
Siempre he dicho, un poco en broma, pero también en serio, que en nuestro país los perros y los gatos tienen más dignidad para morir que los humanos. No es infrecuente escuchar que a un perro añoso, al que ya le cuesta mucho el día a día, o a un gato con la clásica leucemia que les da, “los ponen a dormir”. Se junta la familia, acuden al veterinario y, en un acto de amor, terminan con el sufrimiento del animal y el propio.
Los humanos no corren la misma suerte. El anciano con problemas médicos que le disminuyen seriamente su dignidad, así como el enfermo terminal que vemos con dolor y cómo se consume día a día, con mucho sufrimiento, tienen que esperar hasta que les llegue la muerte. El enfermo y la familia lo pasan muy mal durante semanas o meses, con un derrame económico que puede ser considerable.
Existen dos formas de ayudar a un enfermo terminal a morir. La eutanasia consiste en que el personal de salud provoca la muerte de quien la solicita, y el suicidio asistido consiste en que el personal de salud proporciona al enfermo terminal los medicamentos y medios necesarios para que él o ella misma termine con su vida, sin recurrir a ninguna forma violenta. La eutanasia es legal en Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, España, Portugal, Canadá, Colombia, Ecuador y Nueva Zelanda. El suicidio asistido es legal en varios estados de Estados Unidos y en algunos otros países de Europa. Por supuesto, en ambos casos se requiere un proceso en el que se deben cumplir una serie de requisitos médicos y legales que aseguren plenamente que la decisión es del enfermo y que no hay ningún otro elemento involucrado.
Si somos dueños de nuestro cuerpo, como se ha argumentado legalmente, ¿por qué no podemos decidir sobre nuestra propia muerte? En enfermos terminales, en quienes se sabe que no hay cura para su padecimiento, cuya supervivencia es de unos cuantos meses y que la están pasando muy mal, me parece que el individuo debería tener la libertad de decidir sobre su propia muerte. Entiendo que existen razones religiosas o filosóficas para estar en contra del asunto, pero que sea ilegal es, en cierta forma, discriminar a quien no tiene dichas creencias o cuyo deseo de morir es superior a ellas.
La Asociación Libertad para Morir A.C. ha iniciado una campaña para obtener el apoyo necesario para que la eutanasia y el suicidio asistido sean legales en la Ciudad de México, donde ya se han tomado decisiones importantes en aspectos controversiales, como el caso de la interrupción legal del embarazo. La campaña se llama “Súmate para defender la última libertad: decidir cuándo morir”. Como dicen los propios autores de la propuesta: “La iniciativa es una reivindicación política de profunda impronta libertaria, que postula y exige que en la Ciudad de México sea normativamente posible que la muerte deje de ser una fatalidad biológica, y emerja como un acto decisional, libertino, expresión de vida en el ocaso de nuestra existencia”. Una explicación clara, dirigida al público adulto en general, puede consultarse en https://bioetica.nexos.com.mx/sumate-para-defender-la-ultima-libertad-decidir-cuando-morir.
Se requiere recabar miles de firmas en apoyo a la iniciativa, lo cual debe realizarse a través de la app de apoyo ciudadano del INE. Se puede consultar un video con la explicación en la cuenta de X del movimiento: https://x.com/LibertadMorir/status/2066724044825633126. Si el amable lector no está de acuerdo, no tiene que hacer nada. Pero quien sí lo esté puede sumarse al apoyo para impulsar la iniciativa.
Dr. Gerardo Gamba
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán e
Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM