Opinión

El personaje, su construcción y el contexto (III)

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Nueva era en Colombia El ultraderechista Abelardo de la Espriella y su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, hacen el saludo militar durante la entrega por parte del Consejo Nacional Electoral (CNE) de su credencial como presidente electo de Colombia (Mauricio Dueñas Castañeda/EFE)

Muchos autores, en distintos momentos y en varios territorios han referido que la política es pendular. Esto resulta absolutamente cierto. Quizá, como la vida en general, la política nunca es estática y suele oscilar de un lugar a otro. América Latina, más allá del interés natural que representa para México, es una región en la que claramente se puede observar lo anterior. A lo largo del siglo XXI, muchos países latinoamericanos han experimentado vaivenes de un extremo al otro en el espectro político. Tres de los principales países de la región retratan con claridad la condición pendular de la política latinoamericana. Brasil: de Dilma a Temer, a Bolsonaro y a Lula; Argentina: de Duhalde a Néstor y Cristina, a Macri, a Fernández y a Milei; Chile: de Piñera a Bachelet, a Piñera – nuevamente –, a Boric y a Kast. Y así podríamos ver los casos de Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú o Uruguay.

Con el inicio del siglo, México experimentó su primera alternancia en el poder desde la institucionalización de este a través de la Constitución y los partidos políticos. A más de siete décadas de hegemonía priísta, vino el PAN a irrumpir la escena con la llegada de Vicente Fox, primero, y la continuación de Felipe Calderón, después. Contrario a lo que muchos pensaban, el PRI se alzó de lo que muchos vaticinaron como su muerte y llevó a la Presidencia a Enrique Peña Nieto, provocando una segunda alternancia. El tercer y más reciente cambio de estafeta en el ejercicio del poder se dio hace ocho años con la llegada de Andrés Manuel López Obrador, Morena y la Cuarta Transformación. Hoy, con Claudia Sheinbaum como la primera presidenta de la historia nacional, 2030 se asoma, cada vez con mayor claridad, como una posibilidad real de una cuarta alternancia en el poder.

Si al contexto nacional analizado en la entrega pasada sumamos la condición regional que hoy se vive y realizamos el análisis a partir de lo oscilante que resulta la política latinoamericana, la situación no parece sencilla para el partido en el poder y más bien comienza a configurarse un escenario propicio para el arribo de la oposición a la Presidencia. La detención de Maduro a inicios de año en Venezuela, las recientes derrotas de la izquierda en Colombia y Perú, la espada que pende sobre Cuba – cortesía de Marco Rubio – o el desmarcaje de Lula como militante de la izquierda en plena cumbre del G7, parecen anticipar que hoy América Latina ha volteado hacia la derecha y mira con simpatía propuestas que privilegian la economía de mercado sobre la justicia social, la seguridad sobre los derechos humanos y el individualismo sobre la construcción comunitaria.

En un escenario como el que vivimos, considerando los factores internos y regionales, el desgaste natural de Morena tras dos gestiones consecutivas, la ausencia de figuras fuertes en la oposición y la expectativa de un viraje en la política, es que una candidatura como la de Ricardo Salinas Pleigo comienza a hacer sentido entre quienes simpatizan con una ideología libertaria o simplemente rechazan al gobierno, pero también entre quienes se sitúan hacia la izquierda del espectro político. Hace algunas semanas, Claudio Ochoa, periodista de Latinus y El Universal, refería en su columna semanal que en Palacio Nacional lo veían no solo como un muy probable candidato, sino incluso como un conveniente opositor. La lógica de quererlo en la boleta, explicaba Ochoa, era que, aunque concitaba un apoyo nada despreciable, este no era suficiente como para poner en riesgo el triunfo de quien encabece la candidatura oficialista y, en cambio, sus negativos ofrecían la posibilidad de construir una narrativa negativa basada en el origen de su fortuna y su situación fiscal.

Con todo lo anterior, unos y otros, simpatizantes y detractores, quizá deberían de valorar que algo similar sucedía con Javier Milei o Abelardo de la Espriella, quienes siendo ‘outsiders’ comenzaron sus campañas en la retaguardia de la contienda y terminaron alcanzando la Presidencia de Argentina y Colombia. Casos recientes como estos en contextos como el que vive México en la actualidad sobran para ejemplificar el contexto en el que Salinas Pliego ha comenzado a construir su candidatura, una basada en la ocurrencia que eventualmente virará a la propuesta. En la oscilación del péndulo, América Latina se encuentra virando hacia la derecha y prácticamente el único sitio al que le falta llegar es México. El ‘timing’, elemento clave en cualquier proceso político, parece favorecer al empresario del Ajusco.

Profesor de la UNAM

Twitter: @JoaquinNarro

Correo electrónico: joaquin.narro@gmail.com

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