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Ser pediatra y madre al mismo tiempo le permitió ver cosas que la formación médica no enseña. Ana María Silva, creadora de contenido reflexiona sobre cómo esa experiencia cambió su forma de escuchar, explicar y acompañar a las familias

La maternidad como laboratorio: Ana María Silva, creadora de contenido, sobre lo que los libros de pediatría no enseñan

Ana en cosultorio de trabajo
“La maternidad me convirtió en una mejor pediatra” Foto: Cortesía

Hay preguntas que los padres no hacen durante una consulta médica.

No porque no las tengan. Muchas veces ocurre porque sienten que deberían conocer la respuesta, porque el tiempo es limitado o porque la preocupación aparece cuando ya están de regreso en casa. Ana María Silva lleva años viendo ese patrón en consulta y también fuera de ella.

“La maternidad me convirtió en una mejor pediatra”, dice Ana María Silva.

Cuando habla de la influencia que tuvo la maternidad en su trabajo, no se refiere únicamente a una experiencia personal. Habla de algo que terminó modificando la forma en que escucha, explica y acompaña a las familias que atiende. Madre de cuatro hijos, sabe lo que ocurre cuando una preocupación llega de noche y no hay consultorio disponible.

Entender desde adentro lo que siente una madre primeriza a las dos de la mañana con un recién nacido que no duerme cambió la manera en que aborda muchas conversaciones en consulta. Algunas preguntas que antes entendía desde los años de formación clínica en el Hospital Alemán de Buenos Aires comenzaron a tener otro significado cuando las vivió desde la experiencia propia.

También cambió la forma en que explica ciertas situaciones.

“Muchas veces las familias no necesitan solamente una respuesta correcta. Necesitan una respuesta que puedan entender y aplicar en ese momento”, afirma.

Esa experiencia terminó acercándola aún más a la educación en salud. Con el tiempo comenzó a desarrollar espacios de divulgación sobre temas que aparecen de manera recurrente en la vida de las familias: sueño infantil, lactancia, alimentación complementaria y crianza basada en evidencia.

No lo plantea como un reemplazo de la consulta médica.

Lo entiende como una extensión de ella.

Los datos ayudan a explicar por qué. UNICEF y la Organización Panamericana de la Salud reportaron en 2025 que solo el 43 por ciento de los bebés menores de seis meses en América Latina reciben lactancia materna exclusiva. Entre los factores que influyen aparecen la falta de acompañamiento y el acceso limitado a información confiable durante momentos clave del proceso.

Ana María Silva reconoce esa realidad porque la observa con frecuencia en consulta.

Las dudas no siempre aparecen cuando una familia está frente a un profesional. Aparecen durante la noche, los fines de semana o en momentos donde no existe una cita disponible. En esos espacios es donde muchas personas terminan buscando respuestas por su cuenta.

“Cuando educamos a una familia, no solo ayudamos a un niño. Impactamos generaciones completas”, dice Ana María Silva.

Para ella, la educación en salud tiene un efecto que va más allá de resolver una inquietud puntual. Una familia que comprende mejor temas relacionados con sueño, alimentación o desarrollo infantil suele tomar decisiones con más herramientas y más confianza. Ese conocimiento permanece y muchas veces se comparte con otros miembros del entorno familiar.

Por eso una parte importante de su trabajo como comunicadora médica con presencia en más de veinte países ocurre fuera del consultorio. Talleres, contenidos educativos, espacios de divulgación para familias de habla hispana que raramente van a poder sentarse frente a ella en una cita.

Lo que aprendió siendo madre no reemplazó su formación como pediatra.

La complementó.

Y le permitió entender que algunas de las lecciones más importantes sobre crianza, acompañamiento y comunicación rara vez aparecen en un libro de especialización.

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