
Israel bombardea con misiles y los palestinos bombardean con fotos y videos. En este cuarto choque bélico entre el Estado judío y Gaza -que este viernes culminó con un alto el fuego-, la guerra de las armas la ganaron los israelíes, como en todas las que han enfrentado judíos y árabes desde hace medio siglo, pero la guerra de la propaganda la ganaron, otra vez, los palestinos.
Para intentar contrarrestar su imagen de nación ocupante, Israel puso en marcha una estrategia conocida como Hasbará, cuyo significado literal en hebreo es explicación o esclarecimiento. Sin embargo, el país con uno de los Ejércitos más poderosos (Tzahal) y la agencia de inteligencia y contraterrorismo más eficiente del mundo (Mossad), fracasa con su “secretaría para la propaganda” (Hasbará), como admite una de las personas que mejor conoce el funcionamiento de la defensa israelí.
Meirav Lapidot, ex vocera del Tzahal durante 10 años, declaró este miércoles al portal israelí YNet que la prensa extranjera empatiza “con los pequeños y débiles, que para ellos son Hamás”, el movimiento islamista que controla la Franja, y añadió que, desde su experiencia en el extranjero, las personas “no asocian a Israel con un país pequeño, sino que piensan en un gigante”.
La exvocera del Ejército israelí acierta en parte en el diagnóstico, pero se equivoca en el tratamiento.
Efectivamente, Israel es un país pequeño -del tamaño del Estado de México y la mitad de su población (22 mil kilómetros cuadrados y 9 millones de habitantes), pero es un gigante en lo que a su Ejército se refiere: lleva doce años consecutivos como el país del mundo que más presupuesto invierte en defensa, principalmente para comprar armamento a EU y para su escudo antiaéreo. De igual manera, Lapidot acierta cuando sugiere que Hamas no es esa organización débil que muchos creen, sino que es un gobierno y un grupo armado que envenena a los gazatíes con su discurso antidemocrático y radical, y que usa al pueblo de escudo humano.
Acierta también cuando dice que Israel tiene derecho a defenderse de una agresión exterior (por supuesto que la tiene, como cualquier país), pero se equivoca gravemente, como se equivoca el primer ministro Benjamín Netanyahu y su equipo de halcones, cuando asegura que es justo responder al lanzamiento de cohetes de Hamas, en su mayoría interceptados por el escudo antiaéreo israelí, con bombardeos diarios sobre áreas urbanas de la empobrecida y hacinada Franja de Gaza, con decenas de civiles muertos, muchos de ellos niños. También se equivoca cuando se lamenta porque el gobierno dedica poco dinero a la Hasbará y a difundir mejor la imagen de Israel a través de sus embajadas. ¿Cómo pretende Israel vender una imagen al mundo de las pobres víctimas del conflicto, si lo que el mundo ve es un bombardeo sin piedad de Gaza e imágenes de padres con niños muertos entre sus brazos? ¿Cómo pretende que el mundo se crea que Israel quiere la paz con los palestinos, si sólo autoriza la destrucción de viviendas humildes de familias palestinas, en la zona ocupada de Jerusalén este y de Cisjordania, para levantar casas coquetas y con el pasto bien regado para que las habiten los colonos judíos? ¿A qué paz se refieren cuando dicen que están dispuestos a negociar la paz?
Israel no puede pretender venderse al mundo como un país pacífico y democrático, cuando mantiene un sistema de apartheid con los palestinos, a los que consideran terroristas por solo lanzar piedras (deberían recordar que también se levantaron en armas los judíos del gueto de Varsovia). Tampoco debería escandalizarse con las imágenes que hemos visto en los últimos once días de manifestaciones contra la agresión israelí a los palestinos en cientos de ciudades de todos los puntos del planeta, incluido Tel Aviv. ¿De verdad no entienden por qué se manifiestan?
Efectivamente y por desgracia, Hamás usa tácticas terroristas e intimida a los palestinos moderados -como el presidente Mahmud Abás- para que no negocien nada con “los sionistas”, pero eso no quita que Israel siga insultando a la inteligencia de la opinión pública haciéndonos creer que Gaza es sólo un nido de terroristas.
Por mucho que invierta Israel en la Hasbará, la realidad (y no la propaganda) es esta: la Franja de Gaza es, básicamente, el mayor campo de concentración a cielo abierto del mundo, sin esperanza para sus habitantes enjaulados; y Cisjordania es un territorio con forma de queso gruyere, con cada vez más agujeros ocupados por asentamientos judíos, que hacen imposible un futuro Estado palestino sea mínimamente viable.
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