
Richard Nixon, sin lugar a dudas, fue uno de los peores presidentes de la Unión Americana, quien tuvo que renunciar y salir por la puerta trasera de la Casa Blanca debido al escándalo del Watergate. Político de derecha, originario de California, perdió las elecciones ante Kennedy por escaso margen y gracias a la mafia de Chicago —y en concreto de Sam Giancana, quien negoció con Joseph P Kennedy, contrabandista de Boston y padre de John y Bobby, mapachear las urnas a cambio de impunidad, situación que Bobby no cumplió y que hasta la fecha forma parte de la teoría de conspiración del asesinato de ambos Kennedy—; pero la segunda postulación sí la ganaría Nixon, ante un Partido Demócrata muy debilitado por los asesinatos de Martín Luther King, los Kennedy, el asunto de Vietnam y la baja popularidad de Lyndon B Johnson.
Nixon llega a la Presidencia acompañado de su chico maravilla que no es otro más que Henry Kissinger, el segundo de a bordo, y juntos trazan lo que sería la política del Ping Pong respecto a China y a Mao Tse Tung, donde deciden sacarla del aislamiento en que vivía. En pocas palabras, despertar al tigre para contener a la Unión Soviética en plena Guerra Fría; y sucedió lo que siempre le pasa a Estados Unidos: creó un Frankenstein que, 50 años después, amenaza con derrumbar todo el Imperio Americano.
¿Quién iba a pensar que la Ingenuidad de Nixon y la perversidad de Kissinger se volviera un boomerang contra los americanos? La idea de incluir a China en la globalización para que fuera la fábrica del mundo terminó por rebasarlos por la izquierda y hoy por hoy es el problema de Seguridad Nacional más delicado del presidente Trump, subestimar a los chinos puede costarle a los Estados Unidos todo; y todo es todo, así de cruda y literal es la realidad.
La teoría de que los chinos inventaron el coronavirus como arma biológica contra Occidente refleja las tensiones fuertes que existen entre ambos gobiernos, sumado a la alianza que los chinos traen con el presidente ruso Vladimir Putin, país al que según Nixon y Kissinger debían contener y que 50 años después permanece como fiel aliado del gobierno chino, lo cual pone el mapa geopolítico con pinzas en plena pandemia.
Pero esta política que implementa el Gobierno Americano no debe extrañarnos, así han actuado siempre. Ejemplos sobran: Osama bin Laden fue un invento de ellos, igual que Noriega, Pinochet, el mismo Sadam Husein, por mencionar a algunos. El cambio en la ecuación obedece a que en China es el primer Invento que realmente podría causar la caída de este Imperio, no hay que olvidar la historia que claramente nos dice que todos los Imperios se derrumban.
Empezamos la cena con un Fujian Negroni, refrescante, pero pegador; bueno, para abrir apetito mientras nos traen el Dim Sum que son unas entradas muy ricas. Continuamos con la sopa de pescado, sensacional, maridada con un vino francés Château Margaux. Los chinos son muy proclives al vino francés y después entra a escena el famosísimo Pekín Duck, el arroz obviamente no puede faltar, realmente el mejor pato que he probado en mi vida. De postre un helado de Lychee elaborado en casa, delicioso, y por supuesto no nos podíamos ir sin probar el té de matcha.
El lugar cierra temprano, motivo por el cual tuvimos que trasladar el puro y el coñac al hotel Península, pero eso será motivo de otra charla. Es cuanto. Seguimos en fase 3, ¡quédese en casa!
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