
En estos tiempos modernos, en los que la opinión medida cuenta más que la opinión publicada, es útil, desde la opinión publicada, hacer análisis de la opinión medida, porque luego hay quienes hacen interpretaciones de violín: “esto sube, esto baja”, y ahí se quedan. Es el tema con la encuesta reciente que realizó Lorena Becerra para LatinUS, que, bien vista, da para mucho.
Al terminar de verla, da la impresión de que México se está moviendo lentamente hacia una crisis de representatividad, que tardará varios años en manifestarse en todas sus aristas.
Es relevante comparar los resultados de esta encuesta con los que señalaba hace un año. En ella se ve una caída relevante en la popularidad de la presidenta Sheinbaum, pero como venía de cotas altísimas (80% la aprobaba hace un año), mantiene una aprobación de 59%, muy similar al porcentaje de votos que le permitió ganar la Presidencia hace dos años. En otras palabras, lo que se acabó fue la “luna de miel” del primer año. Eso sí, se trata de una baja nada despreciable de 21 puntos.
Hay tres elementos que pueden explicar esa caída. Una, posiblemente minoritaria, está ligada a la decepción de algunos ciudadanos, tendencialmente opositores, respecto al deslinde que deseaban que tuviera Sheinbaum respecto a López Obrador, mismo que no se ha dado. La segunda, típica de todos los gobiernos, está ligada al desgaste natural del poder, que suele ser la razón más amplia, y tendencialmente ocurre entre los electores independientes. La tercera, si analizamos el resto de la encuesta, está relacionada con la percepción de fallas en el combate a la corrupción, exacerbada por la aparición de diversos escándalos que involucran a personajes de Morena. Y aquí es donde más encontraremos a simpatizantes morenistas decepcionados.
Un aspecto notable es que, a pesar de que la presidenta Sheinbaum tiene una aprobación de 59%, sólo el 46% de los entrevistados consideró que el país va por el camino correcto. Se trata de una aprobación light, que puede cambiar rápidamente de acuerdo con las circunstancias. A esto se agrega que una mayoría de los entrevistados, el 68%, piensa que “algunas cosas se están saliendo del control” de la titular del Ejecutivo Federal. Una parte de la aprobación a Sheinbaum es un apoyo preocupado, porque la cosa está complicada.
A la hora de analizar datos demográficos, se comprueban las tendencias registradas en las elecciones de hace dos años. Sheinbaum es más popular entre los más pobres, entre los menos escolarizados y entre los más viejos. Lo que debería resultarle preocupante es la caída en la aprobación entre la población más joven. Entre los menores de 30 años hay un empate entre aprobación y desaprobación. Se entiende, entre otras cosas, porque -a diferencia de las generaciones mayores-, la gran mayoría de los jóvenes no ha conocido en su vida adulta gobiernos diferentes a los de Morena.
Si bien, la aprobación en política social y salarial sigue siendo muy alta, es notable la caída en otros temas, particularmente por el lado de la corrupción y la presunta colusión de morenistas con el crimen organizado. Ahí están las principales fortalezas y debilidades del gobierno respecto a la opinión medida.
Específicamente, 54% de los entrevistados cree que en Morena hay tantos vínculos, o más, con el crimen organizado, comparado con otros partidos. De nuevo nos encontramos con una paradoja aparente: ciudadanos que apoyan a Sheinbaum y que no creen que Morena tenga menos vínculos con la delincuencia que sus antecesores. De hecho, 68% considera cierto que políticos de Morena han recibido recursos del crimen organizado.
Lo curioso del asunto es que menos de la mitad de los entrevistados (47%) estaba enterada de la acusación contra Rubén Rocha Moya. En otras palabras, una parte de la población, aun sin estar informada, tiene la percepción de financiamiento negro a políticos de Morena. De los que sí están informados, dos terceras partes piensa que sí hubo asociación de Rocha y su gente con los cárteles y sólo una cuarta parte -los puros-, considera que se trata de una campaña de desprestigio.
Haciendo cuentas, cerca de la quinta parte de la población está con Morena en las duras y en las maduras, y sigue a pie juntillas el guion que le presenta el gobierno; dos quintas partes aprueban a Sheinbaum, a pesar de que sientan que hay cosas que se le salen de control y de que consideren que ha habido relación entre Morena y el crimen organizado. Los dos quintos restantes tienden a ser mayoritariamente críticos.
¿Cómo se traduce esto en intención de voto, según la encuesta de Becerra, rumbo a las elecciones de 2027? En una caída neta en las preferencias hacia Morena, con un aumento marginal en las intenciones de voto para sus aliados, y en incrementos en las preferencias de todos los partidos opositores. Sin embargo, esa baja no impediría que la alianza encabezada por Morena volviera a obtener la mayoría absoluta de los votos. Su ventaja en las cámaras tal vez ya no le alcanzaría para una mayoría constitucional, pero sería igualmente muy grande, tomando en cuenta además que es improbable una alianza opositora de relevancia. La oposición acudirá dividida.
Aquí se juntan otros dos factores. Para una parte de la población, la decepción por la corrupción morenista disminuye la intensidad de su apoyo, pero no el rechazo hacia los partidos tradicionales. Ya no están dispuestos a votar por “el mejor”, porque ya no creen que exista, sino por “el menos malo”. Y ese “menos malo”, en la mayoría de los casos, sigue siendo, para ellos, el partido guinda, a pesar de todos los pesares. Otra parte se abstendrá, algunos más buscarán opciones novedosas.
Nada está dicho. Las cosas en la opinión medida cambiaron bastante en un año. Falta otro para las elecciones. Para las decisiones de ese año habrá dos claves: una es que Morena se pueda, o no, hacer cargo de una manera creíble de sus problemas de corrupción. La otra, que aparezca, o no, en la oposición la conciencia autocrítica y los cambios de personal necesarios para aparecer como una alternativa diferente a la del regreso al pasado, porque ese regreso es algo que las grandes mayorías rechazan de manera contundente.
Si no hay cuentas claras de Morena con sus corruptos y si la oposición se rehúsa a cambiar de rostro y formas, la crisis de representatividad llegará más temprano que tarde, para mal de todos.
Twitter: @franciscobaez