
Ahorrar para comprar una vivienda, pagar la universidad de los hijos, iniciar un negocio o llegar con mayor tranquilidad a la jubilación requiere tiempo, disciplina y, sobre todo, constancia.
El problema es que una meta financiera puede cambiar de un momento a otro cuando aparece un gasto que nadie tenía contemplado.
Una enfermedad, un accidente, una reparación importante, la pérdida de ingresos o cualquier otra emergencia puede obligar a una familia a utilizar el dinero que estaba destinado para un proyecto de largo plazo.
En México, esta vulnerabilidad convive con un nivel relativamente alto de inclusión financiera. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024, elaborada por el INEGI y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, 76.5% de las personas de 18 a 70 años tenía al menos un producto financiero formal en 2024, entre cuentas de ahorro, créditos, seguros y cuentas para el retiro.
Sin embargo, cuando se observa específicamente la contratación de seguros, la proporción baja de manera considerable: 22.9% de la población de 18 a 70 años contaba con algún seguro. En esta categoría se incluyen seguros de vida, gastos médicos, accidentes, vivienda, educativos y otros productos.
La diferencia plantea una pregunta importante para las finanzas personales: ¿de qué sirve alcanzar una meta de ahorro si un imprevisto puede obligar a utilizar ese dinero antes de tiempo?
Casi la mitad de los hogares tiene una meta financiera
La planeación financiera comienza, en muchos casos, con una meta concreta.
Puede ser comprar una casa, terminar de pagarla, ahorrar para la jubilación, financiar los estudios de los hijos o simplemente contar con dinero suficiente para enfrentar una emergencia.
La Encuesta de Competencias Financieras de la Población 2024, realizada por Banco de México, encontró que 47% de los hogares declaró tener alguna meta financiera. El objetivo más frecuente fue la adquisición de vivienda.
El mismo ejercicio muestra que, dentro de las metas reportadas por los hogares, también aparecen el ocio y las experiencias, el ahorro para el retiro y las metas educativas.
Esto significa que prácticamente uno de cada dos hogares encuestados está pensando en algún objetivo financiero futuro.
Pero establecer una meta es apenas el primer paso.
La verdadera dificultad está en mantener el camino hacia ella cuando aparece una emergencia.
Comprar una casa sigue siendo una de las grandes metas
Para muchas familias mexicanas, adquirir una vivienda representa uno de los proyectos financieros más importantes de su vida.
No se trata solamente de reunir el enganche. También implica considerar gastos notariales, impuestos, mantenimiento, servicios, reparaciones y, en caso de existir un crédito hipotecario, mantener la capacidad de pago durante años.
Por eso, un accidente, una enfermedad o una disminución importante de los ingresos puede alterar rápidamente la planeación.
La meta puede seguir siendo la misma, pero el dinero disponible cambia.
Y cuando no existe un fondo suficiente para cubrir la emergencia, el ahorro destinado a la vivienda puede convertirse en la primera fuente de recursos.

El retiro también requiere algo más que ahorrar
Otra de las metas que aparecen en la planeación financiera de los mexicanos es el retiro.
La ENIF 2024 señala que 42.2% de las personas de 18 a 70 años tenía una cuenta para el retiro o Afore.
Pero tener una cuenta no significa necesariamente que se esté acumulando suficiente dinero para la vejez.
Entre quienes tenían una cuenta para el retiro, solamente 7.9% realizó aportaciones voluntarias en 2024.
La cifra ayuda a dimensionar uno de los retos de la planeación financiera en México: comenzar a ahorrar para el retiro es importante, pero también lo es evitar que ese dinero termine utilizándose para solucionar emergencias que pudieron haberse cubierto mediante otros mecanismos.
¿Qué pasa cuando llega un gasto inesperado?
Aquí aparece una de las principales debilidades de las finanzas personales.
La Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI) 2023, del INEGI, encontró que 34.6% de la población de 18 años y más consideraba tener poca o ninguna capacidad para hacer frente a un gasto o imprevisto importante.
Es decir, aproximadamente una de cada tres personas enfrentaba dificultades para responder financieramente ante una emergencia significativa.
El problema no es únicamente cuánto dinero se tiene ahorrado. También importa cuánto tiempo podría mantenerse ese ahorro si aparece una contingencia.
Solo 22.9% cuenta con algún seguro
Los datos de inclusión financiera muestran con claridad esta brecha.
Mientras 76.5% de la población de 18 a 70 años tenía al menos un producto financiero formal en 2024, únicamente 22.9% contaba con algún tipo de seguro.
Además, la ENIF señala que:
- 13.9% tenía seguro de vida.
- 11.5% contaba con seguro de auto.
- 7.5% tenía seguro de gastos médicos.
Las categorías no son excluyentes, por lo que una misma persona puede contar con más de un tipo de seguro.
El dato importante es que la penetración de estos productos continúa siendo considerablemente menor que la tenencia general de productos financieros.
¿Por qué importa tener un seguro?
La respuesta depende del riesgo que se busca cubrir. Un seguro de gastos médicos puede ayudar a enfrentar determinados gastos de salud conforme a las condiciones de la póliza.
Un seguro de vida puede ofrecer protección económica a los beneficiarios en caso del fallecimiento de la persona asegurada. Un seguro de accidentes puede cubrir determinados eventos establecidos en el contrato. Un seguro de vivienda puede proteger determinados bienes y riesgos asociados al inmueble.
Por eso, no existe un único seguro que sea adecuado para todas las personas. La cobertura debe analizarse de acuerdo con la situación económica, familiar y patrimonial de cada hogar.
¿Cuánto debería tener una persona para emergencias?
No existe una cantidad universal que funcione para todos.
La cifra depende de los ingresos, gastos, estabilidad laboral, número de dependientes, deudas y necesidades de cada familia.
Como regla general de educación financiera, suele recomendarse construir un fondo de emergencia equivalente a varios meses de gastos básicos.
Pero antes de establecer una cifra, conviene calcular cuánto cuesta realmente mantener el hogar cada mes.
Una familia debería considerar gastos como:
- Vivienda.
- Alimentación.
- Servicios.
- Transporte.
- Salud.
- Educación.
- Deudas.
- Seguros.
- Otros compromisos indispensables.
A partir de ahí puede establecerse una meta de ahorro para emergencias.
¿Conviene contratar un seguro para proteger una meta financiera?
No existe una respuesta automática.
Un seguro puede ser útil para determinados riesgos, pero la decisión debe considerar el presupuesto, las necesidades de la persona o familia, las coberturas, exclusiones, deducibles, sumas aseguradas, periodos de espera y condiciones de la póliza.
También es importante comparar diferentes opciones antes de contratar. El objetivo no debería ser adquirir el seguro más caro, sino encontrar una cobertura que tenga sentido para los riesgos que realmente podrían comprometer la estabilidad económica del hogar.