
La celebración del Dia de Muertos estima una derrama económica de 53 mil millones de pesos entre el 25 de octubre y el 2 de noviembre, aproximadamente 7% más que el año pasado lo que confirma la creciente importancia comercial y turística de esta tradición.
Sin embargo muy poco de esa derrama económica llega o a beneficia realmente a las comunidades, artesanos, productores y pequeños negocios que mantienen viva esa cultura.
Para el académico Roberto Montalvo, delas licenciaturas en Mercadotecnia y Administración de la Hospitalidad de la Universidad Iberoamericana, el desafío no consiste solamente en atraer visitantes o incrementar el consumo, sino en desarrollar estrategias que permitan distribuir sus beneficios económicos entre más sectores de la sociedad.
El especialista explicó cómo el Día de Muertos se ha convertido en una herramienta de posicionamiento turístico internacional y por qué su éxito debe acompañarse de prácticas de comercio justo, proveeduría nacional y desarrollo local.
¿Cómo se convirtió el Día de Muertos en un motor turístico para México?
Aunque hoy resulta común observar desfiles monumentales y actividades turísticas alrededor de esta celebración, Montalvo recordó que su transformación en un espectáculo de gran escala es relativamente reciente.
El especialista identificó dos antecedentes: el Festival de Tradiciones de Vida y Muerte de Xcaret, que comenzó hace dos décadas, y el desfile de Día de Muertos de la Ciudad de México, organizado a partir de 2016 tras el impacto de la película Spectre, de James Bond.
Ambos acontecimientos contribuyeron a ampliar las posibilidades de promoción turística de una festividad que anteriormente estaba vinculada, sobre todo, con espacios familiares y comunitarios.
Su crecimiento tiene una particularidad económica: permite atraer visitantes durante una temporada que suele presentar menor actividad turística.
El profesor explicó que, en distintos destinos, octubre y noviembre funcionan como un periodo de transición entre la temporada vacacional de verano y las celebraciones de fin de año.
Por ello, incorporar el Día de Muertos a la oferta turística representa una oportunidad para fortalecer la ocupación hotelera, los servicios de alimentos y bebidas, el transporte y las actividades recreativas.
De acuerdo con Montalvo, este fenómeno se observa en destinos como la Ciudad de México, Oaxaca, Michoacán, Puebla, Campeche, Cancún y la Riviera Maya, aunque las motivaciones de los visitantes varían entre regiones.
¿ESPEJISMO?
El académico también pidió cautela al interpretar las cifras: el incremento de visitantes no necesariamente puede atribuirse exclusivamente al Día de Muertos, especialmente en ciudades donde la celebración coincide con otros grandes acontecimientos, como el Gran Premio de México de Fórmula 1.
De 45 mil a 53 mil millones de pesos: el crecimiento económico del Día de Muertos
Las estimaciones de Concanaco-Servytur muestran una tendencia ascendente durante los últimos tres años:
2024: 45 mil 318 millones de pesos.
2025: 49 mil 500 millones de pesos.
2026: 53 mil millones de pesos estimados.
Estas cifras consideran actividades comerciales, turísticas y de servicios relacionadas con la temporada, desde la venta de flores y productos para las ofrendas hasta el hospedaje, la gastronomía y el transporte.
El crecimiento evidencia cómo una tradición cultural también puede impulsar cadenas productivas de gran alcance.
Sin embargo, una mayor derrama económica nacional no permite conocer, por sí sola, qué proporción de los ingresos permanece en los negocios de las comunidades.
¿Cómo conseguir que las ganancias lleguen a artesanos y negocios mexicanos?
Para Roberto Montalvo, el concepto de efecto multiplicador del gasto turístico resulta fundamental para comprender cómo las actividades económicas pueden beneficiar a distintos sectores de una comunidad.
La idea es sencilla: cuando una persona visita un destino turístico, sus gastos pueden generar oportunidades que se extienden más allá del establecimiento donde realiza su compra.
Por ejemplo, un restaurante puede beneficiar a productores agrícolas, panaderías, transportistas, artesanos y proveedores locales, siempre que sus cadenas de suministro incluyan a estos sectores.
Por el contrario, cuando gran parte de los insumos proviene del extranjero o de proveedores que no están vinculados con las comunidades, disminuyen las oportunidades de aprovechar localmente esos recursos.
Por ello, Montalvo propone fortalecer la proveeduría nacional, privilegiar productos mexicanos e impulsar prácticas comerciales que permitan distribuir de manera más amplia los beneficios del turismo.