lucía Gutiérrez Espinoza, madre de Oswaldo Gutiérrez Espinoza, a quien ya no pudo darle el último adiós, como quería hacerlo como hacen las madres, con un beso, un abrazo y tocarlo por última vez.
“Lo más doloroso es que no puedas abrazar, tocar a tu hijo, y debas conformarte solo con verlo”.
El joven motociclista, era repartidor de una empresa y aquel 10 de septiembre del 2025, debía entregar unas terminales de cobro, cuando explotó la pipa de gas en el puente de La Concordia a las 14:20 horas, cinco minutos antes él llamó por teléfono a su mamá y quedaron en verse “para ir por unos pollos y comer juntos”, pero Oswaldo nunca llegó.
Las primeras imágenes y ya sabía que era su hijo
En entrevista con Crónica, Lucía Gutiérrez, recuerda que se enteró del trágico accidente por un chat de noticias de la Ciudad de México. Vio las primeras imágenes, le pareció ver a su hijo en una fotografía, pero se negó y pensó que era una broma de mal gusto. Su nombre en una lista de heridos, ella no lo podía creer.
“El único teléfono que mi hijo se sabía era el mío, así fue como me contactaron”, y desde Milpa Alta se trasladaba al hospital Emiliano Zapata, donde le dijeron que estaría, pero en el trayecto le informaron que lo llevarían al hospital Enrique Cabrera. Llegó hasta las 22:30 horas.
“Lo que va a ver no es nada agradable, por favor, no llore”
Al pasar a ver a Oswaldo, la instrucción de la doctora fue dura: “lo que va a ver no es nada agradable, por favor no llore. Háblele como siempre lo hace. No deje que se dé cuenta que está mal”.
La señora Lucía, señala que ya le habían limpiado las heridas a Oswaldo, “tenía la piel al rojo vivo, sólo me dijo: `¡duele hasta su p... madre!´
Su hijo estaba totalmente lúcido. Hablaron del accidente, preguntó por el chofer de la pipa, de los equipos que el traía, “me preguntó que si tenía dinero, que si no él desde su teléfono, ponía su huella en la aplicación, al ver sus manos todas negras y quemadas, me dijo:`no va a funcionar´”.
Su sueño era viajar en ambulancia
Lucía sonríe y comparte que el sueño de su hijo era viajar en una ambulancia, en tono de broma le dijo: “ya se te cumplió”, ante la negativa de Owsaldo de que no era así, ella le respondió: “No le pidas las cosas a Dios, porque no sabes cómo te las cumple”.
Su segundo viaje en ambulancia, añade, fue ese mismo día, al hospital del IMSS “Magdalena de las Salinas”.
Lo vi adormilado pero su sangre ya estaba negra
Doña Lucía pensó que su hijo estaba “adormilado” por algún medicamento, la verdad es que tomaron una muestra de sangre, era negra, Oswaldo ya no estaba saturando, había que intubarlo.
“Momentos antes mi hijo me pidió agua, pero sólo me dejaron mojarle los labios”, se le quiebra la voz llora: “si yo hubiera sabido que esa era la última vez que lo iba a ver, le daba el agua, yo no hubiera alargado su agonía. Esa es una de las cosas que más me pesa porque no le di el agua que me pedía”.
La salud de Oswaldo se complicaba: le tuvieron que hacer hemodiálisis, sus riñones habían dejado de funcionar, en ese momento Lucía se enteró que también tenía quemaduras internas y sus pulmones empezaban a colapsar, sin embargo, el día 15, todavía salió bien de un lavado quirúrgico.
Para la mañana del 16, su corazón comenzaba a perder la batalla, sus latidos eran bajos. Se le quiebra la voz, no puede contener las lágrimas, “me dijeron que era probable que en unas horas o el transcurso del día pudiera presentar falla cardíaca”.
No autoricé que le dieran RCP, “ya no lastimen más su cuerpo”
En su corazón, la señora Alicia, ya sabía qué tenía que hacer llegado el momento “respetar la voluntad de mi hijo, y sin saberlo, hablamos de eso un mes antes”, él le dijo que si algún día le pasaba algo, no quería depender de una máquina, o quedar amputado “no me dejes vivir mamá, no quiero vivir una vida así, júramelo... Eso sí no dones nada yo me quiero ir completito como llegué de paquete”.
“Yo se lo prometí y lo iba a dejar descansar, les dije que ya era mucho lo que ya había estado sufriendo mucho”.
Agradece a quienes con sus aportaciones le permitieron darle a su hijo cristiana sepultura y todas las personas solidarias y acudieron al hospital a compartirles su generosidad por llevarles algo de comer en esos momentos tan difíciles.
Al personal médico y de enfermería del hospital Magdalena Salinas del IMSS, su reconocimiento, porque pese al dolor que vivía, con absoluto profesionalismo siempre atendieron a su hijo de la mejor manera y reconfortaron a la señora Lucía cuando ella más lo estaba necesitando".
Sus palabras a su hijo son de agradecimiento, donde quiera que él esté: “gracias por haber sido mi hijo en esta vida. Gracias porque Dios me dio la bendición de ser tu madre aquí en la tierra... Te di lo mejor que pude”.
Oswaldo, fue el mayor de cuatro hijos, el único varón. Llegó a alegrar la vida de Lucía, cuando ella tenía 19 años, 28 años le duró la felicidad y la bendición, expresa de “poder ser su madre en esta tierra, y eso es algo que agradezco a Dios”.
Reconocimiento a labor de la UMAE del Siglo XXI
Es importante resaltar que resultado de la atención que se brindó a pacientes quemados como consecuencia de esta tragedia, el gobierno de la Ciudad de México otorgó un reconocimiento especial al Hospital de Pediatría del Centro Médico Nacional (CMN) Siglo XXI.
La directora de la Unidad Médica de Alta Especialidad (UMAE) del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), doctora María Isabel Estrada Rodríguez, enfatizó que la insignia “Yaotl”, otorgada por las autoridades capitalinas-en noviembre del año pasado-, fue en reconocimiento al compromiso con la atención médica a pacientes pediátricos, afectados por la explosión de la pipa en el Puente de la Concordia.