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Las cloacas del Estado español, al descubierto por un policía mafioso

CHANTAJE: José Manuel Villarejo filtra desde la cárcel los trapos sucios de políticos, empresarios y hasta de la casa real española, para vengarse por haber sido encarcelado, cuando creía que tener grabaciones de los turbios encargos que le hacían los poderes del Estado le protegía

El cantante Raphael, con semblante serio, camina por la calle
El cantante Raphael, con semblante serio, camina por la calle El cantante Raphael, con semblante serio, camina por la calle (La Crónica de Hoy)

Hace dos semanas, el portal Moncloa.com publicó unas grabaciones de audio que mostraban a María Dolores de Cospedal, exsecretaria de Defensa española, pidiendo investigaciones turbias al entonces comisario de policía José Manuel Villarejo. Cospedal ocupó el cargo hasta hace medio año, cuando una moción de censura derribó al gobierno de Mariano Rajoy. Entonces, trató de sucederle como líder de la derecha española, pero perdió en las primarias del Partido Popular (PP) frente al radical Pablo Casado.

La grabación se hizo durante una reunión celebrada en 2009 en la sede del PP en la calle Génova de Madrid. Cospedal, su esposo Ignacio López del Hierro y el comisario Villarejo debatían la situación del partido tras el estallido del escándalo de la trama Gürtel, que, nueve años después, fue el que liquidó el gobierno de Rajoy.

La entonces secretaria general del PP pidió a Villarejo que investigara, de manera discreta y opaca, y a cambio de pagos y favores, a su compañero de partido, Javier Arenas, quien estaba vinculado al extesorero del partido, Luis Bárcenas, figura clave de la trama Gürtel.

También pidió investigar al hermano de Alfredo Pérez Rubalcaba, entonces secretario de Interior del gobierno del Partido Socialista, a quien Villarejo acusaba de mantener una aventura con Marita Fernández Lado, directora de la agencia de investigación privada Método 3, agencia que terminó disuelta por haber hecho grabaciones irregulares para recabar información sobre supuestas corruptelas de políticos catalanes.

Cospedal terminó presentando su dimisión de la cúpula ejecutiva del partido el pasado 6 de noviembre, pero decidió mantener su escaño en el Congreso, lo que le permite continuar estando aforada, por si acaso, y mantener un sueldo de 145 mil pesos al mes.

A la vez, desde su escaño, continúa reclamando la dimisión de la actual secretaria de Justicia, Dolores Delgado. ¿Por qué? Porque también Moncloa.com publicó a finales de septiembre otra grabación de Villarejo, también de 2009, de una cena celebrada a la que asistieron diversas personalidades de la justicia española, incluyendo al reconocido juez Baltasar Garzón. En aquella cena, Delgado, que entonces era fiscal de la Audiencia Nacional, llamó “maricón” al juez Fernando Grande-Marlaska, actual secretario de Interior español, y relató episodios de jueces acostándose con menores de edad. Aunque Delgado no cometió ninguna ilegalidad, el PP le reclama por haber negado que tuviera relación alguna con Villarejo.

Todo responde a una estrategia que, durante décadas, el excomisario montó para guardarse las espaldas ante las numerosas ilegalidades que estaba cometiendo para agasajar y sonsacar a las élites políticas y empresariales del país. Por el camino, Villarejo tejió una verdadera red personal de contactos en las más altas esferas españolas.

Hablaba de Javier López Madrid, un importante empresario madrileño, consejero de la constructora OHL, a quien la doctora Pinto denunció por acoso sexual. Además del importante cargo, López Madrid era, desde hace dos décadas, amigo personal del rey de España, Felipe VI, y de su esposa, la reina Letizia. De hecho, la reina le llamó “compi yogui” en un sms que ésta le mandó para apoyarle cuando el nombre de López Madrid apareció por primera vez en un caso de corrupción, al que luego seguirían otros, y que terminó filtrándose.

El papel de Villarejo en todo esto es clave, porque la familia real española parece ser el núcleo de su venganza por el encarcelamiento. Fue precisamente el comisario mafioso quien filtró los audios que, en julio de este año, revelaron, a través de unas conversaciones grabadas en 2015 con la examante del rey emérito, Corinna zu ­Sayn-Wittgenstein, que Juan Carlos I cobró comisiones ilegales, tenía cuentas bancarias ocultas en Suiza, movía patrimonio de manera irregular, y que, en palabras de la semiaristócrata alemana, el monarca “no conoce la diferencia entre lo legal y lo ilegal”.

El golpe a la monarquía era su as en la manga para salir de prisión, la amenaza definitiva. Pero finalmente la justicia española decidió no investigar al rey emérito de España porque, al fin y al cabo, tiene inmunidad justicia. Y aunque la filtración, que en aquella ocasión publicó el portal El Español, fue un duro golpe para la casa ­real española, y dejó claro que Villarejo estaba dispuesto a tirar de la manta para tratar de salir de prisión, su órdago y chantaje al Estado no funcionó.

Quién sabe si por venganza, o con la esperanza de, finalmente, dar con la tecla que le permita salir de prisión, Villarejo sigue filtrando las corruptelas y trapos sucios de la clase dirigente española, y aunque no logre salir de la cárcel, el excomisario ha demostrado que mantiene intacta su capacidad de sacudir la vida política de todo un país.

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