
Una parte muy importante del conjunto estratégico de la Cuarta Transformación consiste en la instalación de nuevas tradiciones presidenciales y formas de gobierno. Son varios los aspectos.
El primero y sustancial de los nuevos afanes consiste en gobernar desde la propaganda invasiva, sin dejar espacios para otra prédica (narrativa, le llaman ahora desde el wokismo mestizo), venga de donde venga, además de la construcción monopólica de un temario nacional único. Si sólo hay un discurso no quedan espacios para otras voces (creen).
Eso se logra con el absoluto control de los medios públicos, convertidos en medios partidarios y también con la construcción de trincheras informativas como el desolado programa replicante de la consejera jurídica, Luisa Alcalde, cuya mayor aportación ha sido la colocación de Sambenitos a los opositores comprendidos en una lista ya abandonada pero no el ridículo al hacerla. Retirada, es cierto, pero no olvidada en su amago intimidante.
Otro ejemplo altamente demostrativo es la forma como los medios del Estado se descaran como canales del gobierno y su partido. dibujantes catedráticos se apoderaron del Canal 22 y otros espacios. No en balde el promotor del catecismo formador de cuadros morenistas es un “caricaturista”, pero, aunque el monero se vista de ideólogo, monero se queda.
Obviamente la majestad de esta incesante labor de catequesis, adoctrinamiento, propaganda y saturación le corresponde destacadamente a la “Mañanera”, conferencia cotidiana y trashumante afincada en el supuesto informe de seguridad de cada día, pero convertida en buena parte en la arena de pugnacidades, ocurrencias, anuncios, avisos y confirmaciones presidenciales sin salir del laberinto de la grilla, desde donde se dispensan además aprobaciones o condenas a los de adentro y a los de afuera.
La 4.T y la 4.T-2.P siempre se han negado a gobernar desde el despacho.
Lo han hecho en la calle como método, estilo, temperamento y demás; desde el mitin, la concentración, la convocatoria o el acarreo, pero el tumulto es su lenguaje y su escenario.
Los informes de gobierno (ni son informes ni son de gobierno; más bien recorridos de confirmación, ahora en etapa electoral) convienen para ir y predicar por todos los rincones del país el mismo discurso de cada mañana, con los mismos temas básicos: la defensa de la soberanía, el patriotismo, la excelencia del gobierno y la auto confirmación del rumbo siempre con el envoltorio del autoengaño repetitivo al estilo López: el país está feliz.
Un ejemplo de esto es el simplón discurso del domingo pasado en Pachuca:
“...Estimamos que han sido cerca de 330 mil personas que han asistido en total a las asambleas de rendición de cuentas. Y sobre todo hay mucho entusiasmo, hay alegría... En el país, la gente está bien, está contenta. Y es que estamos cumpliendo con lo que nos comprometimos”.
Sin embargo, en esa misma ocasión, con pocos minutos de diferencia los estudiantes (o activistas) de la normal rural “Mexe” reventaron la “asamblea informativa” y de tremendo portazo se metieron a la fuerza y condujeron su airada protesta por los senderos de su tradicional escandalera. Esa parte del pueblo no es tan feliz.
--¿Qué dijeron los rurales?
“Un grupo de jóvenes que se identificaron como estudiantes normalistas de la Escuela Normal Rural “Luis Villarreal” El Mexe, de Hidalgo, dio portazo en la rendición de cuentas de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Mientras concluía el acto de Sheinbaum en el Domo de las Estrellas de Pachuca, las y los estudiantes burlaron la seguridad del lugar y se mezclaron al área designada para prensa.
“Con gritos y empujones, algunos manifestantes intentaron brincar las vallas de seguridad para intentar llegar con la titular del Ejecutivo.
“Entre sus protestas exigen la reapertura total de la normal El Mexe, “con sus tierras al 100 por ciento, comedor que funcione” y también “aulas con espacios dignos” para poder formarse como docentes.
“Acusaron que ni las autoridades federales ni estatales han dado seguimiento a sus demandas, por lo que decidieron manifestarse se esa forma en el marco de la rendición de cuentas de la Presidenta por su segundo informe de gobierno.
“El casco histórico se está cayendo a pedazos. Imagínense, supuestamente había una remodelación. El casco histórico está hecho trizas. Nosotros exigimos que se nos den aulas de calidad para nosotros poder formarnos docentes de calidad, como tal”, denunciaron.
“También exigieron justicia por un compañero que señalaron fue asesinado.
“Previamente, los accesos al Domo de las Estrellas fueron cerrados con candados para que nadie entrara ni saliera, lo que causó el enojo de seguidores de la presidenta Claudia Sheinbaum (El Universal).
Algo parecido había ocurrido en Colima cuando los protestantes (fuera, fuera...) se quejaban por la ampliación del Puerto de Manzanillo y abuchearon a la jefa del Estado quien prefirió el desdén a la atención:
--Vamos a hacer como que no están, es la síntesis de su respuesta feliz.
A pesar de la funcionalidad de estas concentraciones y el simbólico recorrido por el país, las “asambleas informativas” se nutren con la burocracia local y los beneficiarios cautivos de los programas “sociales”. La asistencia se controla por listas (estas sí son listas, no como las otras que no son tal), y son --además de oportunidad de lambisconear en público a la presidenta-- pruebas de organización para el partido y el gobierno cuyo desempeño queda sujeto a calificación (intriga o favor) por el equipo presidencial, tanto con la incapacidad de impedir las protestas.
Las rechiflas contra los gobernadores y el necesario y subsecuente respaldo presidencial a sus anfitriones –los trague o no--, hacen de estas reuniones acontecimientos inútiles y previsibles hacían afuera, pero útiles en el control interno del partido y los gobiernos virreinales, a pesar de lo cual, poco a poco se presentan más momentos de rispidez.
Son las adaptaciones de la vieja escuela de control territorial del PRI cuando el tricolor era gobierno y las y los hoy guindas de corona republicana eran los saboteadores, gritones, quejicosos o simplemente opositores dispuestos a soportar cualquier adversidad con tal de erosionar poco a poco la solidez del sistema. Y lo lograron.
Las protestas de ahora, deshilachadas, inconexas y sin efectividad alguna, prueban con esa inocuidad su naturaleza ciudadana. Nadie las organiza, por eso son tan simples, a pesar de lo cual empavorecen al sistema, como sucedió en Sinaloa, escenario del más grande fracaso de la cacareada política de seguridad: en dos años no se ha logrado la pacificación de un estado. Ya no digamos un país entero.
“De eso se trata –dijo la gobernadora interina, Graciela Domínguez-- de que todos los ciudadanos nos pronunciemos y manifestemos nuestra voluntad”, dijo la interina.
Pues no, señora, no se trata de eso, se trata de resolver los problemas con la eficacia requeridas para el cargo. No de aplaudir el derecho de protestar, sino de suprimir los motivos de la protesta.
Es un cinismo interminable el de esta señora cuya mejor respuesta aparece en los videos donde un niño apalea una piñata con su efigie junto a otra ya destruida con la imagen de la señora presidenta (con A). Todo eso es en el país feliz, feliz de toda felicidad bendito.
Vaya.
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