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Antes de las elecciones del 3 de noviembre se viene otra fecha clave para EU y para México: el 28 de octubre, cuando la Fed anuncie si suve las tasas. Sólo de pensarlo, el peso mexicano tiembla

EU llega a las elecciones con el tanque de gasolina más caro: ¿por qué afecta tanto a México?

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Las relaciones México-Estados Unidos El presidente Donald Trump no logra bajar los precios al consumo, pese a que insista en lo contrario en sus mítines de cara a las elecciones del 3 de noviembre

Estados Unidos vive actualmente una paradoja que no es nada chistosa para los votantes, excepto para el puñado de magnates tecnológicos: Wall Street bate récord un día sí y otro también, impulsado por los gigantes de la inteligencia artificial, mientras los ciudadanos corrientes no notan este auge de la nueva economía, especialmente cuando van a cargar el tanque del automóvil o del camión de transporte, con los precios tensionados por los mayores costos.

La consecuencia es una inflación persistente —en septiembre escaló una décima, hasta el 3.7 %— y un aumento del costo de la vida que está pasando factura al principal culpable: el presidente Donald Trump, en mínimos históricos de popularidad, y su guerra contra Irán, que ha disparado el precio del petróleo y, en consecuencia, del combustible.

El precio de la gasolina, que en enero, antes de la guerra, era de 2.95 dólares por galón, lleva más de 160 días consecutivos sin bajar de los 4 dólares, récord en el país más motorizado del mundo, con picos de hasta 5.80 dólares en estados como California y Washington. En cuanto al diésel, clave en el transporte de carga y la agricultura, la subida ha sido aún mayor, al pasar de 3.75 a 5.30 dólares, lo que ha llevado a Trump a un polémico acuerdo con Vladímir Putin para levantar las sanciones sobre el diésel ruso, en un intento desesperado para que baje el precio del combustible antes de que abran las urnas para las elecciones al Congreso del 3 de noviembre.

Pero antes de esa fecha electoral —que marcará los dos últimos años de mandato de Trump, especialmente si los demócratas recuperan el control de las dos cámaras—, hay otra fecha que podría marcar no solo el rumbo económico de Estados Unidos, sino de México, su mayor socio comercial. El 28 de octubre, la Reserva Federal debe anunciar si mantiene sin cambios o sube las tasas de interés del dinero que prestan los bancos para desincentivar el consumo y que baje la inflación por debajo del 2 %, lo que no ocurre desde marzo de 2021, hace más de cinco años.

Aunque se desconoce qué hará el comité de sabios de la Fed dentro de una semana y media, lo único seguro es que no habrá una rebaja del precio del dinero, como querría Trump, mientras que los analistas consideran casi una certeza que, si no sube ahora el precio del dinero —que situó la tasa de referencia en el rango de 3.75 % a 4.00 %, tras subir un cuarto de punto en la reunión de septiembre—, lo hará en la reunión de noviembre o en la de diciembre, para cerrar el año con tasas de hasta el 4.25 %.

De hecho, tan importante será el anuncio del 28 del precio del dinero a partir del 28 de octubre como la explicación que dé el nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, sobre cómo evoluciona la inflación en Estados Unidos y qué pasos seguirá en el futuro inmediato para que bajen los precios sin enfriar peligrosamente la primera economía mundial, cuyo principal motor es, precisamente, el consumo interno.

El índice de confianza del consumidor en EU cayó en septiembre a 81.9 puntos, frente a los 88.6 de agosto, acumulando tres meses consecutivos de descenso debido a la creciente expectativa de que la inflación se mantenga alta y, por consiguiente, el banco cobrará más por un crédito hipotecario o al consumo. Y si los estadounidenses desisten de su pasatiempo favorito, comprar, el país que tarde o temprano lo acabará resintiendo con más fuerza es su mayor cliente: México.

Fin al superpeso

De momento, los consumidores estadounidenses tiran de tarjeta de crédito gracias a que el otro pilar de la economía, el empleo, se mantiene relativamente saludable. Además, al aumentar las tasas de interés y desincentivar el préstamo, cae la oferta de dólares disponibles en los mercados internacionales y el valor de la divisa se fortalece frente a otras de mercados emergentes. Un dólar fuerte anima a comprar productos importados, sí la moneda extranjera se debilita.

