
Quizás uno de esos especialistas en psicología de las masas o algún sociólogo con hiperclorhidria pueda descifrar la extraña fascinación mexicana por la implantación de marcas absolutamente frívolas e inútiles.
La conquista de un trocito en las bobas e intrascendentes páginas del libro Guinness se convierte --sin motivo más allá de la futilidad del registro-- en una hazaña nacional. Alguien ha dicho que nuestro compendio supera al de cualquier otro país en logros de demasía, lo cual equivale a decir, somos la nación más “record-dable”.
Y también la más sangrona, si esta palabra cuyo sentido proviene de burlas misóginas cuya intención por ahora no tiene caso explicar, porque está relacionada con cambios de carácter femenino derivados de procesos periódicos bien conocidos y mal entendidos, pudiera usarse.
Pero si de sangronadas hablamos, debemos agregar a la colección de nuestras insustanciales hazañas cuantitativas (el tamal más enorme, la mayor rosca de reyes, etc.) la consumación de la “ola” de entusiasmo más opulenta de la historia, aunque se haya hecho, (en contra de su naturaleza de diversión en los estadios), en la avenida Paseo de la Reforma graciosamente cedida para tal efecto por el culto magisterio nacional.
Como no podemos ganar el campeonato de fútbol ni triunfar en el césped, inventamos un espacio invencible: hacer la ola y apropiarnos de su paternidad. Lo primero, quizá. Lo segundo es falso.
Como todos sabemos la alharaca colectiva y festiva expresada con las manos al aire y el levantamiento progresivo del graderío, se originó en los Estados Unidos en un partido de béisbol entre Oakland y Nueva York. En fin. Además de malamente jocosos, copiones.
Pero si hablamos de récords imposibles uno de ellos será imposible mientras manden los parásitos de la CNTE: no lograremos la mejor educación del mundo ni el imbatible número de escuelas de primer nivel en operación constante. En cambio, registramos la mayor cantidad de días escolares perdidos (y pagados) en protestas sindicales; no magisteriales.
Posiblemente --en otro ejemplo constructivo--, no podamos lograr la mayor cantidad de caminos encementados de manera perdurable (el asfalto se agrieta y se raja con las filtraciones del agua en su grumosa consistencia) pero indudablemente logramos --con mucho-- la cifra inimitable de agujeros, baches, hoyancos y cráteres en las calles, avenidas y carreteras.
Nuestro récord, no inscrito por pudor en el ya dicho registro, seguramente para evitar la altanería presuntuosa, es de tal dimensión como esta información proporcionada por el siempre eficaz gobierno de la CDMX:
“... (enero 2025) la Jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, para solucionar el problema de los baches en la Ciudad de México, la Secretaría de Obras y Servicios (SOBSE), en coordinación con las 16 alcaldías, lleva a cabo labores diarias de mantenimiento y corrección de la carpeta asfáltica. De esta manera, han sido atendidos más de 42 mil 670 baches en vialidades primarias y secundarias de la red vial de la ciudad…” NO se nota.
Y por lo visto, estas otras palabras también se fueron por un hoyo:
“..Hoy anunciamos (CSP, quien nos ha enseñado ya su vehículo eléctrico) el programa del “Megabachetón” en el país, es el programa intensivo de repavimentación y bacheo, son 50 mil millones de pesos, destinados este año a la repavimentación de carreteras federales, bacheo de carreteras federales. Se hizo un trabajo muy intensivo de revisión de las carreteras, recogimos también las solicitudes de las personas y vamos a las carreteras federales (enero 2026)”
En vista de la permanencia de los hoyancos por toda la república, estamos ante el récord universal de capacidad reproductiva de los dichos baches. Si (como ellos dicen), ya los han “atendido” sólo nos explicamos su permanencia gracias a la fecundidad. Son como la hidra a quien cada corte de cabeza le permitía brotar otras diez nuevas. Así los baches de doña Clara (récord mundial, eso sí); tapa uno ( o eso dice) y se le forman diez más. Ni las promesas de renovación urbana motivo del mundial se pudieron cumplir.
Ai’pal’otra, mi buen…
Pero en cuanto al cochecito presidencial, quizá la señora Brugada --tan perspicaz para otras cosas de menor importancia--, no se ha dado cuenta de cómo esta multiplicación de los baches (y los axolotes, en pastilla o jarabito) , además de ofrecer pequeñas pozas para la reproducción del animalejo, entraña un riesgo político entre ella y la titular del Poder Ejecutivo; un peligro latente en agravio de uno de los más caros proyectos de la señora presidenta (con A), quien ayer nos hizo favor de asombrarnos con el cochecito Olinia. Una chulada de juguete.
Pero es tan pequeñito (con tamaño de niño y de dedal, podría haber dicho Don Ramón), como para desaparecer con todo y sus ocupantes en cualquiera de los hoyancos de las avenidas de la ciudad si sus rueditas pudieran salvar tantas anfractuosidades.
Y eso de seguro acarrearía una notable incomodidad entre las dos gobernantas… De por sí…
Por otra parte el liliputense artefacto rodante no parece ser muy útil ni como carrito de golf: podría precipitarse, como Alicia en el agujero del conejo, en alguno de los hoyos del green.
Pero si en eso podemos inscribirnos gozosos en la lista de las inutilidades, no veo a México en el récord internacional de ciencia y tecnología. No inventamos ni la pila, ni el acumulador, ni el motor eléctrico o de combustión interna o de turbina, bueno… ni la rueda.
Tampoco podremos exhibir el orgullo del país con menos homicidios por cada 100 mil habitantes en el mundo, ni con menos desapariciones, extorsiones o secuestros.
Mi amada patria no encabezará, ni en el Guinness, la mayor cantidad de hospitales bien equipados en el planeta, proporcional a la cifra de su cantidad de habitantes; ni la mayor oferta de patentes internacionales, ni el rol dorado de los grandes descubrimientos de la humanidad; no gozaremos del privilegio de sabernos viajeros interestelares con naves de ida y vuelta siquiera a la cara escondida de Selene. Ese récord de lejanía ya nos lo ganó la NASA.
Tampoco somos el país con más copas mundiales de fútbol en sus vitrinas. Ni siquiera eso.
Nos seguiremos conformando --y enorgulleciendo--, con la más grande memela del orbe o el liderazgo en la fabricación de cajitas de Olinalá, mascaritas de Quiroga y tamarindos de Iguala, donde nadie nos gana en estudiantes asesinados en un solo día…
RIDING
Cuando Jesús Reyes Heroles, desde la Secretaría de Gobernación, quiso golpear al ex presidente Luis Echeverría, y pasándose de listo pretendió reinstalar a Julio Scherer en la dirección de EXCÉLSIOR, Alan Riding reventó la maniobra.
El entonces director de PROCESO, jugó una carta marrullera: como no podía borrar su imagen de mártir desplazado del rotativo por intervención del gobierno, para luego ser también recolocado por el mismo régimen priista, reveló la oferta de RH en una junta con sus colaboradores a la cual invitó a Alan Riding quien presuroso publicó todo el enjuague en el NYT. La maniobra de Bucareli fracasó.
Julio siguió siendo mártir, Echeverría un villano; Reyes Heroles casi se muere del entripado y Alan ganó una noticia internacional sobre un país donde los gobiernos ponen y quitan directores de periódicos.
Descanse en paz Alan Riding cuyo libro “Vecinos distantes” nos revela hoy a entender tantas cosas.