
México ha avanzado de manera importante en la incorporación de las mujeres al mercado laboral. Hoy trabajan más mujeres que hace veinte años, incluso aquellas con hijos pequeños, un grupo históricamente más limitado por las responsabilidades de cuidado. Sin embargo, detrás de este avance surge una pregunta menos visible, pero fundamental: ¿las mujeres están accediendo a mejores empleos o simplemente a más empleos?
Un estudio reciente de las economistas Inés Berniell y Raquel Fernández analiza la evolución de la participación laboral femenina en cinco grandes economías latinoamericanas: Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México. Los resultados muestran que la presencia de las mujeres en el mercado laboral ha crecido de forma sostenida en toda la región, aunque con diferencias importantes entre países.
Entre principios de la década de 2000 y el periodo 2022-2024, Chile registró el mayor aumento en la participación laboral femenina, con cerca de 22 puntos porcentuales. Le siguieron México, con 14 puntos; Argentina, con 12; Colombia, con seis; y Brasil, con cuatro. Parte de este avance se explica por dos transformaciones de largo plazo: la reducción de la fecundidad y el aumento de la escolaridad femenina. Tener menos hijos reduce las demandas de cuidado y facilita la incorporación al trabajo remunerado, mientras que mayores niveles educativos amplían las oportunidades laborales y elevan los incentivos para participar en el mercado laboral.
Pero la historia no termina ahí. El estudio también encuentra que, incluso comparando mujeres con características familiares similares, la participación laboral ha aumentado de manera significativa. Esto sugiere que otros factores, como cambios culturales, una mayor aceptación social del trabajo femenino, mejores oportunidades educativas y una mayor flexibilidad laboral, podrían haber contribuido a esta transformación.
México constituye un caso particularmente interesante. Entre las mujeres con hijos menores de seis años, la participación laboral pasó de 43% a 53% entre 2003 y 2023. Entre aquellas con hijos de seis a doce años aumentó de 53% a 63%, mientras que entre las mujeres sin hijos menores de trece años pasó de 54% a 66%. En otras palabras, el crecimiento de la participación laboral femenina no se explica únicamente porque hoy existan menos mujeres con hijos pequeños. También refleja una mayor presencia de las mujeres en el mercado laboral independientemente de su situación familiar.
La educación ha desempeñado un papel importante en este proceso. La escolaridad promedio de las mexicanas consideradas en el estudio aumentó de 7.1 años en 2003 a 9.4 años en 2023. Según las autoras, aproximadamente cinco de los catorce puntos porcentuales de aumento en la participación laboral pueden atribuirse a esta mejora educativa.
Hasta aquí, las noticias parecen alentadoras. Sin embargo, participar en el mercado laboral es solamente una parte de la historia. La calidad de esa participación es igualmente importante.
Para explorar este tema se analizan datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de 2025. Estos muestran que las mujeres continúan concentrándose en un número reducido de actividades económicas. Cerca de una cuarta parte trabaja en el comercio y otra proporción similar en servicios personales, sectores que suelen presentar menores niveles de productividad, informalidad elevada y oportunidades limitadas de crecimiento salarial.
Las diferencias también aparecen cuando se observa la posición que ocupan las mujeres dentro del mercado de trabajo. Aunque la proporción de personas que trabajan por cuenta propia es similar entre mujeres y hombres, las mujeres tienen una presencia mucho menor como empleadoras. Apenas 3.4% de las mujeres ocupadas dirige un negocio con personal contratado, frente a 7.5% de los hombres.
Además, persisten diferencias importantes en los ingresos. Como se muestra en el Gráfico 1, las mujeres que trabajan por cuenta propia perciben en promedio alrededor de 5,700 pesos mensuales, mientras que los hombres en la misma condición obtienen cerca de 9,600 pesos, una brecha cercana al 40%. Entre quienes son empleadores también existe una diferencia a favor de los hombres. Estos datos no permiten concluir que el autoempleo femenino sea necesariamente una actividad de subsistencia, pero sí muestran que una posición laboral aparentemente similar puede traducirse en resultados económicos muy distintos para mujeres y hombres.

La maternidad continúa siendo una dimensión relevante de estas desigualdades. De acuerdo con la ENOE, 72% de las mujeres sin hijos que trabajan tiene jornadas de al menos 35 horas semanales. Como puede verse en el Gráfico 2, la proporción disminuye a 67% entre quienes tienen uno o dos hijos y a 60% entre aquellas con tres a cinco hijos.

Esta evidencia no permite afirmar que la maternidad sea la causa directa de jornadas laborales más cortas. Sin embargo, sí es consistente con un fenómeno ampliamente documentado: las responsabilidades de cuidado siguen recayendo de manera desproporcionada sobre las mujeres y pueden limitar el tiempo disponible para el trabajo remunerado.
La misma asociación aparece cuando se observan los ingresos. Entre las mujeres con hijos, una proporción mayor se concentra en los niveles de ingreso más bajos, mientras que el porcentaje de quienes trabajan sin recibir remuneración aumenta conforme crece el número de hijos.
Aquí reside la paradoja. México ha logrado avances significativos en la incorporación de las mujeres al mercado laboral y la maternidad parece ser hoy una barrera menor para participar que hace dos décadas. Sin embargo, los datos sugieren que muchas mujeres continúan enfrentando obstáculos para acceder a los empleos mejor remunerados, a posiciones de liderazgo económico y a condiciones laborales comparables a las de los hombres.
Durante años, buena parte de la discusión se concentró en aumentar la participación laboral femenina. Ese objetivo sigue siendo indispensable. Pero el reto para la próxima década será igualmente asegurar que las mujeres no solo entren al mercado laboral, sino que puedan hacerlo en condiciones de mayor igualdad, autonomía económica y oportunidades de desarrollo.
Porque la verdadera pregunta ya no es únicamente cuántas mujeres trabajan, sino qué tan lejos pueden llegar una vez que lo hacen.
Los análisis de especialistas de la Universidad Iberoamericana se presentan a nuestros lectores cada 15 días en un espacio coordinado por el Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.
Comentarios: pablo.cotler@ibero.mx
La autora es estudiante de la Maestría en Políticas Públicas, programa que ofrece el Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, CDMX.