Este viernes, el peso mexicano acumuló seis semanas consecutivas de depreciación frente al dólar, su peor racha en siete años, equivalente a una caída del 9.54 %, en medio de expectativas de mayores tasas de interés en Estados Unidos. El tipo de cambio cerró en 18.50 pesos por dólar, muy lejos ya del superpeso del verano, cuando el tipo de cambio llegó a estar en 16.89 pesos por dólar.

La debilidad del peso anima a las empresas estadounidenses a aprovechar para comprar productos hechos en México, lo que pronostica un cierre de año con superávit histórico para México en la balanza comercial con EU y la consolidación de nuestro país como el principal socio comercial de la primera potencia, por delante de China y Canadá, pese a la guerra arancelaria de Trump contra el mundo. A falta de conocer los datos del tercer trimestre, las exportaciones de México a EU alcanzaron los 298,157 millones de dólares, un crecimiento interanual del 12.95 %.

Aunque Trump impuso unilateralmente aranceles al acero y a la industria automotriz nacional, provocando una caída de las ventas al vecino del norte, se dispararon las ventas de muchos otros bienes protegidos por el T-MEC, actualmente en complejas negociaciones para su renovación por culpa de la obsesión de la administración republicana por reindustrializar a la fuerza el país.

El crecimiento vertiginoso de la inteligencia artificial está impulsando una nueva revolución en la industria de la computación, la cual está siendo muy bien aprovechada por México. En junio de 2026, las importaciones estadounidenses de equipo de cómputo desde México se dispararon un 108 % interanual, alcanzando los 150 mil millones de dólares en un solo mes y convirtiéndose en la categoría de importación más importante desde México hacia Estados Unidos.

El dilema de Banxico

Este apetito comprador de los estadounidenses, unido a la depreciación del peso, es música celestial para la industria mexicana, pero para el Banco de México (Banxico) —el homólogo de la Fed, cuya misión principal es combatir la inflación— son nubarrones amenazantes… y estos nubarrones tienen nombre: inflación importada, pues lo que compra México en el exterior es más caro por la apreciación del dólar.

México también compra mucho al exterior, incluidos gasolina y diésel refinados en EU. Si el peso sigue perdiendo valor frente al dólar, la inflación sube y daña el bolsillo de los mexicanos, por lo que Banxico enfrenta el dilema de subir las tasas de interés para fortalecer al peso y controlar la inflación, o mantener las tasas congeladas (o incluso recortarlas) para no asfixiar el crecimiento económico, que arroja cifras decepcionantes.

Las proyecciones de Banxico y Banamex sitúan el crecimiento del PIB para todo 2026 en torno al 1.3 %-1.5 %, lo que significa que la economía mexicana acumulará varios años consecutivos de crecimiento por debajo de su promedio histórico, en gran parte debido a la caída del consumo interno y a un estancamiento de la inversión extranjera.

Actualmente, las tasas de interés en México están en el 6.50 %, una diferencia con EU que se ha reducido a 2.5 puntos, lo que hace menos atractivo el peso para los inversores extranjeros. Para evitar una fuga de capitales y el fantasma de una devaluación, Banxico debería subir las tasas de interés, siguiendo la estela de la Fed, pero al mismo tiempo estaría pisando el freno de la economía nacional.

¿Cuál es el mejor escenario posible para México?

Para empezar, que la Fed no suba las tasas de interés a finales de octubre (o en noviembre o en diciembre) y se resuelva cuanto antes la crisis del estrecho de Ormuz, que mantiene altos los precios del barril de petróleo.

Por mucho que Trump presione, el primer factor depende de lo que decida la Fed, si es realmente independiente, pero el segundo depende del presidente, si alcanza un acuerdo con los iraníes para desbloquear el estrecho de Ormuz, por donde navega el 25 % del petróleo que consume el mundo.

En conclusión: si los estadounidenses mandan este 3 de noviembre un voto de castigo a Trump y logran que los republicanos pierdan el control del Congreso, la nueva mayoría demócrata obligaría al presidente a buscar un acuerdo con los iraníes para devolver el precio del barril al nivel anterior a la guerra, acabaría con el chantaje arancelario que está dificultando un nuevo T-MEC y obligaría al presidente republicano a admitir lo que México ya entendió: que el destino de ambos países está entrelazado por siempre y que, cuando lo han entendido, han prosperado como nunca.

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