
En medicina, la teoría no te prepara al cien por ciento para lo que vas a ver en la práctica, “por más que te digan a lo que te puedes enfrentar, no se compara con la realidad”, reconoce Brenda Elizabeth Hernández Nieto, médico pediatra adscrita al Hospital General de Zona (HGZ) No. 53, de Los Reyes La Paz, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
En entrevista con Crónica, asegura que, sin imaginarse la magnitud de la explosión de la pipa de gas en el puente de La Concordia, el 10 de septiembre de 2025, uno de los momentos más difíciles fue pasar por el área de urgencias.
Había muchos lesionados y “lo único que podías ver eran caras tapadas... cuerpos cubiertos, porque las quemaduras que tenían abarcaban el 100% de la superficie corporal”.
La doctora Hernández Nieto fue una de las primeras en atender a la niña Jazlyn Azuleth y a la señora Alicia Matías Teodoro, a quien después llamaron “La abuelita heroína”, quien protegió con su propio cuerpo el de la menor, convirtiéndose en un escudo humano para su nieta.
Casos como el de doña Alicia —quien falleció dos días después del siniestro debido a las graves quemaduras que sufrió— se multiplicaron en un área de urgencias que, de un momento a otro, se saturó.

A un año de la tragedia en La Concordia: una gran prueba
A cinco meses de haber concluido su especialidad, la doctora Hernández Nieto admite que aquella fecha dejó honda huella: “Sí, sí te marcan acontecimientos como los vividos hace un año”.
Aquel día, relata, estaba asignada al área de Urgencias en Pediatría, en el turno vespertino, en lo que parecía ser una jornada laboral más, cuando un fuerte estruendo los sorprendió.
“El jefe de urgencias de entonces, el doctor Guzmán, nos informó que habría un arribo masivo de pacientes, porque había habido un accidente, pero nadie nos imaginamos a lo que nos íbamos a enfrentar”.
Todos al pie del cañón
Aunque atender a pacientes en el área de urgencias ya de por sí es estresante, nada como lo sucedido en el puente de La Concordia, en la alcaldía Iztapalapa, que llevó a todo el personal del HGZ No. 53 del IMSS a mantenerse “al pie del cañón”: doctores, doctoras, personal de enfermería, camilleros y todos los que pudieran ayudar en esos momentos.
Ellas y ellos se mantuvieron en sus puestos de trabajo, todo con tal de dar lo mejor de sí mismos y curar y aliviar los dolores en la medida de sus posibilidades, con el afán de salvarles la vida, aunque, lamentablemente, por la gravedad de las lesiones muchos no lo lograron. De la explosión de aquella pipa, una treintena de personas perdió la vida.

No sabíamos su nombre y no queríamos que fuera sólo “la niña”
En cuanto ingresaron la abuelita Alicia y su nieta, de quien se desconocía su nombre, lo primero fue atenderlas, pero recuerda que “la señora se negaba a recibir atención médica hasta que le dijéramos que la niña estaba bien”.
Resalta que la acción heroica de la abuelita Alicia, de proteger el cuerpo de su nieta, sin duda alguna hizo la diferencia para que la menor pudiera sobrevivir.
“La realidad es que la superficie corporal de un niño no es como la de un adulto, y sin la protección de la abuelita, sí hubiera habido una diferencia abismal”, y pese a ello, la menor llegó con la ropa quemada y pegada al cuerpo.
La importancia de que el personal médico pregunte constantemente el nombre del paciente, explica, es para darles un trato más humano, más cercano. Con Azuleth el problema fue que llegó en estado de shock, no podía hablar y, al no saber su nombre, sólo pudieron tomar una fotografía de su cara para su posterior identificación.
“En la carrera nos enseñan a llamar a los pacientes por su nombre y brindarles un trato más cálido, que no fuera solamente una niña, pero por su condición no podíamos interactuar con ella, hablarle y apenas un pequeño roce en las áreas donde no estaba lastimada, para hacerla sentir menos temerosa”.
Siempre busca mantenerse en equilibrio
“Ningún paciente viene como los libros te lo enseñan”, y por ello siempre busca mantenerse en equilibrio, con fortaleza en su alma y su corazón, “porque al final somos seres humanos atendiendo a otros seres humanos”.
En momentos como los que vivió el 10 de septiembre de 2025, admite que “te puedes bloquear, aunque, afortunadamente, todo el personal pudimos actuar rápido y brindar los primeros auxilios y los cuidados básicos”.
El aprendizaje tras la tragedia de La Concordia, en Iztapalapa
La vida te enseña que no podemos asumir que por tener un cargo o una especialidad ya van a ser muy fáciles todos los pacientes; cada uno es diferente y te va a dejar una enseñanza distinta.
Con la satisfacción del deber cumplido, la doctora Brenda Elizabeth Hernández subraya que su red de apoyo y sostén emocional son sus padres y su esposo, con quienes platica el día a día, sobre todo porque, en el área de pediatría, es imposible no crear vínculos con sus pequeños pacientes.
Ser pediatra, la mejor decisión de mi vida
Convencida de que nació para ser médica, atender y servir, a un año de distancia la doctora Hernández Nieto está cada vez más convencida de que ser pediatra ha sido la mejor decisión que pudo haber tomado en la vida.
“No me veo en otro lado que no sea siendo pediatra. Mi plan es seguirme especializando para estar lo más capacitada posible para atender a pacientes que lleguen y hacerlo en las mejores condiciones”.