
El principal reto para limitar el uso de teléfonos celulares en algunas escuelas primarias y secundarias a partir de este martes 3 de noviembre, será contar con el respaldo y apoyo de madres y padres de familia, y la disposición de los propios estudiantes, advierten directores de dos secundarias y una directora de una primaria en la Ciudad de México.
Ante el Acuerdo publicado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) -publicado en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el 22 de septiembre pasado-, que entrará en vigor este 3 de noviembre, los tres directivos explican a Crónica los retos, incongruencias y hasta responsabilidades que no les competen, con la nueva medida.
Reconocieron que la medida es respaldada por el personal académico de los tres planteles de tiempo completo, ubicados en la alcaldía Azcapotzalco, aunque desde la semana pasada, no todos los padres y madres de familia están de acuerdo, al argumentar que “es la vía de comunicación con sus hijas o hijos”.
Es importante mencionar que en la referida publicación se destaca que la medida se ha aplicado en países como: Ecuador, Brasil, Irlanda, Francia, Italia, Reino Unido, Austria, Grecia, Portugal, Alemania, Países Bajos, Nueva Zelanda, por mencionar algunos.
Ahora México se suma a esta tendencia con la adopción del acuerdo a nivel nacional, en escuelas públicas y privadas que restringir el uso de celulares, dispositivos inteligentes y equipos electrónicos personales, priorizando el interés superior de niñas, niños, adolescentes y jóvenes en el acceso, permanencia y participación en los servicios educativos, y garantizar que las condiciones del entorno escolar sean idóneas y favorezcan el cumplimiento de los fines de la educación.
NO TODOS LOS TUTORES APOYAN LA MEDIDA
El profesor Roberto, director de secundaria señaló que en juntas informativas a las que asistieron menos de 100 padres y madres -el plantel cuenta con 400 estudiantes-, están conscientes de que el uso de los celulares ha afectado tanto el aprendizaje, la concentración y hasta la convivencia entre los jóvenes, “sin embargo la mitad de los asistentes, se negaron a obligarlos a dejar el celular en casa”.
A partir de ahí, ya estamos mal, abunda, “porque si ellos como sus madres o padres no tienen la autoridad para imponerse, ¿pues en qué papel nos dejan a nosotros?
Antes del Acuerdo, indica, “hemos venido batallando mucho con el uso de los celulares en las clases y el receso, pero no obedecen y sus padres todo lo echan en saco roto: un jaloncito de orejas, una regañadita y sienten que ya cumplieron”.
LAS REDES SOCIALES Y LOS “QUEMADOS”
Recuerda que el diciembre pasado, a una estudiante de segundo grado, la difamaron en una cuenta de instangram “y muchos en la escuela andaba hablando mal de ella, muchos ni siquiera sabían quién era y por esa publicación se hizo `famosa´. Su papá se enojó tanto que amenazó con ir a la Policía Cibernética, para dar con el o la responsable y `mágicamente´ las publicaciones desaparecieron, eso es lo que está mal, pero no basta con la labor de los docentes, el respeto se enseña desde casa”.
SÍ SE PUEDE, PERO NO SE PUEDE ¿O CÓMO?
Otra ilógica, abunda, es que “por un lado se restringe el uso de teléfonos celulares, dispositivos inteligentes y electrónicos personales durante toda la jornada escolar”, pero en el mismo Acuerdo lo permite: “sólo podrán utilizarse para fines educativos previamente programados, es decir, si un maestro considera necesario utilizarlo, entonces sí lo pueden sacar, ¿no es dejar la puerta abierta para que los sigan llevando a las escuelas los celulares y a escondidas los utilicen?, cuestiona.
A sus 60 años de edad, advierte que “muchísimas generaciones acudimos a las escuelas y ni siquiera nos imaginábamos que un día iban a existir teléfonos móviles que lo ibas a poder llevar en el bolsillo y además con acceso a internet, no sabíamos qué era eso, y todos sobrevivimos a esa época, esas limitaciones”.
En este mismo sentido, advierte, que los propios docentes más jóvenes defienden el uso de celular en ciertas clases, bajo el argumento de que “así los chicos pueden ver imágenes, buscar información. Yo les digo que para eso existen las tareas, la investigación en la escuela, en la biblioteca. Deben aprender a desarrollar dinámicas que no estén apoyadas en el uso de dispositivos electrónicos”.
MAESTROS Y ADEMÁS CUIDADORES DE CELULARES
Por su parte la maestra Amalia, también directora de secundaria, se pronunció en contra del acuerdo en el sentido de que, lee en su teléfono celular notas que tiene del referido Acuerdo:
" Los teléfonos celulares, dispositivos inteligentes y electrónicos personales no se utilizarán durante las clases y se mantendrán guardados o serán retirados y depositados en un espacio designado por el plantel, como el aula o la dirección, al inicio de la jornada escolar, permaneciendo bajo custodia de las autoridades escolares durante la jornada".
" Es decir, -plantea-, que además de maestros ¿nos vamos a convertir en cuidadores de celulares y dispositivos electrónicos que traigan?, ¡pues no!, ese no es nuestro trabajo. De ninguna manera, no podemos asumir esa responsabilidad", asevera.
LAS EMERGENCIAS SÍ SE ENTIENDEN
Para la maestra Dolores, la situación en la primaria se centra en el hecho de que son los alumnos de sexto y algunos de quinto grados quienes llevan celulares, “se les ha mandado llamar a sus madres y padres, avisándoles que si algo le pasa al teléfono: se les cae, se lo tira algún compañero, lo pierden, no nos podemos hace responsables del daño o pérdida del aparato”.
En el apartado que habla de que el uso de ese tipo de dispositivos está permitido en caso de “emergencias personales, por motivos de discapacidad, accesibilidad, inclusión, necesidades de salud, nosotros pedimos teléfonos de contacto para llamarles de inmediato, el problema es que no contestan, el número ya cambió, o simplemente dicen “voy para allá, y nunca llegan por sus chiquitos, pues nosotros no podemos hacer nada ante esos casos”.
Lamentó que en muchas ocasiones las y los alumnos se sienten mal, vienen a dejarlos enfermos a la escuela, eso ocurre con mucha frecuencia, porque la mamá o el papá trabajan y no tienen con quien dejar a sus hijos “pues es que tampoco somos guardería, y eso los papás, las mamás no lo entienden”.