
En las grandes ciudades mexicanas convive un malestar que casi nunca se denuncia formalmente, aunque la mayoría lo padecen: el ruido del departamento de al lado, de la fiesta del fin de semana, del taladro que no para o de la música que se escucha de madrugada. Vivir cerca unos de otros no debería, en principio, ser motivo de enfrentamiento, sin embargo, lo es, causando repercusiones en distintos aspectos de la vida cotidiana y salud. En ese sentido, estamos desarrollando una serie de estudios sobre Ruido y Bienestar, que iremos presentando en distintas entregas.
En esta primera, queremos abordar los conflictos que se generan por ruido en zonas urbanas de México, con base en un estudio elaborado a partir de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU, 2024) y utilizando un modelo estadístico de probabilidades, muestra que el sonido se ha convertido en una de las principales fuentes de tensión entre quienes comparten un edificio, una vecindad o una misma cuadra.
De acuerdo con la evidencia, cerca del 44% de las personas en zonas urbanas había vivido alguna situación conflictiva relacionada con el ruido. La cifra revela que no se trata de una molestia excepcional, sino de una fuente constante de fricción en la vida diaria de las ciudades.
Vivir en departamento, vivir con más ruido
Uno de los hallazgos más claros del estudio es que el tipo de vivienda influye directamente en la posibilidad de tener un conflicto por ruido. Quienes viven en departamentos dentro de un edificio tienen 60% más probabilidades de reportar un enfrentamiento por esta causa que quienes viven en una casa independiente.
El patrón tiene una explicación relativamente sencilla: entre más cerca están las viviendas unas de otras, y entre más delgados son los muros que las separan, mayor es la exposición involuntaria al sonido de los vecinos. La proximidad física, la falta de amortiguadores acústicos y la baja calidad de la construcción convierten el ruido cotidiano en un motivo recurrente de fricción social.
El vecino, el principal protagonista del conflicto

El estudio identificó con quién es más probable tener enfrentamientos por ruido. Los vecinos aparecen como el actor más frecuente (44%), le siguen los desconocidos en la calle (42%), los establecimientos comerciales (41%), por señalar algunos. Esta variedad de actores muestra que el ruido no se queda en el ámbito privado del hogar, se extiende a la relación con comercios, con desconocidos y con el entorno inmediato, y se convierte en un fenómeno que atraviesa distintos espacios de la convivencia urbana.
Cuando el diálogo funciona y cuando no
Las consecuencias de estos conflictos varían en gravedad, pero incluso las menos severas resultan significativas. Los empujones aumentan 30% la probabilidad de que un conflicto por ruido escale, mientras que haber sufrido una herida por arma de fuego durante un enfrentamiento la incrementa 346%. Aunque estos hechos extremos son poco frecuentes, su magnitud estadística revela hasta dónde puede llegar una disputa que comenzó por un sonido molesto.
En contraste, el diálogo o la plática entre las partes reduce en 20% la probabilidad de que el conflicto ocurra, lo que confirma el papel que puede jugar la comunicación directa en la contención de estas disputas. Llama la atención que el contacto con las autoridades no tuvo un efecto estadísticamente significativo, lo que sugiere que acudir a instancias formales no necesariamente resuelve el problema, y puede reflejar una desconfianza extendida hacia los mecanismos institucionales de mediación.
La geografía del ruido

Los mapas de calor elaborados con los datos de la ENSU permiten ver con claridad que estos conflictos no se distribuyen al azar en el territorio, sino que forman una verdadera geografía del malestar acústico.
En la Ciudad de México, la zona roja, la de mayor probabilidad de conflicto en todo el país, se concentra en las alcaldías centrales: Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Venustiano Carranza e Iztacalco, donde predominan los edificios de departamentos y la alta densidad de construcción. Conforme uno se aleja hacia la periferia, hacia los municipios del Estado de México donde predominan las casas unifamiliares, el mapa pasa del naranja al amarillo y finalmente al azul, es decir, de mayor a menor probabilidad de enfrentamientos por ruido.
En la Zona Metropolitana de Guadalajara se observa un patrón parecido, aunque de menor intensidad: el municipio central alcanza una probabilidad media, mientras que Zapopan, Tlaquepaque y Tlajomulco de Zúñiga, a su alrededor, se mantienen en el nivel más bajo. La Zona Metropolitana de Monterrey, en cambio, presenta un comportamiento distinto: prácticamente todo su territorio aparece en probabilidad baja y de forma homogénea, sin que ningún municipio concentre el problema como sí ocurre en el centro de la capital del país.
El ruido como política pública
Los resultados de este estudio permiten ver el ruido urbano bajo una luz distinta, no como una molestia menor ni como un simple problema técnico de infraestructura, sino como una expresión más de las desigualdades habitacionales que existen en las ciudades mexicanas. Las personas que viven en condiciones de mayor densidad y precariedad de construcción son, al mismo tiempo, quienes enfrentan con más frecuencia los conflictos derivados del ruido.
Atender este problema requiere, por un lado, mejorar las condiciones acústicas de la vivienda social, sobre todo en los hogares con mayor rezago habitacional, y por otro, fortalecer las redes de mediación vecinal que permitan resolver estas disputas antes de que escalen hacia la violencia. También es necesario que las autoridades locales cuenten con protocolos y capacidad técnica para atender las quejas por ruido de manera oportuna.
El ruido, en suma, no es solo un asunto de decibeles. Es un síntoma de cómo se distribuyen de manera desigual las condiciones para vivir con bienestar dentro de las ciudades, y de que el derecho al descanso, como otros derechos urbanos, depende de las desigualdades del hogar y la colonia donde uno vive.
Los análisis de especialistas de la Universidad Iberoamericana se presentan a nuestros lectores cada 15 días en un espacio coordinado por el Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.
Comentarios: pablo.cotler@ibero.mx
* Oscar Martinez es profesor-investigador del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas e investigador afiliado al Equide. Miguel Martínez es investigador y estudiante del Doctorado en el Departamento de Ciencias Sociales y Políticas.