Opinión

Cambios en Morena

Luisa María Alcalde (Mario Jasso)

Luisa María Alcalde entró a su segundo año de gestión como presidenta de Morena, una posición que en la práctica representa ser la gran arbitra de las elecciones internas. Este 2026 se abre ese despejelladero entre camaradas en busca de lograr una candidatura. Y, de acuerdo a cada vez más voces del partido, un relevo en la dirigencia nacional es cada vez más latente.

Los suspirantes a convertirse en “coordinadores estatales de defensa de la 4T” tendrán un peso destacado en torno a ese relevo, sobre todo cuando ejercicios anteriores dejaron insatisfacciones y la sensación de que las encuestas que se usan para medir respaldo ciudadano pueden acomodarse en favor de algunos.

Morena ha intentado mayor certidumbre al establecer mediciones externas, contratadas exprofeso y sin que la dirigencia nacional intervenga en el diseño de la encuesta (al menos eso se dice), pero el tema del árbitro, como en lo partidos reñidos de futbol, seguirá siendo prioritario para los jugadores con mayores posibilidades.

Un eventual cambio de dirección nacional no podrá, tampoco, verse como cosa aparte del fiasco Verde en SLP, donde los tucanes ya le dijeron adiós a los morenos.

Y de mirar se aprende en la oposición

Criticados en un principio, los métodos morenistas para ungir candidatos a gobernaturas, alcaldías y legislaturas federal y estatales se están copiando en los partidos de oposición. No sólo es la apertura a las encuestas, sino el espíritu y la operación completa se trasladan sin más.

Dentro de poco, habremos de conocer a lo que habrán de llamarse comisionados de la democracia o algo similar (¿coordinadores estatales de la destrucción de la 4t?) que, en la práctica serán precandidatos que recorrerán territorio en busca de consolidar una base electoral.

Las críticas de antaño hacia aquel primer proceso de selección en Morena quedaron atrás para optar por la simple réplica. Veremos cómo funciona.

Retiro dorado (y enojo en la burocracia morenista)

Aun no es posible mencionar por su nombre a la institución que desató la controversia (hasta que no estén en firme todos los datos), pero es del sector más sensible al estar dedicada a procurar derechos básicos de los trabajadores.

Lo que es un hecho es que en diferentes sectores de gobierno se ha desatado una feroz crítica contra funcionarios que gestionaron (exitosamente dicen los quejosos) una bolsa para recibir un retiro dorado cuando su labor en la institución se termine.

Se trata de un tema delicado por las ámpulas que está levantando. Ciertamente algunas instituciones públicas deben generar cierto tipo de capa gerencial (a semejanza del sector privado), para funcionar correctamente, pero lo de una pensión dorada parecería excesivo.

El que no cayó

Nos cuentan que en el arranque de entrevistas para consejerías del INE, en la cámara baja, hubo quien entendió perfectamente de qué se trataba … y hubo quien no.

Entre los más observados estaba Jesús Octavio García González, a quien intentaron llevar al terreno de los señalamientos previos. La pregunta era clara: sacarlo del proceso y meterlo en la polémica.

No ocurrió.

El actual director de Administración del organismo optó por no pronunciarse sobre temas ajenos a la evaluación y sostuvo la conversación en lo que sí estaba en juego: su conocimiento técnico y su trayectoria en materia electoral.

Más allá del ruido, García ya había acreditado dos filtros objetivos —examen e idoneidad— y forma parte de los cuadros que han estado en la operación directa de los procesos más complejos del sistema electoral reciente.

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