
La Secretaría de Hacienda entregó al Congreso el Paquete Económico para 2027. El documento es técnicamente prolijo, políticamente optimista y económicamente revelador, pero no de la manera que el gobierno quisiera. Lo que los números muestran, leídos con cuidado, es un Estado que gasta más de lo que ingresa, que paga más en intereses de lo que invierte en sus prioridades, y que no tiene margen real para cambiar de rumbo.
El escenario macroeconómico: optimismo con asterisco
El paquete se construye sobre un supuesto de crecimiento de entre 1.5 y 2.5% real para 2027, inflación de 3.0% al cierre del año, tasa de Cetes en 6.0% y tipo de cambio de 18.0 pesos por dólar. Son supuestos razonables en un escenario base. El problema es que el escenario base rara vez es el que se materializa.
El propio documento reconoce riesgos a la baja significativos: tensiones geopolíticas en Medio Oriente, nuevas barreras comerciales, deterioro de condiciones financieras globales y menor dinamismo de la economía estadounidense. Y hay un patrón que conviene señalar: el rango de crecimiento propuesto para 2027 es prácticamente idéntico al que se propuso para 2026, que terminará entre 1.0 y 2.0%. El historial de proyecciones optimistas seguidas de resultados moderados no es nuevo, y este paquete no rompe ese patrón.
El problema de la recaudación:
seguimos recaudando poco
Los ingresos tributarios llegarán a un nuevo máximo histórico de 15.9% del PIB en 2027. Eso suena bien hasta que se pone en perspectiva: el promedio de la OCDE supera el 33% del PIB. México recauda menos de la mitad de lo que recaudan los países con los que aspira a compararse, y lo hace sin nuevos impuestos ni aumento de tasas, confiando en mejoras de fiscalización y en el crecimiento económico previsto.
La dependencia de los ingresos petroleros sigue siendo un talón de Aquiles. En 2027 caerán 14.4% en términos reales respecto al cierre estimado de 2026, porque el precio del petróleo proyectado baja de 78.4 a 61.8 dólares por barril. Esa caída de casi 17 dólares explica por sí sola una parte importante del deterioro de los ingresos. Si el petróleo cae a 55 dólares (algo que no es descabellado) el déficit se dispara automáticamente. Décadas después de que el problema fue identificado, México sigue sin haberlo resuelto.
El gasto: 84% ya está comprometido antes
de abrir el sobre
El gasto neto total asciende a 10,515.1 miles de millones de pesos, equivalente a 26.7% del PIB. Pero la pregunta relevante no es cuánto se gasta, sino cuánto se puede decidir cómo gastar.
La respuesta es inquietante. Del gasto programable total, el 60% corresponde a gasto corriente, el 24.8% a pensiones y jubilaciones, y apenas el 15.3% a inversión. Sumando el gasto no programable (costo financiero, participaciones a estados y Adefas) el margen de maniobra efectivo del presupuesto es mínimo. Más del 84% del gasto está comprometido antes de que el gobierno tome una sola decisión discrecional. El margen para reasignar recursos hacia inversión productiva, infraestructura o capital humano es estructuralmente pequeño. Y en 2027, no crece.
Pero hay un número que no aparece en el déficit ni en la deuda oficial, y que representa la presión fiscal más silenciosa y más amenazante del presupuesto: el pasivo pensionario. El total de obligaciones pensionarias del sector público asciende a 13,214.2 miles de millones de pesos, equivalente a 37.4% del PIB. Solo el ISSSTE representa 21.0% del PIB en obligaciones futuras. Esa deuda no se contabiliza en el SHRFSP, no aparece en los titulares, y sin embargo alguien tendrá que pagarla. Y el problema se agravará: según proyecciones del CONAPO citadas en el propio documento, la población de 60 años y más pasará de 13.2% del total en 2026 a 24.1% en 2050. México está envejeciendo aceleradamente antes de haber construido la capacidad fiscal para financiar ese envejecimiento. El presupuesto de 2027 no contiene ninguna medida estructural para enfrentar esa trayectoria.
El costo financiero: la deuda que devora el presupuesto
Este es el dato más revelador del paquete. El costo financiero de la deuda del Sector Público en 2027 será equivalente a 4.0% del PIB, aproximadamente 1,575 miles de millones de pesos. Para dimensionar lo que eso significa, hay que compararlo con otras partidas. El costo financiero de la deuda es mayor que el total de los programas sociales prioritarios (Pensión para Adultos Mayores, Mujeres Bienestar, Jóvenes Construyendo el Futuro, becas educativas y todos los demás), que suman 1,025.4 miles de millones de pesos. Es mayor que el gasto en educación pública. Es mayor que el gasto en salud. Es mayor que el gasto de inversión. El Estado mexicano gasta más en pagar los intereses de lo que debe que en cualquier función sustantiva de gobierno.
La analogía con las tarjetas de crédito es exacta: los Requerimientos Financieros del Sector Público (el déficit total) serán de 3.9% del PIB en 2027, mientras que el costo financiero de la deuda equivale a 4.0% del PIB. Nos estamos endeudando básicamente para pagar los intereses de la deuda que ya tenemos. Es decir, estamos usando una tarjeta de crédito para pagar el mínimo de otra.
Y el problema no mejora con rapidez. La deuda pública medida por el SHRFSP pasará de 54.0% del PIB estimado para 2026 a 55.0% en 2027. En el horizonte de mediano plazo que presenta el propio documento, la deuda seguirá subiendo hasta 56.5% del PIB en 2031, para luego estabilizarse. No baja. Se estabiliza en un nivel más alto.
El déficit: una reducción que no es reducción
El gobierno presenta la caída del déficit presupuestario de 3.6% a 3.4% del PIB como evidencia de responsabilidad fiscal. Y el RFSP bajará de 4.1% a 3.9%. Ambas cifras son correctas.
Pero una reducción de 0.2 puntos porcentuales del PIB en un año no es consolidación fiscal: es mantenimiento del statu quo. Para que la deuda efectivamente bajara como proporción del PIB se necesitaría un superávit primario significativamente mayor, tasas de crecimiento mucho más altas, o ambas cosas. El paquete no ofrece ninguna de las dos. El balance primario (ingresos menos gastos, excluyendo el costo financiero) se proyecta en apenas 0.5% del PIB, insuficiente para estabilizar la deuda dado el diferencial entre la tasa de interés implícita y la tasa de crecimiento de la economía. El propio paquete lo reconoce implícitamente al mostrar una trayectoria de deuda que no converge hacia abajo antes de 2032.
Lo que el paquete no resuelve
El Paquete Económico 2027 es un ejercicio de administración responsable de una situación difícil. No es un programa de transformación fiscal. No cierra la brecha de recaudación. No reduce el peso de la deuda. No libera margen presupuestal para invertir en los factores que determinarán la competitividad de México en la próxima década: infraestructura, capital humano, adopción tecnológica.
Lo que hace es mantener el barco a flote, un año más, con los mismos desequilibrios estructurales que hemos documentado en esta serie de artículos: una economía que crece por debajo de su potencial, que recauda poco, que gasta rígidamente, y que paga un costo financiero que compite en tamaño con sus propias prioridades sociales. Y debajo de todo eso, una bomba de tiempo demográfica que el presupuesto ni siquiera menciona como urgencia.
La pregunta que el presupuesto no responde es la más importante: ¿cuándo y cómo sale México de este círculo?.