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Costalegre transforma su oferta turística con hoteles boutique, turismo de lujo y naturaleza. Richard Zarkin explica su evolución y potencial en Jalisco

Costalegre: el destino de Jalisco que apuesta por turismo de naturaleza y lujo

Costalegre, Jalisco
Costalegre, Jalisco Foto: Visit Jalisco

Durante décadas, Costalegre, Jalisco, fue conocida principalmente por sus pequeñas comunidades costeras, playas tranquilas y visitantes que llegaban desde Guadalajara, Colima y otros puntos cercanos. Sin embargo, la región ha comenzado a ocupar un lugar distinto en el mapa turístico nacional, ya que hoy atrae a viajeros nacionales e internacionales que buscan naturaleza, privacidad, experiencias exclusivas y destinos menos urbanizados; todo eso lo tiene Costalegre.

Para Richard Zarkin Church, Director de Relaciones Públicas del Fideicomiso de Promoción Turística de Costalegre y conocedor de la evolución de la región, este cambio tiene una explicación relacionada con el crecimiento de otros destinos turísticos.

Barra de Navidad y Melaque fueron algunas de las primeras zonas de mayor desarrollo, impulsadas también por su cercanía con Colima. Con el tiempo, quienes tradicionalmente viajaban a Manzanillo comenzaron a explorar otras playas de la costa jalisciense.

“El turista que se iba a Manzanillo empieza a explorar y muchos descubren que empieza Barra de Navidad sobre todo a desarrollarse”, explicó Zarkin.

La evolución también está relacionada con el aumento de los precios en destinos consolidados. El entrevistado puso como ejemplo a viajeros canadienses que antes permanecían en Puerto Vallarta y ahora combinan su estancia con visitas a Melaque, donde encuentran playa, clima y atardeceres, pero a un costo menor.

“Tienes ese tipo de turista que por eso se va huyendo de lugares que empiezan a tener mucho más valor o precios más altos”, señaló.

Costalegre apuesta por crecer sin perder su naturaleza

Uno de los rasgos que diferencian a Costalegre es precisamente aquello que todavía conserva: grandes extensiones de naturaleza, playas menos urbanizadas, esteros y comunidades pequeñas.

Zarkin considera que esa condición puede convertirse en uno de los principales activos turísticos de la región.

“Entre menos desarrollado esté, la pandemia nos enseñó que vale más”, afirmó.

El crecimiento de hoteles y desarrollos de lujo no necesariamente significa, desde su perspectiva, repetir el modelo de destinos masificados. Como ejemplo, menciona propiedades como Four Seasons Tamarindo, donde las villas se encuentran integradas con la vegetación.

De acuerdo con el entrevistado, el complejo cuenta con 135 habitaciones y mantiene una relación cercana con el entorno natural. También destacó el caso de La Mandarina, donde la baja densidad de construcción permite que los visitantes encuentren fauna y vegetación durante sus recorridos.

“Vas a la playa y sigue muy virgen”, comentó al hablar de este tipo de experiencias.

La Manzanilla y Pérula, entre las zonas con potencial

Dentro de Costalegre, algunas localidades mantienen posibilidades de crecimiento turístico, aunque con una visión distinta a la de grandes destinos como Cancún, Riviera Maya o Puerto Vallarta.

Zarkin considera que La Manzanilla todavía puede crecer, pero percibe una intención de empresarios y habitantes de evitar una expansión descontrolada.

También observa potencial en Pérula, donde identifica una tendencia hacia hoteles boutique y alojamientos de menor escala.

“Yo siento que Pérula en dos años vamos a ver más hoteles tipo boutique”, anticipó.

La conectividad también puede modificar el panorama. El entrevistado destacó la importancia de las nuevas vías de comunicación entre Guadalajara y la costa, que permiten reducir considerablemente los tiempos de traslado hacia algunas zonas de Costalegre.

Turismo de romance: una oportunidad para Costalegre

El crecimiento turístico también abre oportunidades para el turismo de romance, particularmente en propiedades que ofrecen privacidad, paisajes naturales y servicios dirigidos a un segmento de mayor poder adquisitivo.

Zarkin mencionó destinos y desarrollos como Careyes, Cuixmala, Four Seasons Tamarindo y La Mandarina como ejemplos de una oferta que puede atraer a parejas que buscan celebrar una boda, luna de miel, aniversario o simplemente disfrutar de una estancia privada.

Sin embargo, también existe espacio para otros presupuestos. Pérula y La Manzanilla cuentan con opciones de alojamiento boutique que permiten diversificar la oferta.

“Para todos los presupuestos, lo que necesites”, resumió.

La apuesta de Costalegre, entonces, no parece estar únicamente en atraer más visitantes, sino en encontrar un equilibrio entre desarrollo turístico y conservación. Para Zarkin, mantener los esteros, humedales, islas, playas y fauna de la región será fundamental para que el destino conserve aquello que precisamente lo hace atractivo.

“¿Para qué secar esteros y humedales cuando están protegidos... y tienen especies bien importantes como el cocodrilo?”, cuestionó.

En ese equilibrio podría estar el futuro de Costalegre: crecer, atraer inversión y recibir visitantes de México y otros países, pero sin convertirse necesariamente en otro destino turístico masivo.

Costalegre, el desafío de crecer sin dejar de ser Costalegre

La evolución de Costalegre muestra que la región ya dejó de ser únicamente una sucesión de pequeñas playas conocidas por viajeros locales. La llegada de inversión nacional y extranjera, nuevos hoteles, desarrollos de lujo, propuestas boutique y una mayor conectividad están colocando a esta franja de Jalisco en una nueva etapa turística.

Pero el crecimiento también plantea una paradoja: si Costalegre se desarrolla demasiado, podría terminar perdiendo precisamente aquello que hoy la hace atractiva.

Su valor no está solamente en los hoteles que se construyen frente al mar, sino en los espacios que todavía permanecen abiertos, en los pueblos pequeños, los esteros, los humedales, la fauna y las playas que conservan una sensación de aislamiento frente a otros destinos más urbanizados.

Por eso, el futuro de la región no necesariamente tendrá que medirse por cuántos hoteles o visitantes puede recibir, sino por qué tanto puede crecer sin borrar la identidad que la convirtió en una alternativa para quienes ya no buscan el turismo masivo.

Richard Zarkin lo resume desde una perspectiva que atraviesa toda la conversación: “Entre menos desarrollado esté, la pandemia nos enseñó que vale más”.

Esa idea coloca a Costalegre frente a un reto que será cada vez más visible: atraer inversión, generar empleos y recibir a nuevos viajeros, pero al mismo tiempo conservar aquello que no puede construirse de nuevo una vez que se pierde.

Porque mientras otros destinos turísticos crecieron hasta convertirse en ciudades frente al mar, Costalegre todavía tiene la posibilidad de decidir qué quiere ser antes de que el desarrollo decida por ella.

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