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Los astronautas de Artemi II llevaron consigo 58 tortillas a bordo como parte esencial de su dieta. Son preferidas sobre el pan porque no generan migajas, evitando peligros en la cabina (microgravedad).

De Neri Vela a Artemis II, la tortilla de maíz conquista el espacio

La tortilla, parte esencial en la dieta espacial Imagen generada con IA

El consumo de tortillas de maíz durante la misión Artemis II que orbitó en la Luna a principios de este mes de abril llamó la atención porque este alimento tradicional mexicano, se ha consolidado como un elemento clave en la alimentación de los astronautas y ha logrado mantenerse vigente incluso más allá de la atmósfera.

Durante este viaje, los astronautas llevaron consigo 58 tortillas a bordo como parte esencial de su dieta y son preferidas sobre el pan porque no generan migajas, evitando peligros en la cabina (microgravedad), y duran hasta 18 meses selladas.

La tortilla de maíz (que puede ser elaborada con la masa tradicional o con harina de maíz nixtamalizado como Maseca, Harimasa, Cargill, Macsa, Minsa y Maza Real, entre otras) se ha consolidado como una de las opciones más funcionales dentro de los menús espaciales cumpliendo con criterios clave como seguridad, durabilidad y valor nutricional.

Su presencia en misiones recientes no es casualidad, sino el resultado de décadas de aprendizaje en nutrición espacial.

De acuerdo con la NASA, la selección de alimentos para misiones tripuladas responde a estándares estrictos. “Todas las comidas deben seleccionarse cuidadosamente para garantizar su seguridad, durabilidad y facilidad de preparación y consumo (...) La selección se desarrolla en coordinación con expertos en alimentación espacial y la tripulación para equilibrar las necesidades calóricas, la hidratación y la ingesta de nutrientes”, detalla la agencia.

Entre los alimentos que cumplen con estos criterios, la tortilla destaca por varias razones: no genera migajas —lo que evita riesgos para los sistemas de filtración de aire—, es compacta, fácil de manipular en condiciones de microgravedad y tiene una vida útil suficiente sin necesidad de refrigeración. Además, aporta energía sostenida gracias a su contenido de carbohidratos, lo que contribuye a mantener la saciedad de los astronautas durante periodos prolongados.

En el contexto de Artemis II, considerada el primer vuelo tripulado alrededor de la Luna en más de 50 años, este tipo de alimentos cobra especial relevancia.

La misión representa el regreso de los vuelos tripulados al entorno lunar, donde cada elemento —incluida la alimentación— debe cumplir con estándares rigurosos para garantizar la seguridad de la tripulación.

Pero la historia de la tortilla en el espacio comenzó mucho antes

En 1985, el astronauta mexicano Rodolfo Neri Vela participó en la misión STS-61-B a bordo del transbordador Atlantis, convirtiéndose en el primer mexicano en viajar al espacio.

Durante esa misión, Neri Vela solicitó la inclusión de tortillas en el menú, una decisión que marcó un precedente en la alimentación espacial. A diferencia del pan, que produce migajas potencialmente peligrosas en un entorno de gravedad cero, la tortilla resultó ser una alternativa más segura y práctica.

Su incorporación abrió la puerta a una visión distinta; integrar alimentos tradicionales que, además de ser funcionales, conectan culturalmente con los astronautas.

Para especialistas, este tipo de decisiones trascienden lo técnico. Lourdes Quintero, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, señala que la presencia de la tortilla en el espacio representa también una dimensión simbólica.

“Su forma compacta se adapta con naturalidad a los confines de las naves espaciales, como si estuviera destinada a orbitar en las estrellas”, afirmó.

Más allá de su practicidad, su valor nutricional también ha sido documentado. De acuerdo con investigaciones académicas de la UNAM, la tortilla -ya sea elaborada con masa o harina de maíz nixtamalizado- contiene minerales como magnesio, fósforo y potasio, así como vitaminas del complejo B, que participan en el metabolismo energético.

Este perfil la convierte en una opción eficiente para contextos donde cada alimento debe cumplir múltiples funciones: nutrir, conservarse y adaptarse a condiciones extremas.

Hoy, en el contexto de Artemis II, la tortilla no solo sobrevive en el espacio, sino que confirma que, incluso en los entornos más avanzados tecnológicamente, algunos de los alimentos más antiguos siguen siendo los más efectivos. Su incorporación abrió la puerta a una visión distinta: integrar alimentos tradicionales que, además de ser funcionales, conectan culturalmente con los astronautas.

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