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Minerva llegó con diagnóstico de cáncer de cérvix. La expedita atención y acompañamiento humano le permitió soportar 25 radioterapias, 5 quimioterapias y 4 braquiterapias 

Hospital Juárez de México, atención médica de primer nivel y gran calidad humana

Venciendo el cáncer Con un diagnóstico de cáncer de cervix, una pareja que le dio la espalda y le dijo que estaba sola en esa etapa tan difícil, Minerva llegó al Hospital Juárez de México, en donde encontró acompañamiento emocional y atención profesional. Con tiempo y paciencia, logró vencer el cáncer (Adrián Contreras)

Maite Minerva, de 44 años llegó al Hospital Juárez de México, de la Secretaría de Salud, canalizada desde el estado de México, donde reside, por diagnóstico de cáncer en el cérvix, hacia la vagina.

En entrevista con Crónica, confiesa que saberse con cáncer cervicouterino, etapa II, fue un impacto tan doloroso, como saber que el hombre con quien compartía su vida, decidió abandonarla en esos momentos tan difíciles: “él casi me despidió de la casa, me dijo: `tú tienes un problema, y no cuentas conmigo´”.

Con una maleta de ropa, y 20 pesos en la bolsa, Minerva abandonó aquel que era su hogar y decidió enfrentarse a lo que fuera, con tal de salvar su vida.

Gracias a la atención oportuna y expedita del personal del Hospital Juárez de México, Minerva sintió una genuina preocupación por su salud y el acompañamiento que ella estaba necesitando.

En el nosocomio, al cual califica “como si fuera un hospital particular, todo es muy bonito y todo el personal, las enfermeras, los médicos especialistas tienen una atención que realmente te hace sentir bien”.

Hoy Minerva es sobreviviente del cáncer, hace dos años que fue diagnosticada con cáncer y todo comenzó con un sangrado vaginal que no se controlaba, aunque el camino, admite, no fue nada fácil; fue sometida a una operación para extirpar el tumor, 25 radioterapias, cinco quimioterapias y cuatro braquiterapias, todo en el Juárez de México, al que ahora ella llama “mi hospital”, aunque cada sesión, cada revisión, le implicaba tres horas de camino desde su casa al nosocomio y otras tres de regreso.

“CREE EN TI, CUANDO NADIE MÁS LO HAGA”

Con la voz entrecortada y los ojos llorosos por los recuerdos de los difíciles momentos que vivió, Minerva enfatiza que “hasta los muros del hospital le daban ánimos... Veía frases pintadas que comenzaron a darme un apoyo silencioso: `Cree en ti cuando nadie más lo haga´, `cuando te sientas sola, estamos contigo´, y en especial: `cuando en tu caudal se interponen diques, para, pero no claudiques´“, que le ayudaron a tener mucha fortaleza.

Con los nombres de pila que escapan a su memoria Minerva recuerda con mucho afecto el profesionalismo de los doctores especialistas de apellidos: Jiménez, Vélez, Maldonado y muchos otros más, quienes en todo momento le brindaron acompañamiento y mucho apoyo moral, para que Minerva no se deprimiera.

ATENCIÓN INTEGRAL, DECISIONES DIFÍCILES

Minerva explica que el cáncer se ubicaba hacia la vagina, por ello, luego de la operación para extirpar el tumor, debió mantenerse en supervisión médica “para que no pasara al recto o a la vejiga y también había que cuidar los ganglios linfáticos”, porque el cáncer estaba en su sangre.

Aunque no había afectado los ovarios, y debido a que se había hecho una salpingoclasia, los médicos le recomendaron que no tenía sentido que conservara sus ovarios, “el doctor me advirtió que eso iba a ser un punto de alerta y se tomó la decisión de retirarlos, porque, lo importante era cuidar la vejiga, el recto y los ganglios”.

Minerva Dispuesta a todo, con tal de vencer el cáncer de cérvix, Minerva pasó por 25 radioterapias, cinco quimioterapias y cuatro braquiterapias, éste último, doloroso e incómodo, pero logró salir adelante (Adrián Contreras)

BRAQUITERAPIA, PARA ASEGURARSE DE ELIMINAR TOTALMENTE EL CÁNCER

Hoy Minerva luce una abundante cabellera negra, pero recuerda las cinco quimioterapias con la doctora Alvarado, las 25 sesiones de radioterapia con el doctor José Alfredo Maldonado, y cuando pensó que lo más difícil había pasado, el mismo doctor Maldonado fue claro: todavía tenía algo más por superar.

“De manera muy clara y directa me dijo: `todavía falta algo más y no es fácil´, era la braquiterapia, porque me explicó que habían quitado las células malignas, pero el cáncer estaba en mi sangre y podría pasar a otra parte y estando en ganglios había que cuidar específicamente otras partes”.

Explica que la braquiterapia es un procedimiento doloroso, “Te acuestan boca arriba (como si fueran a hacer una revisión vaginal), y sentía como me introducían un aparato, sentía que me abrían, era muy doloroso a pesar de la pomada anestésica, y me tenía que aguantar”.

hospital juarez de México En el Hospital Juárez de México, a Minerva le realizaron cuatro sesiones de braquiterapia, dolorosas, porque hace dos años, no anestesiaban a las pacientes, sólo les ponían pomadas anestésicas (Angel Mauricio Castro Martinez)

LE RECLAMÓ A DIOS, POR QUÉ ELLA

La primera vez lloras, señala, porque es un procedimiento nuevo y te duele igual en la segunda sesión. Se le entrecorta la voz, los ojos se le ponen rojos, escapa una lágrima y confiesa que si hubo momentos en los que le reclamó a Dios.

“Nunca fumé, no tomaba, no iba a fiestas, era muy dedicada a mis tres hijos, y sí me atreví a cuestionarle a Dios ¿porque tenía yo que estar pasando por esto, cuándo el que se metía con otras mujeres era el papá de mis hijos. Le preguntaba a Dios, ¿por qué yo como mujer tenía que estar en esa posición tan incomodidad?, con tanto dolor”.

En la cuarta braquiterapia el doctor Maldonado la felicitó, porque lo logró, había terminado el tratamiento. Hoy Minerva se mantiene bajo supervisión médica y ya sólo acude a revisión cada seis meses.

“En octubre voy a hacer dos años que me operaron y acudo a mis revisiones, y algo que les admiro es que lo hacen con mucha minuciosidad sobre todo los ganglios de mamas y la ingle para asegurarse que no hay ningún signo de alerta”.

Con cierto rubor Minerva comparte que al concluir el tratamiento de braquiterapia todavía faltaba la rehabilitación, aspecto en el que contó incondicionalmente con su nueva pareja, como compañero y en la intimidad. Aquel hombre que conoció, recién iniciaba esa etapa tan difícil en su vida.

Ella vendía quesadillas, él llegó a comer ahí. Comenzaron a tratarse y desde entonces la ha apoyado incondicionalmente. Ahora juntos emprenden un nuevo camino.

Minerva continúa con su vida, al lado del hombre quien le ha demostrado “ser una gran persona, de una enorme calidad humana. Mi río ya no tiene diques, ahora sí vamos por ese caudal”, dice y su rostro rosado dibuja una enorme sonrisa como queriendo decir: “lo logré”.

“Agradezco mucho a Dios que me haya puesto en este lugar –el Hospital Juárez de México- al principio quizá no me hablaba el personal, pero me hablaban las paredes y eso es algo que nunca olvidaré”, señala.

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