
Aunque el brote de gastroenteritis que afectó a médicos residentes del Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga” ha dejado de ocupar los primeros lugares de las noticias, dentro del hospital todavía existe preocupación entre quienes fueron afectados y entre otros trabajadores que diariamente utilizan los servicios de alimentación de la institución.
El problema comenzó a finales de agosto, cuando un grupo de médicos residentes y de alta especialidad presentó síntomas gastrointestinales después de consumir alimentos proporcionados en el comedor institucional. Las autoridades sanitarias informaron inicialmente de 135 personas afectadas y señalaron que los estudios de laboratorio identificaron la presencia de Salmonella spp. y, en algunos casos, Escherichia coli enterotoxigénica. El servicio de comedor para residentes fue suspendido mientras continúan las investigaciones.

Sin embargo, entre los pasillos del hospital la situación todavía genera temor. Después de las reuniones entre las autoridades y los residentes, quienes permanecen dentro de la institución aseguran que todavía existe desconfianza para regresar a consumir alimentos en los espacios destinados para ellos.
Algunos trabajadores prefieren comprar comida en establecimientos ubicados fuera del hospital para evitar volver a pasar por una situación similar. Aunque no todos quieren hablar públicamente de lo ocurrido, quienes aceptan contar parte de su experiencia lo hacen con cierta preocupación por las consecuencias que pudiera tener volver a enfermarse.
La preocupación también alcanza a los familiares de los pacientes. Durante los últimos días, algunos han preguntado a residentes, particularmente del área de Geriatría, cómo se encuentran y qué es lo que realmente está ocurriendo dentro del hospital.

La situación de los médicos afectados también continúa siendo seguida por sus compañeros. De acuerdo con la información difundida recientemente, el número de personas hospitalizadas ha disminuido, aunque algunos residentes han presentado complicaciones que requieren atención médica. El 6 de septiembre, el hospital informó que 23 médicos permanecían internados y que todos se encontraban estables, sin necesidad de terapia intensiva.
No obstante, residentes han señalado que algunos compañeros tuvieron problemas renales durante la enfermedad. Christian Cruz, residente de Geriatría, declaró que el conteo realizado por los propios médicos era mayor al dato oficial inicial y habló de alrededor de 277 afectados. También señaló que algunos pacientes presentaron daño renal y que otros tuvieron que ser sometidos a procedimientos de emergencia.
El lunes 7 de septiembre, los residentes realizaron una protesta para exigir mejores condiciones dentro del hospital. Durante la manifestación también señalaron que el problema de los alimentos era parte de una preocupación más amplia relacionada con las condiciones en las que realizan su trabajo y reciben atención.
Después de las protestas, las autoridades del hospital informaron que llegaron a acuerdos con los residentes para garantizar la atención de las personas afectadas y dar seguimiento a las condiciones del servicio de alimentación. A pesar de estos acuerdos, el ambiente dentro de la institución continúa siendo de incertidumbre.

Durante recorridos por las instalaciones se pueden observar áreas que, de acuerdo con trabajadores, requieren mayor mantenimiento. En espacios como Geriatría existen zonas donde las condiciones físicas, incluyendo algunas losetas deterioradas, generan una imagen poco agradable para pacientes, familiares y personal médico.


Otro punto que ha llamado la atención son las áreas ubicadas detrás de los comedores. Ahí se encuentran espacios destinados para residuos presentando un olor fuerte y desagradable. Estas condiciones han generado preguntas entre quienes recorren diariamente el hospital sobre la necesidad de mejorar el manejo de los desechos y las condiciones de limpieza.
El comedor para residentes permanece cerrado, mientras que todavía existen alimentos y productos almacenados en las instalaciones. En algunas zonas también continúan labores de limpieza mientras pasan pacientes, médicos y enfermeros, situación que ha generado preocupación entre algunos trabajadores sobre la necesidad de reforzar los procesos de higiene.

Los residentes, por su parte, mantienen una petición que va más allá de la reapertura o cierre de un comedor. Solicitan que se mejoren las condiciones generales en las que realizan sus actividades, que existan insumos suficientes y que se atiendan las deficiencias que han señalado durante los últimos días.

Aunque el caso ya no tiene la misma atención mediática que tuvo cuando comenzaron a registrarse las primeras intoxicaciones, para quienes trabajan y estudian dentro del Hospital General la situación no ha terminado.
El temor permanece cada vez que llega la hora de comer. Para algunos residentes, comprar alimentos afuera se ha convertido en una forma de sentirse más seguros, mientras esperan que las investigaciones determinen qué ocurrió y que las autoridades garanticen que algo similar no vuelva a suceder.
El brote puso nuevamente bajo la mirada pública las condiciones en las que trabajan los médicos residentes. Ahora, el reto para las autoridades será demostrar que las medidas anunciadas no se quedan solamente en acuerdos, sino que se traducen en mejores condiciones de higiene, alimentación, mantenimiento e insumos dentro del Hospital General de México.