Opinión

Regreso a Neza II

Arturo Ramos Ortiz
Arturo Ramos Ortiz Arturo Ramos Ortiz (La Crónica de Hoy)

Hace muchos años viví en Neza, el municipio del Estado de México que, antes del surgimiento de Chalco, absorbió el crecimiento del Estado de México. Eran los setenta y el país era, aún, un compendio de atrocidades de una época política monolítica. Más de 10 años después de salir de aquel municipio del Estado de México, describí lo que percibí en un primer regreso.

Inicia la cita descrita del Neza de los setentas al noventa:

“Viví en Ciudad Nezahualcóyotl cuando aquel lugar era el arrabal por antonomasia de la Ciudad de México. En ese tiempo, como suele ocurrir con la mayor parte de las colonias recién pobladas, Neza se integró con familias jóvenes y de muchos niños. Al paso del tiempo, esos niños se convirtieron en adolescentes y entonces la policía hizo irrupción en nuestra vida cotidiana”.

“Para nadie es un secreto lo que es la policía del Estado de México, pero hace algunos años esta corporación de hampones tuvo una ventaja adicional para sus incursiones sobre los civiles. En cierta forma los propios habitantes de Neza, incapaces de imaginar un reclamo ante la corrupción, fuimos responsables de la delincuencia emanada de las placas oficiales. Hay una premisa según la cual un victimario no podría existir si no hubiese quien se aceptara como víctima. La actitud de víctimas fue asumida por quienes habitamos Neza durante su crecimiento galopante, así la policía del estado pudo organizar la violación sistemática de nuestros derechos ciudadanos”.

“Ajenas completamente para habitantes de otras latitudes de la Ciudad de México, aun cuando la separación geográfica implique tan sólo unas decenas de kilómetros, las circunstancias bajo las que vivió Neza llegaron a constituirse prácticamente en un estado de sitio. Cuando menos en la práctica eso estaba ocurriendo: a las siete de la noche las camionetas policiacas recorrían las calles e invitaban a los grupos de jóvenes a disolverse, pues después de esa hora la presencia de corros en las calles era restringida por algún mandato policial que, a todas luces, era ilegal. Reunirse en la calle a cierta hora, como en países con las peores dictaduras, se convirtió en motivo suficiente para que las paneles policiacas detuvieran sin cargos a un ciudadano. Esto se repetía noche tras noche, sin excepción”.

Fin de cita proveniente de Nexos, la revista en la que gentilmente alguien pensó que debía publicarme.

Ha pasado otra década desde esa publicación y nuevamente, esta vez enfundado en la casaca de los croniquitos, he vuelto a Neza para realizar una serie de revisiones sobre la actuación de la policía municipal, la que ha llamado la atención de los analistas surgidos a la par de la violencia que recorrió el país en los últimos años.

La espalda y el espaldarazo
La espalda y el espaldarazo
Por: Rafael CardonaApril 03, 2026

Pero la policía municipal de Neza resultó llamativa esta vez porque es uno de los ejemplos que pusieron en duda la aprobación del llamado Mando Único. Es decir, su renovación y la capacidad que lograron para atender los problemas de seguridad locales, hicieron pensar a muchos que no era conveniente disolver el mando municipal a fin de que la corporación fuese absorbida por la policía estatal.

Esta policía merece una revisión profunda por lo mismo. Para mi desgracia, una serie de encuentros previstos con sus mandos y sus elementos, a la que estaba originalmente invitado, no habrá de darse… aunque quizás es mejor. La revisión de una policía requiere ser cotidiana, así que quizás ahora, como interesado en el tema, habré de hacer una revisión menos cómoda pero más sistemática.

La revisión publicada en Nexos terminaba con optimismo. A pesar de la proliferación de las rejas en las calles que antes eran transitables sin estorbo alguno, la seguridad empezó a entenderse de otra forma. En la cabeza de los ciudadanos ya no estaba, hacia los años noventa, la idea de que la policía era corrupta sin solución.

He quedado impactado en las primeras revisiones de Neza y su policía. Revisar a la corporación es relativamente fácil. Lo que me pregunto, es cómo se podría detectar esa evolución en la cabeza del ciudadano durante la transformación policial. Quizás, en eso, todos deberíamos ser Neza.

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