El cierre de la Gira de Resultados de la Presidenta Claudia Sheinbaum congregó a miles de personas que acudieron al Zócalo de la Ciudad de México. Entre los asistentes destacaron beneficiarios de los programas sociales del Gobierno federal, particularmente adultos mayores, estudiantes y jóvenes que reciben apoyos directos.
Intentar llegar al Zócalo capitalino o a sus alrededores desde temprano se convirtió en una travesía indeseable para los conductores que circulaban sobre la Calzada de Tlalpan; aquello fue un martirio pues, varios kilómetros antes de llegar a la Plaza de la Constitución, decenas de camiones y microbuses quedaron varados en la avenida. Eran los automoroes que trasladaron a buena parte de los contingentes de Morena que comenzaron a llegar desde las cinco de la madrugada.

Muchos caminaron con dificultad durante largas distancias para llegar a los puntos de concentración que les habían sido asignados. Algunos llegaron en silla de ruedas, otros se apoyaron en bastones o andaderas, mientras que algunos más avanzaron ayudándose, dándose ánimos entre sí, para continuar el recorrido. Un congomerado humano que no trataba de informarse (como oficialmente se presentó el evento), su objetivo fue claramente apoyar a la administración federal. Al grito de “¡Presidenta, Presidenta!”, jóvenes, niños, adultos, hombres, mujeres y personas con discapacidad compartieron las calles, aunque la presencia de adultos mayores fue particularmente notable.
Ataviados con gorras, playeras, banderas, paliacates y sombreros, los asistentes desfilaron por las calles 5 de Mayo, Madero, Tacuba y otras vialidades aledañas. A su paso encontraron pintas y vallas que permanecían en el lugar después de la movilización realizada el sábado 28 por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Quienes arribaron al Centro Histórico después de las 10 de la mañana ya no tuvieron oportunidad de ingresar al Zócalo. Los policías encargados de vigilar los accesos anunciaron, aproximadamente media hora antes de que Sheinbaum subiera al escenario: “Ya no se permite el ingreso a la plancha, el lugar está lleno; diríjase a observar las pantallas”.
La advertencia generó preocupación entre algunos asistentes: Varios suplicaban a los uniformados que les permitieran el paso pues, aseguraban que, si no lograban ingresar y tomarse la fotografía, “les descontarían dos días de trabajo”.
Entre los asistentes que consiguieron un lugar para escuchar el discurso de la Presidenta estaban quienes soportaron más de cinco horas de espera. Aguantaron el frío de la mañana y, horas después, justo al inicio del discurso presidencial, el intenso calor del mediodía. El cansancio terminó por imponerse en algunos casos: algunos permanecían dormidos y ni los altavoces que formaban un cerco en torno al Zócalo consiguieron despertarlos.
Para quienes tenían menor interés en el evento político, unos minutos de presencia fueron suficientes y comenzaron a retirarse antes de que Claudia Sheinbaum concluyera su discurso y su rememoración de la lucha independentista. La preocupación, explicaban, era que “les fueran a cerrar el Metro”.
Los contingentes más numerosos y los asistentes más fieles al discurso de la Cuarta Transformación permanecieron hasta el final. Allí estaba la masa fiel, y desde sus zonas en la plancha del Zócalo se escucharon vítores y aplausos, aunque, conforme avanzaban las horas, se hicieron cada vez más débiles.
Al preguntar a distintos asistentes cuáles consideraban los principales aciertos de la administración de Sheinbaum, las respuestas coincidieron en un punto: los programas sociales.
No hay misterio en ese punto.

Un hombre de aproximadamente 70 años contó que sigue al movimiento desde los tiempos de Cuauhtémoc Cárdenas y que ha sido testigo del nacimiento de la Cuarta Transformación. Para él, uno de los principales puntos del movimiento es la defensa de la soberanía nacional y el principio de no intervención que, afirmó, la actual mandataria ha colocado entre las prioridades de su gobierno.
Al finalizar el discurso de Sheinbaum, comenzó la entonación del Himno Nacional. Durante esos minutos, el movimiento al interior del Zócalo se detuvo, las conversaciones cesaron y las miradas se dirigieron nuevamente hacia el centro del escenario.
Concluido el acto protocolario, los asistentes emprendieron la retirada. La mayoría tomó rumbo hacia las estaciones del Metro Bellas Artes y Allende.
Entonces llegó el otro contingente, la retaguardia de estas concentraciones: las cuadrillas de limpieza de la Ciudad de México. Ataviados con sus característicos uniformes guinda, los trabajadores comenzaron a recorrer la plancha y las calles aledañas para recoger los vestigios de la concentración: carteles abandonados, empaques de comida, botellas de plástico, vasos desechables, artículos de propaganda y papeles, entre otros residuos.
En cuestión de minutos, el escenario que horas antes había estado ocupado por miles de personas comenzó a recuperar su aspecto habitual. La multitud se había marchado y, detrás de ella, quedaron únicamente los rastros de una jornada política que había comenzado desde antes del amanecer.