
Estamos escasamente a 72 horas de dar inicio el campeonato mundial de fútbol, el más singular y diferente a todos los anteriores, por las 48 selecciones nacionales participantes que jugarán 104 partidos durante 39 días en tres países distintos; si lo anterior no fuera suficiente, sin duda será el primer mundial de la era de la Inteligencia Artificial.
Estamos hablando del deporte más popular en el mundo y con más seguidores, los que se cuentan por miles de millones de personas (aproximadamente 3,500 millones); por su población, China y la India son los que aportan la mayor cantidad de aficionados, pero porcentualmente los países más futboleros son Brasil, México, Argentina, Nigeria, Alemania y España.
Algunas revistas especializadas señalan a la Selección de Inglaterra como la de mayor valor monetario 1,620 millones de euros, le siguen Francia con un valor de 1,360 millones de euros y España valuada en 1,310 millones de euros; un poco más abajo de los cuatro dígitos están Portugal, Brasil y Alemania; el valor de la Selección Mexicana lo calculan en 195 millones de euros.
Para garantizar la seguridad, la tranquilidad y la paz durante los 39 días de competencia, se calcula que por lo menos los tres países sedes, estarán desembolsando 1,000 millones de dólares y decenas de miles de personas realizarán funciones de seguridad; tan solo en México se estima que 100 mil integrantes de la Sedena, Marina, Guardia Nacional y policías estatales serán involucrados en este tema.
Pero como toda industria de masas, el fútbol también tiene un rostro negro y subterráneo; por ejemplo, el precio de los boletos para asistir a los estadios son nada accesibles para un aficionado de clase media baja; el boleto más barato en el partido de inauguración a realizarse en el Estadio Azteca es de 33 mil pesos mexicanos; quienes quieran ir la zona VIP tendrán que desembolsar por lo menos un millón de pesos, suma absolutamente desproporcionada, pero son los precios autorizados por la FIFA; ni hablar de los costos en la reventa, simplemente absurdo.
Lo anterior nos lleva a plantear una primera gran paradoja: cómo es posible que un deporte tan masivo y popular como el fútbol, poco a poco se esté convirtiendo en un escaparate que únicamente lo pueden ver en los estadios los grandes ricos del mundo, condenando a la mayoría de la población a seguirlo por las redes sociales y en menor medida por la televisión abierta, porque hasta eso, ahora también hay que estar suscrito a distintas plataformas para poder ver los partidos de las distintas selecciones.
El otro tema que gira en torno a esta industria es el de la economía alterna, es decir, la piratería; al respecto, la Cámara Nacional de Comercio, Servicio y Turismo, estima que tan solo en la Ciudad de México es de por lo menos 400 millones de pesos, lo que implica una evasión fiscal de 65 millones de pesos; lo anterior se deriva del alto costo de los artículos deportivos de marca, por ejemplo, si queremos una playera original de las empresas patrocinadores oficiales, su precio está entre los 2,500 a 4,000 mil pesos; por lo que a un aficionado le resulta más cómodo y económico ir a un tianguis donde por 500 pesos se lleva una.
Pese a todo, no debemos olvidar que el fútbol es un deporte plural, democrático y de masas que cohesiona y une a la gente sin distingo de razas, religiones e ideologías políticas; sin ir más lejos, en el fútbol profesional de México hay jugadores de diferentes nacionalidades, regiones del mundo, e incluso de religiones.
Históricamente el fútbol ha sido un deporte utilizado para unificar racialmente y pacificar una nación como sucedió en la Sudáfrica de Nelson Mándela, dónde el “rugby” era el deporte de los blancos y el fútbol de los negros; Mandela logró que su país fuera la sede de la Copa Africana y su presencia en el estadio, motivó para que los “bafana”, “bafana” (muchachos, muchachos, en idioma zulú) se llevarán la Copa y con ello terminarán por sepultar la política del “apartheid”.
Pero también ha sido utilizado para intentar limpiar la cara a dictaduras como la Argentina que a finales de la década de los años setenta del siglo pasado, utilizó los triunfos de su selección para inhibir las protestas sociales y ocultar las violaciones a los derechos humanos y crímenes de “lesa humanidad”, pretendiendo crear un ambiente de unidad nacional.
Qué decir del mundial de futbol de México en 1970, utilizado por las autoridades en turno como una pantalla de armonía y cohesión social que pretendió ocultar las heridas ocasionadas por la represión gubernamental al movimiento estudiantil de 1968 y el surgimiento de grupos guerrilleros urbanos y rurales.
Pero que no decaiga el ánimo, disfrutemos por lo menos por televisión y a través de las plataformas digitales este mundial de fútbol, esperando que nuestra Selección, la de México, haga su mejor competencia.
Dra. Sayonara Flores Palacios
Consejera Electoral del Instituto Electoral del Estado de México