
Con notable atingencia, plausible diligencia y necesaria prudencia, nuestra señora presidenta (con A) --docta en cosas de la ciencia-- convoca a los mexicanos a la cautela, la precaución y el reglamento: las redes sociales en manos de los menores, los teléfonos inteligentes en manos infantiles; las tabletas y computadoras son riesgosas, peligrosas y a veces hasta ponzoñosas y de ellas debemos cuidar a los tiernos infantes --ya no son como los de antes--, porque se han vuelto dependientes compulsivos; distraídos, descuidados; irascibles o ensimismados, adictos, pues, y como tales deben ser tratados en un asunto evidentemente de salud pública, y para ello ya se anuncian para septiembre decisiones definitivas, para nada permisivas más tampoco prohibitivas a raja tabla, para enfrentar por lo menos en las escuelas del sistema básico nacional esta pandemia tecnológica universal porque lo sepa usted o lo ignore, en el planeta hay ocho mil 500 millones de aparatos digitales, cantidad superior a la población global entera, completa y copeteada, lo cual es un espanto horroroso (si se perdona esa reiterada adjetivación simplona) y tal volumen pone en riesgo a los humanos, sobre todo a los tiernitos, futuros ciudadanos a quienes debe los proteger con los lineamientos (palabra fea), cuyo cumplimiento limitará el uso de los dispositivos móviles por medio de los cuales se pudren los chavales en la indiscriminada producción de placentera dopamina en sus febles cerebritos, así pues, vamos y vayamos todos unidos porque este problema no le corresponde nada más al gobierno, cuya capacidad de limitar los nuevos usos y costumbres de la aldea digital, apenas cubre los espacios educativos (si algunos merecieran llamarse de ese modo, pero esa discusión la dejamos para posterior ocasión), y en ellos nada más nos debemos centrar ahora en cuanto al fenómeno de la comunicación lúdica digital, no exenta de peligro, porque entre tanto juego y juego se cuelan los proxenetas, los tratantes, los viejos de rabo verde; los defraudadores, los piratas, los intrusos de la red; los farsantes, los mercachifles y los embaucadores de todo tipo, y no debemos olvidar a los fabricantes de pornografía infantil cuyo sucio negocio en México ocupa uno de los primeros lugares del mundo, lo cual ya es una marca de vergüenza de la cual nos quisiéramos desprender, pero si volvemos a lo anterior, el gobierno no puede limitarlo todo, ni controlarlo todo (aunque a veces se muera de ganas, como con los medios de comunicación), y entonces quiere imponer el veto nada más en las escuelas lo cual significa un buen paso según entiende esta protectora columna cuyo mayor interés es el superior de la infancia y también –ya de pasadita--, el inferior de esa capa de la población ahora amenazada con una adicción adquirida con el consentimiento y a veces hasta aliento de los padres de esta generación ansiosa, como la ha llamado un especialista en el tema (Jonathan Haidt, psicólogo social y profesor de liderazgo en la Universidad de Nueva York), porque los niños no tienen dinero para los teléfonos y son sus genitores los culpables o responsables (o irresponsables) de la habilidad de sus breves deditos jugueteando en el teclado para matar zombis o ganarse vidas cuya existencia se pierde y se recupera con extraños puntajes acumulativos cuando las abuelas no juegan majong o Candy crush porque todo el mundo muerde alguno de estos anzuelos cuya extensión es brutal para enterarse de ñoñeces dentro de cuyo paquete a veces viaja por el ciberespacio el dulce envenenado o simplemente la tiranía del algoritmo, gran enemigo actual de la especie humana, como ya antes se dijo cuyos sus comerciantes, operadores y fabricantes tienen la nada despreciable suma de 600 mil millones de dólares en un mercado nunca antes conocido, cantidad exorbitante cuya potencia actúa en sentido contrario a la prudencia a cuya observancia cardinal nos llama la siempre sabia voz presidencial con un verbo contundente cuya rotunda expresión ahora cito:
“...Lo que estamos planteando aquí es distintos estudios que muestran que el uso excesivo de las redes sociales, particularmente vinculado con el scrolling infinito o —como bien lo mencionó el doctor (Jonathan Haidt, psicólogo social y profesor de liderazgo en la Universidad de Nueva York)— los videos cortos, generan en las personas adicción, de eso estamos hablando.
“¿Que tiene la tecnología usos extraordinarios? Pues nadie lo puede negar.
“¿Que podemos comunicarnos con personas del otro lado del mundo y no nos cuesta más que el plan que pagamos o los datos que consumimos?
“¿Que podemos establecer relación con personas que hace años no veíamos, que podemos tener un diálogo, que podemos aprender, que podemos tener acceso a visitar los mejores museos del mundo, aunque no estemos en el lugar?
“Obviamente tienen oportunidades extraordinarias para cualquier ser humano. El asunto es en particular ciertos mecanismos de las plataformas que están generando problemas de aprendizaje, de desarrollo cognitivo y de adicción... Si un bebé de 2 años tiene 7 horas al día la plataforma en sus manos, 8 horas, 10 horas, puede tener problemas en su desarrollo posterior.
“Si los jóvenes, a partir de los esquemas, de los algoritmos vinculados con este scrolling infinito (acto de desplazar contenido vertical u horizontalmente en una página web o aplicación), les están diciendo:
“Tú eres feo porque no tienes este estilo... Si les están diciendo: “está muy mal que hagas esto, está bien que hagas esto”, con códigos...
“...Entonces, todo esto que está provocando y que recientemente se está dando a conocer, es algo en lo que México las y los mexicanos no podemos decir: “no pasa nada”.
“Es algo que tenemos que revisar. Y, sobre todo, por nuestras hijas y nuestros hijos; nuestras nietas, nuestros nietos, que cada vez están más expuestos a estas formas de comunicación y de aprendizaje. Por eso lo abrimos, por eso abrimos la discusión... es un asunto que tiene que ver con la educación de millones y millones de niñas y niños en nuestro país. Entonces, es algo que tenemos que estar hablando colectivamente.
“Entonces, por eso es la discusión que tenemos que hacer y seguir con las investigaciones científicas de qué es lo que está provocando este uso excesivo y estos mecanismos que han diseñado las propias plataformas para generar adicción...”
Alabado sea el altísimo.
Sólo como un ejemplo podemos revisar este breve listado. Así lo han hecho o decidido en otros países lo cual no es garantía de nada porque también en otros países hay errores dentro y fuera del gobierno, pero son nada más referencias, no doctrinas a seguir (R):
En Australia desde el 10 de diciembre de 2025 se prohíbe a menores de 16 años crear o conservar cuentas en Facebook, Instagram, TikTok, Snapchat, X, YouTube, Reddit, Threads y Twitch, entre otras.
Indonesia restringe desde marzo el acceso de menores de 16 años a TikTok, Instagram, Facebook, YouTube, X y Roblox. Las empresas deben verificar edades, clasificar sus servicios por nivel de riesgo y limitar funciones, contenidos o cuentas perjudiciales.
Desde el 1 de junio de este año los menores de 16 años no pueden abrir cuentas en redes sociales en los Emiratos Árabes Unidos.
En Gran Bretaña –como en Noruega--, está por presentarse una legislación antes de Navidad para aplicarla en la primavera de 2027 y limitar Instagram, Facebook, TikTok, Snapchat, YouTube y X, pero excluiría servicios de mensajería como WhatsApp y Signal.
En Corea del Sur, se analiza prohibir el acceso a redes sociales a menores de 14 años.
Obviamente hay un problema: las restricciones no impiden la violación de esos controles. Los adultos abrirán las cuentas y los niños navegarán por los tóxicos y adictivos mares de las redes, porque ya han caído en ellas y porque es una forma de entretenerlos y olvidarse de ellos. Antes les ponían la tele con Chabelo.
Un negocio de 600 mil millones de dólares no se va a dejar vencer por la convocatoria a la salud pública. Por desgracia para todos vamos a un mundo de idiotas como dijo oportunamente Umberto Eco.
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