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Jesús Hernández, médico urgenciólogo del HGZ No. 53 del IMSS se quedó a apoyar en todo lo que pudiera

Había concluido su jornada laboral, pero la enorme fumarola lo llevó a quedarse a ayudar

Atención médica en La Concordia Aunque su jornada laboral había concluido, el doctor Jesús Hernández, médico urgenciólogo del HGZ No. 53 del IMSS decidió quedarse a apoyar a los heridos por la explosión de la pipa de gas en el puente de La Concordia

Eran pasadas las dos de la tarde, había concluido su jornada laboral y cuando estaba por retirarse “sentí cómo se cimbró la unidad médica y obviamente empezamos a oír que había ocurrido un accidente muy cercano... Desde el estacionamiento se alcanzó a ver una enorme fumarola”.

Así lo recuerda Jesús Domingo Hernández Raya médico urgenciólogo, adscrito al Hospital General de Zona (HGZ) No. 53, de “Los Reyes La Paz” del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), quien como muchos de sus compañeros decidió quedarse en el hospital para ayudar en la emergencia, luego de la pipa de gas que explotó en el puente de la Concordia el 10 de septiembre del 2025.

Nadie me obligó a quedarme

En entrevista con Crónica, asevera que el instinto de quedarse a ayudar, no fue porque nada ni nadie lo hubiera obligado, sino que el sentido humanitario lo llevó a brindar toda la atención posible “son papás, hermanos, hijos y sabemos que alguien afuera los espera”.

En la especialidad de urgencias lo que nos motiva a seguir trabajando es saber que podemos ayudar a las personas, máxime cuando Protección Civil avisó que habría un arribo masivo de pacientes.

“Los primeros heridos no llegaron en ambulancia, fueron trasladados por los elementos de Seguridad Pública en las camionetas, en carros particulares que apoyaron a traer a todos los lesionados a la unidad médica.

Los primeros tres con quemaduras muy importantes", entre ellos la abuelita Alicia Matías, su nieta Jazlyn Azuleth y un joven “que iba detrás de la pipa”, todos ellos con quemaduras de importancia.

Todos operaron con gran coordinación

El médico especialista admite que sin saber a qué se enfrentarían de manera coordinada se prepararon para implementar el Protocolo Naranja, que es el arribo masivo de pacientes “y se movilizó todo un equipo multidisciplinario: médicos, enfermeras, camilleros, limpieza, almacén todo fue una planeación estratégica para recibirlos”.

Al ver un paciente, sabes cuál es el pronóstico

El médico urgenciólogo reconoce que desde que comenzaron a llegar los primeros pacientes, ver la magnitud de las quemaduras, y una primera atención de emergencia, ellos sabían cuál era el pronóstico, por lo que además de colaborar en la atención de procedimientos, en el área de choque y observación, también ayudó a preparar el traslado de muchos de los heridos a otros hospitales.

“Muchos de heridos no fueron atendidos en esta unidad, sino que se trasladaron a unidades de tercer nivel y tuvimos que llevarlos a un área donde pudiera bajar el helicóptero del Grupo Relámpago”.

Mentiríamos si decimos que mantuvimos el control al 100%

El especialista admite que entre el deber profesional y el ser humano, hay una línea muy delgada, “decir que mantuvimos el control al cien por ciento estaríamos mintiendo. En algún momento por el arribo masivo de los pacientes nos sentimos impotentes, pero eso no nos dejó de impulsar de dar tratamiento y mantenernos en la mayor calma posible”.

Comparte que como la mayoría de las personas, y esa necesidad de creer en un ser supremo-, él también pide antes de iniciar un tratamiento, que le dé sabiduría, y sostén emocional para afrontar las situaciones que se le presentan.

“Cuando estamos enfrente del paciente no podemos mostrar esa debilidad, porque de nosotros depende el pronóstico que pueda recibir esa persona”.

Trato humanitario

Un joven de nombre Eduardo, relata, ingresó casi caminando pese a las quemaduras de tercer grado -que destruyen las terminaciones nerviosas que mandan la señal de dolor al cerebro-, por eso pudo llegar al área de choque.

“Dijo que no tenía dolor, que le preocupaba porque empezaba a sentir mucho sueño, y tenía mucha preocupación por sus familiares, y tratamos de integrar esta parte humanitaria, hablar con él para tranquilizarlo”, y proceder a su atención.

La abuelita Alicia Matías, detalla, no dejaba casi que le hiciéramos ningún procedimiento hasta que supiera algo de su nieta, entonces tuvimos que salir corriendo al área de pediatría, para conocer del estado de salud de la niña e informarle a la paciente, y fue hasta entonces cuando accedió a recibir tratamiento... Esos pacientes marcaron de manera muy importante en mi vida".

Resalta que en urgencias y más en el área de choque sale lo mejor de cada médico, para poder ejercer con tranquilidad, sabiduría y poder aplicar toda la experiencia para atender y dar un buen pronóstico, aunque llega el momento en que termina la parte profesional y comienza la parte humana, “ahí es donde empezamos a resentir todo” y buscan consuelo de todo lo que viven.

Su mayor pasatiempo, enseñar lo vivido

El doctor Jesús Hernández Raya, con cuatro años de ejercer en el HGZ No. 53 confiesa con cierto aire de satisfacción, que su mayor pasatiempo es su segundo trabajo, ya que imparte cátedra a estudiantes de medicina en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza.

“Es una actividad que me recrea, que me apoya mucho”, y en la que tiene la oportunidad de compartir las experiencias que la práctica profesional le deja, a través de lo cual, además de enseñar, le permite desestresarse de todo lo que vive en la sala de urgencias.

La emergencia por el terrible accidente en el puente de la Concordia deja la experiencia de que cuentan con la capacitación “estamos preparados, para atender -cita a Peter Rosen, considerado uno de los pioneros de la especialidad de urgencias moderna-, a cualquier persona, a cualquier problema y en cualquier momento. Creo que esa es la esencia de ser médico urgenciólogo que estamos conscientes de que en cualquier momento puede llegar a alguna situación y hay que dar la atención médica”.

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