Opinión

Del pejelagarto al ajolote

Clara Brugada, jefa de Gobierno de la CDMX

La política contemporánea mantiene una variable indescifrable para la oposición: la creación y conducción del imaginario popular.

Quien domina el lenguaje y las imágenes de lucha y esperanza a pesar de las tormentas de todo tipo y, por supuesto, de manera más consistente si avanza en todas las áreas, valida la identidad de las mayorías y administra la legitimidad del ejercicio del poder.

El movimiento gobernante ha matizado su identidad base. La narrativa original de la izquierda, concentrada en el perfil combativo de Andrés Manuel López Obrador, evoluciona hacia un modelo metropolitano —empático y alegre hasta la provocación de los manuales de identidad—, encabezado por Clara Brugada. Estamos ante una segunda etapa en la construcción de una simbología política: del pejelagarto al ajolote.

Si la irrupción de la izquierda social encarnó en la silueta del primero, el segundo piso en la capital ha encontrado su ADN en la delicada y tenaz fisonomía de la especie endémica local. En el anfibio de Xochimilco hay una perfecta analogía de una ciudad con capacidad biológica e institucional de sanar sus propios tejidos.

El ajolote no es el pejelagarto; no muerde desde el fondo de la corriente tropical. Sana y se reconstruye en los canales amenazados del Valle de México. Relevo con asidero. El anfibio, famoso en la biología por su capacidad para regenerar extremidades completas, ojos y tejido cardíaco, se convierte en espejo de comunidades sobrevivientes de crisis estructurales y de una desigualdad cuya completa corrección implicaría una transformación del usufructo de la renta nacional.

Ernesto Laclau, el filósofo y teórico postmarxista, profesor mío en Essex, explicó en “La razón populista” la consolidación de la hegemonía cuando un elemento específico logra representar las demandas insatisfechas de una colectividad. Si ajolotizar implica transformar positivamente el espacio público, argumenta Brugada, entonces sí, en la capital nacional hay ajolotización.

Reacción inmediata en los laboratorios digitales opositores, con una oleada de memes virales diseñados con IA y evidente intención depredatoria; montajes satíricos de la mandataria mutando en anfibio o representaciones de un ajolote gigante al estilo Godzilla. Ridiculización como mecanismo de exclusión clasista. Al mismo tiempo, consiguieron lo indeseable para su furiosa nostalgia: involuntariamente contribuyeron al posicionamiento de un imaginario representado por la especie símbolo también del Mundial de Futbol en la CDMX.

Con su estrategia, la Jefa de Gobierno ha trasladado el agravio social hacia un terreno de soluciones urbanas, con la identidad local del ajolote y la reivindicación alegre de la naturaleza de la gobernante. La viabilidad de este modelo supera la discusión interna y obtiene validación de organismos internacionales. La entrega del Pergamino de Honor de la ONU-Hábitat 2025, por su enfoque visionario y social con las Utopías, fue preámbulo al reconocimiento internacional de este fin de semana.

La presentación de la experiencia de la capital nacional ayer en el Foro Urbano Mundial de la ONU-Hábitat en Bakú, Azerbaiyán, evidencia la capacidad para estructurar propuestas de vanguardia y la traída a México del correspondiente futuro encuentro. Brugada trazó ruta y urgencia: “poner a las mujeres en el centro del desarrollo urbano de las ciudades y las metrópolis”, con el sistema público de cuidados como proyecto innovador feminista.

Con la Presidenta Claudia Sheinbaum a la cabeza del obradorismo y quien considera los colores actuales impresos a la urbe como parte de su belleza, Brugada se sienta a la mesa del liderazgo global. La designación de la Ciudad de México como sede oficial para el año 2028 confirma el interés internacional por analizar su modelo de gestión territorial. Aquí, en la región más transparente… y del ajolote.

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