Opinión

Falsa resiliencia educativa

Estudiantes de secundaria en México regresan a clases presenciales tras la pandemia de COVID-19
Educación en México Educación en México (Cuartoscuro)

Se dieron a conocer los resultados de la prueba PISA 2025, sin grandes sorpresas a nivel nacional (porque no se puede sino ser pesimista) y con una triste confirmación a nivel mundial: la caída en el aprovechamiento se acelera en casi todos los países del mundo.

Esta circunstancia dio pie para que la OCDE, entidad organizadora de la prueba, afirmara, dando coba, que México había mostrado resiliencia, por el simple hecho de que sus resultados cayeron menos que los de algunas naciones desarrolladas (las que, de todos modos, tuvieron puntajes muy superiores a los de los jóvenes mexicanos). De esa frase y de la palabra resiliencia (palabra que, por cierto, Andrés Manuel López Obrador había anatemizado por “neoliberal”) se agarró la presidenta Claudia Sheinbaum como a un clavo ardiente para defender supuestos logros de la mal llamada “Nueva Escuela Mexicana”.

“Mal de muchos, consuelo de tontos”, dice un viejo adagio. Casi todos caen, nosotros también, pero lo hacemos desde más abajo y, por lo tanto, no acabamos de despeñarnos. Y luego decimos desde el gobierno: “estamos resistiendo, vamos bien”. Hay otro dicho que describe el asunto: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.

El caso es que, por tercer ejercicio consecutivo, el promedio de aciertos de los estudiantes mexicanos cae. Estamos ante una década perdida en la educación. En matemáticas lo hace hasta los niveles de 2003: se deshizo lo avanzado. Hubo una mejora marginal respecto a 2022 en los resultados de ciencia, pero el desplome se aceleró en matemáticas y comprensión de lectura. La mitad de nuestros jóvenes de 15 años no entiende lo que lee. Una proporción aún mayor es incapaz de resolver problemas matemáticos simples.

La presidenta Sheinbaum, porque ya se sabe que en las estadísticas se puede encontrar todo tipo de meandros, ha insistido en que a las escuelas públicas les fue mejor que a las privadas en el examen. Es una imprecisión: la diferencia a favor de las escuelas privadas se hizo más estrecha: es decir, en promedio los jóvenes de escuelas de paga cayeron más que los de escuelas públicas, pero siguen teniendo resultados relativamente mejores. Esto se debe, en primer lugar, a la sobreabundancia de escuelas particulares patito, que mal pagan por hora a maestros improvisados y que, a menudo, tienen menos infraestructura que las públicas. Pero las escuelas privadas consolidadas, que a menudo son caras, todavía tienen, en general, una ventaja considerable sobre la mayoría de las escuelas públicas.

Es un asunto de clase social, y se ve claramente en la distribución por cuartiles de ingreso de las familias de los educandos, más allá de la distinción sobre el tipo de institución. Los jóvenes del 25 por ciento más pobre del país están, en promedio, dos años escolares atrás de los del 25 por ciento más rico. Formalmente terminan la secundaria y apenitas están por arriba del nivel de primaria.

En otras palabras: la escuela pública funciona mejor con estudiantes que tienen sus necesidades básicas cubiertas. Normalmente, jóvenes que viven y estudian en las ciudades, en colonias no marginales. Ahí se encuentran con escuelas públicas decentes y maestros con cierto nivel de preparación. Pero están lejos de ser la regla. Y todo indica que, en la medida en que se baja en la escala social, también se baja en la inversión y la calidad de la educación que ofrece el Estado… lo que también ayuda a explicar el traspaso de estudiantes del sector educativo público al privado. Entre 2018 y 2026, de acuerdo con el II Informe de Gobierno, las secundarias públicas perdieron 230 mil estudiantes, mientras que las particulares aumentaron su matrícula en 36 mil.

Para expresarlo claramente: el sistema educativo mexicano está reproduciendo exactamente lo que sus ideólogos dicen combatir: una masa entrenada sólo para seguir instrucciones y unos cuantos capaces de entender cómo funcionan las cosas, desarrollar ideas y ser creativos. Y es una reproducción de clase, por más que se le quiera adornar con un discurso dizque transformador.

Aún hay más. El estudio de la OCDE hace hincapié en la caída en el nivel de atención de los educandos, que se dio en todas partes. Y subraya que eso tuvo efectos graves en los niveles de comprensión de lectura a nivel global. Los resultados fueron particularmente bajos entre los jóvenes que utilizan los teléfonos celulares para diversión rápida (lo que se ha dado en llamar brain rot: podrido del cerebro). México está en el top 5 de incidencia de esta práctica. Tik-Tok como la anti-SEP. En esas condiciones, incluso seguir instrucciones va a resultar complicado para muchos.

Sabemos que el discurso, por razones de la campaña electoral eterna, no va a cambiar y que se seguirá diciendo que la educación está mejorando, porque es más integral, más comunitaria y blablablá. Pero bien le valdría al país cambiar algunos libros de texto, regresar a las bibliotecas de aula, revisar las prioridades en el presupuesto educativo e intentar que la igualación en el aprovechamiento estudiantil sea al alza, y no a la baja. Lo pueden hacer discretamente, aunque pisen algunos callos. Pero si se creen su discurso, estarán hundiendo todavía más a las próximas generaciones.

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