
El titular del Centro Nacional de Control del Gas Natural, Cuitláhuac García, reconoció en días pasados que México fue notificado de una reducción en los envíos de gas desde Estados Unidos y que el país tendría apenas tres días de reserva ante un corte, con una dependencia del 75 por ciento del suministro estadounidense.
Para Rodrigo Benedith, analista de mercados de energía y materias primas que operó esquemas de intercambio de granos por combustibles entre México y Sudamérica, esta situación no se trata de un tema de precios sino de seguridad energética, que se traduce en algo delicado para el país.
Cuando la seguridad energética falla, —agrega—no falla el sector energético. Falla todo lo demás.
“La mayor parte de la electricidad del país se genera con gas. Esto no es un asunto de la industria: un corte prolongado se traduce en apagones, en hospitales con planta de emergencia y en fábricas paradas en Monterrey y el Bajío, justo donde se está jugando la relocalización de inversiones”, explicó
Recalcó que seguridad energética significa tres cosas: que la energía esté disponible cuando la necesitas, que llegue de forma confiable y que nadie pueda usarla como palanca contra ti. México cumple hoy la primera, a medias la segunda, y no cumple la tercera."
El analista detalla que los tres días de reserva de gas que tiene México en caso de una suspensión de suministro de Texas es resultado de décadas en las que nuestros gobiernos decidieron apostar por la importación de ese combustible en vez de producirlo y almacenarlo.
“Tres días no se construyeron este año. Se construyeron a lo largo de dos décadas en las que se decidió que importar era más barato que producir y almacenar. Y era más barato, hasta el día en que el vendedor decide no vender. Ese riesgo nunca entró en la cuenta.”, lamentó
Benedith sostiene que el gobierno actual es el primero que está poniendo ese riesgo sobre la mesa.
“El Programa del Cenagas plantea construir inventarios estratégicos operados por el Estado. Es la primera vez en años que alguien dice en voz alta que el almacenamiento no es un negocio privado, es una función de seguridad nacional. En cualquier país serio el inventario estratégico lo controla el Estado, porque el día que falta el gas nadie le va a pedir permiso al mercado.”, aseveró
Recuerda que las cinco terminales de gas natural licuado que operan en México son privadas y están fuera del sistema nacional de transporte.
“Hay almacenamiento en el país, pero no es del país. Eso es exactamente lo que hay que corregir., demandó
Sobre la decisión de la Presidenta de impulsar la explotación de gas no convencional, es categórico.
“La Presidenta dijo algo que es aritmética pura: tres cuartas partes del gas que consume México ya es gas no convencional. Nada más que se extrae del otro lado de la frontera. Llevamos años debatiendo si permitimos esa técnica aquí mientras la consumimos todos los días desde Texas. Eso no es una política ambiental, es una política de exportar el problema y pagar la factura.”
Y añade: “Lo que plantea el gobierno es hacerlo con estándares actuales y supervisión estatal. Prefiero mil veces un pozo regulado por el Estado mexicano en Tamaulipas que uno sin supervisión nuestra en Texas, del que además dependemos para encender la luz.”
Para el corto plazo, su recomendación es contractual antes que física. “Construir almacenamiento toma años. Diversificar contratos y proveedores toma meses. Hay gas disponible en el mercado internacional y hay socios en la región con los que México apenas está empezando a hablar, empezando por Brasil. La infraestructura es la solución de fondo; los contratos son el seguro mientras tanto.”
E insiste en cambiar la unidad de medida. “Durante años medimos la seguridad energética en pesos por millón de BTU. Si estaba barato, decíamos que estábamos bien. La forma correcta de medirla es en días: cuántos días aguanta el país si mañana le cierran la llave. Hoy son tres. Los países que se toman esto en serio cuentan por decenas de días. Esa es la cifra que hay que mover, y el gobierno ya dijo que la va a mover.”
Cierra con la lectura que le da su experiencia en el comercio físico: “Un país que depende de un solo proveedor para tres cuartas partes de algo no está comprando, está pidiendo permiso. La soberanía energética no es una consigna, es un inventario. Lo que está haciendo esta administración es empezar a construirlo.”