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“Entre el 25% del alumnado con mayor ventaja socioeconómica y el 25% en mayor desventaja hay 68 puntos de diferencia, una brecha que equivale a tres o cuatro ciclos escolares”, advierte la especialista en Educación de la Ibero, Jimena Hernández Fernández.

Hasta cuatro ciclos escolares de brecha entre alumnos mexicanos revela prueba PISA: IBERO

Estudiantes de la Secundaria Técnica Rafael Dondé en la Ciudad de México.
Foto: Cuartoscuro
La prueba PISA también exhibe una fuerte brecha entre alumnos con mejor posición socioeconómica contra los que tienen una posición baja. Foto: Cuartoscuro (Victoria Valtierra Ruvalcaba)

Los resultados de la prueba PISA 2025 muestran que el problema educativo en México no solo muestra un bajo puntaje en materias claves, también exhiben que las oportunidades para aprender en este país están profundamente marcadas por la desigualdad pues la diferencia entre los alumnos con mayor ventaja socio económica contra los que están en desventaja equivale a tres o cuatro ciclos escolares.

“Entre el 25% del alumnado con mayor ventaja socioeconómica y el 25% en mayor desventaja hay 68 puntos de diferencia, una brecha que equivale a tres o cuatro ciclos escolares”, advierte la especialista en Educación de la Universidad Iberoamericana (IBERO), Jimena Hernández Fernández,

Además de la brecha socioeconómica, sólo 12% del alumnado mexicano en condiciones de mayor desventaja logra colocarse entre quienes obtienen los puntajes más altos de su país, grupo que PISA denomina estudiantes “resilientes”.

“PISA muestra que el aprendizaje sigue marcado por la desigualdad”, recalca, Jimena Hernández Fernández, docente investigadora del Centro INIDE de la Ibero.

Durante la mesa de análisis “Repensar la educación tras la prueba PISA. Brechas, tecnología y políticas para el aprendizaje”, investigadoras del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias para el Desarrollo de la Educación (Centro INIDE) de la IBERO y de la Dirección de Planeación Estratégica e Innovación, los especialistas

Otro de los hallazgos centrales de PISA 2025 es la expansión de la tecnología en las aulas donde se detectó que la inteligencia artificial ya llegó a las escuelas mexicanas principalmente a través del estudiantado y no necesariamente mediante una estrategia educativa institucional, lo que evidencia una falta de política gubernamental en este sentido.

La Directora General de Planeación Estratégica e Innovación de la IBERO, Cimenna Chao Rebolledo, explicó que sólo 8% de las y los estudiantes mexicanos reportó no haber utilizado nunca inteligencia artificial, frente a 14% en el promedio de la OCDE.

Paralelo a ello, aproximadamente la mitad estudia en planteles donde se reportan carencias de infraestructura tecnológica.

“Más tecnología no significa necesariamente más aprendizaje”, advirtió la especialista.

PISA encontró además que quienes utilizan inteligencia artificial de manera recurrente sin formación para evaluar críticamente sus resultados pueden presentar desempeños incluso inferiores a quienes no la utilizan, mientras que el panorama mejora entre quienes aprendieron a cuestionar y verificar lo producido por estas herramientas.

Sólo 59% del estudiantado mexicano reportó recibir formación relacionada con este uso crítico de la IA.

La especialista subrayó otro dato: 37% del alumnado mexicano afirma que sus compañeros se distraen con dispositivos en casi todas las clases de ciencias, frente a 28% en promedio entre los países de la OCDE.

CADA 6 AÑOS

Tatiana Mendoza, docente investigadora del INIDE, consideró que en matemáticas, es necesario reducir la saturación de contenidos y favorecer el aprendizaje mediante la resolución de problemas, en lugar de fragmentar los conocimientos en ejercicios aislados.

Las especialistas coincidieron en que los resultados de 2025 no pueden atribuirse simplemente a la Nueva Escuela Mexicana: las y los jóvenes evaluados habían cursado apenas alrededor de dos años bajo ese plan y acumulan aprendizajes de prácticamente toda su educación básica.

Tampoco consideraron conveniente responder con una nueva reforma como cada seis años.

“Llegar con una nueva idea de qué se tiene que aprender cada seis años no le viene bien a nuestros estudiantes”, señaló Jimena Hernández.

Para Marisol Silva, cualquier transformación educativa necesita tiempo para consolidarse, pero también evaluación y capacidad para corregir lo que no funciona.

El desafío, sostuvo, consiste ahora en aprovechar PISA no como una discusión pasajera, sino para “poner el derecho al aprendizaje en el centro de la política educativa”.

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