
La decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) de dejar sin cambios las tasas de interés, que permanecen en una horquilla de entre el 3.75 % y el 4 % desde el 16 de septiembre, cuando las subió 25 puntos básicos, supone un alivio momentáneo para el peso y la economía mexicana, pero no despeja el dilema del Banco de México (Banxico), que el próximo 5 de noviembre debe decidir si mantiene su tasa en el 6.50 % o la sube, por primera vez desde marzo de 2023 (el ciclo de recortes a las taas está cerrado por la presión inflacionaria en México).
El anuncio de la Fed, ampliamente esperado por los mercados, permitió al peso mexicano cerrar el miércoles con una apreciación del 0.29 % frente al dólar, equivalente a una ganancia de 5.37 centavos respecto al martes, hasta situarse en 18.62 unidades por dólar.
Sin embargo, el alivio podría durar poco. La decisión de la Fed no fue unánime: diez integrantes votaron por mantener las tasas, mientras que otros dos defendieron aumentarlas un cuarto de punto porcentual, ante la persistencia de la inflación estadounidense, que continúa en el 3.7 %, por encima del objetivo del 2 %.
La Fed dejó abierta la posibilidad de nuevas subidas, aunque evitó comprometerse con una decisión concreta para diciembre, cuando celebrará su última reunión del año.
Un respiro para Banxico
La fortaleza del peso mexicano representa un aliado para Banxico en su lucha contra la inflación, al abaratar las importaciones y reducir los costos de producción de las empresas que dependen de insumos extranjeros.
Por eso, la decisión de la Fed de mantener las tasas sin cambios evita una presión adicional sobre la moneda mexicana y concede cierto margen de maniobra a Banxico, que necesita contener los precios sin mantener innecesariamente elevado el costo del crédito.
Si la Fed hubiera aumentado las tasas, habría reducido todavía más el diferencial de rendimientos entre México y EU, aumentando el atractivo de las inversiones en dólares y el riesgo de una depreciación del peso.
En ese escenario, Banxico habría tenido mayores dificultades para reducir sus propias tasas sin provocar nuevas presiones cambiarias e inflacionarias.
Sin embargo, la apreciación del peso registrada este miércoles no garantiza que la inflación mexicana vaya a disminuir. Para que el fortalecimiento de la moneda contribuya a contener los precios, debe mantenerse durante un periodo suficientemente prolongado.
En cualquier caso, Banxico se enfrenta a un dilema, ya que se reúne el jueves 5 de noviembre para decidir sobre las tasas de interés sin conocer todavía la inflación correspondiente a todo octubre, cuyo dato publicará el INEGI cuatro días después, el 9 de noviembre.
La inflación vuelve a repuntar en México
Actualmente, la inflación en México se ubica en el 3.62 % anual, según los datos correspondientes a la primera quincena de octubre, periodo en el que los precios aumentaron un 0.41 % respecto a la quincena anterior.
El repunte se debió principalmente al fin de los subsidios de verano a la electricidad, al encarecimiento del transporte aéreo y a la volatilidad de algunos productos agrícolas de alto consumo.
La última reunión de política monetaria de Banxico fue el 24 de septiembre, cuando decidió mantener la tasa sin cambios en el 6.50 % por tercera ocasión consecutiva, en un contexto de inflación todavía superior al objetivo del banco central.
Aunque la inflación permanece dentro de la franja del 2 % al 4 % establecido alrededor de su objetivo del 3 % al cierre de 2026, su reciente aceleración aconseja prudencia antes de reanudar los recortes.
El dilema actual
Desde que Claudia Sheinbaum llegó a la Presidencia, Banxico ha reducido las tasas de interés del 10.50 % al 6.50 %, mientras que la inflación pasó del 4.58 % en septiembre de 2024 al 3.62 % en la primera quincena de octubre de 2026. Sin embargo, buena parte de esta reducción de la inflación fue consecuencia de la política monetaria restrictiva iniciada durante el sexenio anterior, cuando Banxico elevó las tasas hasta el máximo del 11.25 % en marzo de 2023.
El banco central comenzó a recortarlas en marzo de 2024, cuando la inflación ya había descendido considerablemente, y profundizó esa estrategia durante el gobierno de Sheinbaum.
Pero las circunstancias han cambiado. La inflación ha vuelto a repuntar desde julio y la Fed retomó en septiembre las subidas de tasas en EU.
La pregunta ahora es qué pesará más en la próxima decisión de Banxico: el repunte de la inflación mexicana y el riesgo de nuevas presiones sobre el peso o la necesidad de abaratar el crédito para estimular la inversión, el consumo y el crecimiento económico.
Analistas de distintas instituciones financieras consideran que el escenario más probable es que Banxico mantenga su tasa en el 6.50 % durante lo que resta del año.
Los especialistas de Pantheon Macroeconomics, por ejemplo, anticipan que el banco central mexicano prolongará la pausa monetaria durante el primer semestre de 2027, debido a la persistencia de la inflación, aunque reconocen que la debilidad del empleo y de la demanda dificulta justificar nuevas subidas de tasas.
El riesgo de diciembre
¿Qué podría hacer saltar por los aires este escenario de relativa estabilidad?
Una aceleración sostenida de la inflación mexicana por encima del 4 %, una fuerte depreciación del peso o un nuevo endurecimiento de la política monetaria estadounidense.
La Fed celebrará su última reunión del año el 8 y 9 de diciembre, y los mercados siguen contemplando la posibilidad de otra subida de tasas, especialmente si la inflación en EU no muestra señales claras de moderación.
Una decisión de ese tipo podría volver a presionar al peso mexicano, encarecer las importaciones y reducir todavía más el margen de Banxico para abaratar el crédito.
La pausa de la Reserva Federal concede así un respiro a México, pero no resuelve el dilema de Banxico: mantener el crédito caro para evitar que la inflación vuelva a acelerarse o abaratarlo para estimular una economía que todavía necesita crecer con mayor fuerza.
La próxima prueba llegará el 5 de noviembre, cuando Banxico deberá tomar una decisión sin conocer todavía la inflación completa de octubre y con la incertidumbre de lo que hará la Fed en diciembre.