
El Huracán Polo, que en las últimas horas ha pasado de categoría 5 a 4, se ha convertido en uno de los fenómenos atmosféricos más potentes en la historia reciente. Su presencia cercana a las costas del Pacífico en nuestro país han puesto en alerta a diferentes estados debido a sus efectos, que no han sido catastróficos gracias a que su trayectoria ha impedido que llegue hasta tierra. A esto, se le suma la presencia de un anticiclón, que ha permitido que continúe avanzando hacia nuestro territorio.
¿Qué es un anticiclón y cómo evita que los huracanes se muevan?
Un anticiclón es una zona de la atmósfera donde existe alta presión, es decir, donde el aire tiende a descender desde las capas altas hacia la superficie. Este movimiento genera condiciones generalmente más estables, con menos nubes y lluvias.
Además, en el hemisferio norte del mundo, el aire gira alrededor del anticiclón en el sentido de las manecillas del reloj, de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional.
En el caso de los huracanes, el anticiclón no funciona como una “pared” que los detenga, sino que modifica su trayectoria al actuar como parte de las corrientes de aire que los dirigen.
La NOAA explica que los grandes sistemas de alta y baja presión pueden “empujar” a los huracanes y hacer que cambien de dirección; por ejemplo, una zona de alta presión puede favorecer que un ciclón avance hacia el oeste o, al llegar a su borde, que se desvíe hacia el norte.
¿Por qué el Huracán Polo ha sido catalogado como uno de los más fuertes de la historia?
El huracán Polo ha sido considerado uno de los huracanes más potentes registrados en el Pacífico oriental debido a la intensidad extraordinaria que alcanzó en muy poco tiempo.
De acuerdo con el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, organismo de la NOAA, Polo llegó a convertirse en un huracán categoría 5, el nivel máximo de la escala Saffir-Simpson, y durante la madrugada del 23 de septiembre todavía mantenía vientos máximos sostenidos de 270 kilómetros por hora una presión central mínima de 905 milibares.
Sin embargo, su máximo registrado hasta ahora fue todavía mayor: un avión cazahuracanes de la NOAA encontró el 22 de septiembre vientos sostenidos de aproximadamente 285 kilómetros por hora y una presión de 892 milibares, valores que explican por qué especialistas lo han situado entre los ciclones más intensos de la historia del Pacífico.